No está en las sábanas

0
27


Para diferenciar causas de consecuencias y síntomas de dolencias, nuestros viejos solían decir: “la calentura no está en las sabanas” y esto me llevó a pensar en la conversación con un joven educador que me decía, hablando de todo el tinglado que se armó por la prueba Ser Bachiller, que esta no era más que “la fiebre de un enfermo grave”. Nada más cierto y nada más real.

En efecto, los resultados de una prueba pueden develar muchas cosas: la impreparación del alumno, la corrupción que implica la copia o cualquier otro tipo de deshonestidad, la falla del modelo, en fin, tantas y tantas revelaciones que pueden obtenerse a partir de una tan aparatosa circunstancia, como fue vivir los resultados de la prueba antes mencionada.

El problema no es la prueba, el problema real y fundamental es que como país no tenemos un modelo educativo al que todos se sumen, al que todos sigan, al que todos se entreguen con entusiasmo y pasión.

Hay miedos, hay hartazgo, hay indolencia. Hay desconfianza, sutilezas y manipulación de un examen del que nadie sabe ni cómo se construye ni quién lo elabora teniendo tanta multiplicidad de objetivos a conseguir.

Es tiempo que el Ministerio de Educación lidere un diálogo abierto y frontal con los distintos sectores para diseñar lo que como país necesitamos, lo que como nación reclama un estudiantado que se prepara en el siglo XXI y que a ratos arrastra cadenas educativas del siglo XIX.

Trabajemos juntos para abrir camino, para proponer una vez más un programa nacional de educación que sea común y que oriente a todos, pero sobre todo que busque formar ecuatorianos para el Ecuador que queremos vivir.

La sociedad moderna, lo decimos una vez más, trabajará dentro de poco con robots, avatares, hologramas, inteligencia artificial y nosotros aún estamos amarrados a pizarra y marcador, si no es tiza lo que todavía usamos.

La educación amerita ser pensada en grande y proyectada a futuro, solo así abriremos camino, crearemos senda.