Economías descentralizadas: Historias reales sin blockchain

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Todos los que estamos en el ecosistema blockchain, cripto o fintech, creemos que tenemos un tesoro en nuestras manos con el uso de la tecnología para crear sistemas descentralizados de transferencia de valor. En un punto llegamos a pensar que tenemos una herramienta que muy pocos conocen o que es un concepto más que innovador. Lo podemos catalogar de revolucionario y de transgresor.

En realidad, sólo adecuamos viejos conceptos e ideas a una funcionalidad digital que es verdad, es muy segura y evita conflictos como el doble gasto o la no trazabilidad digital, por mencionar algunos. Desde otro enfoque, es posible pensar que esta misma tecnología lejos de ser inclusiva, tiene la capacidad de crear sistemas centralizados que generan entes financieros muy parecidos a las instituciones bancarias, los cuales cada vez piden más datos para tener una cuenta con ellos y se alinean con las políticas estatales con la finalidad de mantenerse operativos, por ejemplo, las criptoexchanges centralizadas (CEX). Si bien es cierto que esta industria se trata de negocios y no de sistemas de beneficencia, honestamente cada día se parecen más al mercado tradicional que a uno descentralizado.

Muchas de las políticas establecidas en el régimen gubernamental y fiduciario actual resultan bastante complicadas como para lograr para que entren personas no bancarizadas o fuera del esquema del sistema tradicional. Por otro lado, las normativas del mundo cripto y la falta de puentes de conectividad para la población en general, tampoco tendrían que representar un obstáculo para la descentralización.

Uno de estos casos es el del Brixton Pound, http://brixtonpound.org/what/ que es una moneda complementaria que se usa en la localidad inglesa del mismo nombre. Surgió como una alternativa complementaria para pagar en los negocios locales. No desplazó por completo a la Libra, pero sí le quitó una parte de capital de mercado en esta localidad. Ganaron bastante popularidad en redes sociales al tener un genial diseño en sus billetes y contar iconos de la cultura inglesa, como ver en un billete la imagen de David Bowie o la espía británica Violette Szabo. El proyecto fue ganando capitalización de mercado y funcionalidad, sólo le faltaba la escalabilidad. Para esto crearon un sencillo sistema de mensajes de texto que obtiene información de una base de datos de transacciones, algo así como una blockchain pero en una etapa muy temprana. De esta manera aseguraban que se pudiera realizar una compra o venta desde un celular de la gama más baja. Es bastante interesante y hasta innovador que esta moneda complementaria haya creado con sus limitantes una herramienta de inclusión social económica al tener en cuenta a los usuarios y no tanto a los mercados o a los clientes.

Pero esta ola de economías alternativas no terminó aquí, surgieron a la par otros billetes en diferentes regiones como Kingston https://kingstonpound.org/ o Cardiff http://cardiffpound.co.uk/, quienes también desarrollaron billetes que no tuvieron que ser emitidos por un banco central o validados por una institución gubernamental. Esto amplió a nivel estatal el uso de un activo creado por los pobladores de la región y les da la facilidad de poder usarlo en otros lugares que no sean específicamente dentro de su comunidad.

Pero no todo ha sido próspero para estos proyectos que si bien es cierto tienen grandes objetivos de uso, al tener la notoriedad suficiente levantan las alertas de los gobiernos y de las entidades regulatorias (como en el caso de Bitcoin) para que no se conviertan en una amenaza para la soberanía del país. Así que muchas regiones que estaban desarrollando su propio activo fueron frenadas o absorbidas por el gobierno.

Es bastante curioso que nadie le pone atención a estos proyectos hasta que se dan cuenta que la población genera acuerdos de intercambios de valor sin la necesidad de un tercero.

En México también se han desarrollado este tipo de iniciativas, como el Túmin https://www.tumin.org.mx/ que nació en el estado de Veracruz y se ha logrado expandir en Guerrero, Oaxaca y parte de Yucatán. Sin más infraestructura más que una impresión y un sello en el reverso, el billete surge para ayudar a las zonas marginadas y crear comercio justo. En un inicio solo se aceptaban 2 pesos (en Túmin)  por cada 10 pesos de compra. Después de pasar la fase beta, se crearon plataformas en redes sociales y en las comunidades donde se ofrece vender y comprar en Túmin, donde encontramos ofertas muy variadas y específicas como “Polvo de moringa”, un medicamento comercializado en la región basado en una planta medicinal y que acepta 100% en Túmin. El Túmin, no sólo se limita a una moneda local, también existen mercados de comercio justo donde se recibe Túmin y logra hacer un trueque al final del día con los vendedores. 

El Túmin comenzó a tomar tracción y popularidad, con billetes que parecen salidos de una monografía, entre sellos y retratos de un personaje emblemático como Emiliano Zapata, se creó una voz de insurrección al estilo cypherpunk pero con estilo mexicano y sobre todo con un caso de éxito. Como era de esperarse el gobierno trató de detener a los creadores del Túmin, acusándolos de falsificar papel moneda y ofensas a la soberanía nacional. Los líderes se ampararon judicialmente y hasta usaron el apartado de “usos y costumbres” en el que entran tradiciones, religión y hasta formas de preparar los alimentos. El movimiento ganó, aunque más parece que sus opositores se dieron cuenta que el Túmin generaba en la población algo que ellos no podían darle: una alternativa económica. 

Hoy por hoy el Túmin se utiliza en los estados de Guerrero, Oaxaca, Veracruz está empezando a usarse en la CDMX en la delegación Xochimilco, lo que empezó con una métrica de 10 a 1, o sea por cada 10 pesos mexicanos se podía recibir un Túmin ahora tiene una relación de 10 a 9. La manera de afiliarse o de usar Túmin es muy sencilla, los comerciantes interesados en el Túmin se inscriben en un padrón, se acuerdan las reglas, la más importante es aceptar 10% del valor de un producto en túmines, de forma gratuita se les entregan los Túmin, cantidad equivalente a su producción anual, y los comerciantes distribuyen la moneda entre ellos y sus clientes al pagar o dar cambio. Así es como se crea la red solidaria, donde los billetes están en constante movimiento, intercambiando el trabajo de los productores. 

Pero este no es único caso de economía descentralizada en México, también en el estado de Oaxaca ha surgido el Chapulín, un billete que tiene el valor de 1 peso y que es intercambiable en muchos mercados y comercios del estado, si bien aún no tiene el volumen de cambio o la expansión que tiene el Túmin, es una economía nueva que usa el mismo modelo y que no necesito de grandes desarrollos tecnológicos ni de tanta infraestructura, solo tiene lo más importante: El acuerdo entre partes de transferencia y asignación de valor, hasta el uso directo. 

Si lo vemos desde una óptica descentralizada y digital, este sistema tiene grandes ventajas en comparación con muchos criptoactivos, es decir, una cadena de valor a través de un respaldo de valor tangible, ya que cada comerciante va el valor a la cantidad de activos que le son asignados respaldándolos en su valor de mercancías y ventas anuales. Suena un poco irreal, pero realmente son accionistas que ponen sus activos para fondear una economía descentralizada y sin ni siquiera mencionar de paso las elegantes palabras: descentralización, blockchain o trazabilidad. En esta última cabe mencionar que para incrementar el volumen de los Túmin se hacen asambleas y reuniones para saber el balance operativo, económico y la toma de decisiones sobre el rumbo de la moneda, si bien el proceso al tener muchas voces en su interior es falible y hasta corruptible, en realidad es un sistema de gobernanza que no necesitó tokenización ni el típico sistema donde el que tenga más activos tiene más votos. En el Túmin todas las voces valen lo mismo por lo que hacen no por lo que compran.

Entonces, surge la pregunta: si ya contamos con sistemas digitales y seguros que permiten crear una moneda virtual, ¿qué está sucediendo de fondo que no permite que tengamos casos como el Túmin pero de manera digital? Para quienes estamos inmersos en el mundo de los criptoactivos, resulta duro admitir que, pese a las bondades e impacto que pueden tener los criptoactivos, aún no han logrado un impacto como lo ha hecho esta moneda local. Esto nos pone a pensar que aún nos falta mucho camino como ecosistema “cripto” para tener un mercado o una zona de establecimientos en donde todos comercialicen bitcoin. 

Desde nuestra óptica siempre soñamos con un festival de comida o un concierto donde podamos pagar 100% en cripto o en el que nos reciban un porcentaje y darle usabilidad, pero aún no podemos implementar toda nuestra tecnología ni conocimiento a nivel estatal. Encontrar un lugar en donde comprar nuestros víveres seguramente nos llevaría un proceso muy largo y costoso entre buscar trazabilidad de los alimentos, implementación de nodos, sistema de gobernanza o tokenización. entre muchos otros métodos que consideramos necesarios en una economía descentralizada. El Túmin y el Chapulín se evitaron todos estos pasos y pudieron llegar al resultado que anhelamos los usuarios cripto. Comunidades descentralizadas autogestivas, que no necesitan a un tercero para su regulación o para la repartición de valores. Su máxima herramienta de trazabilidad o de control es un sello y un folio en cada billete.

Tal parece que existe un acuerdo no escrito en donde tienen la conciencia de que si se corrompe el sistema perdemos todos. Lo cual hace que tengan muchos riesgos y surgen nuevos cuestionamientos: ¿Si tienen tantas limitantes y factores de riesgo, por qué siguen creciendo? ¿Toda nuestra tecnología ha perdido su objetivo de ser un puente de inclusión financiera? 

Otro ejemplo de este modelo de economía de bajo costo y alta usabilidad es el que se aplicó en la alcaldía de Álvaro Obregón, con su moneda local a los cuales llamaron “Obregones”, para poner en circulación en zonas de bajos recursos y conflictivas en materia de seguridad. Este proyecto, con cierto tufo político, se inició con una ronda de 60 mil Obregones en una zona de la Ciudad de México llamada “La Araña”, la cual se ha destacado por contar con niveles de delincuencia elevados. Aunque sabemos que es labor del gobierno mantener la seguridad, si lo vemos desde un contexto cripto, ¿qué tanto estamos haciendo desde el ecosistema para proveer soluciones en estos lugares al margen de los espacios digitales, centros de innovación, oficinas creativas?

El modelo de los Obregones tiene sus limitantes como los anteriores, a pesar de que son emitidos por un organismo centralizado como el gobierno mismo, cuenta con sellos de impresión digital y hologramas, que podrían resultar bastante susceptibles o vulnerables para falsificar. Hasta el momento se van sumando locales en la alcaldía, más negocios reciben Obregones y no se han dado casos de clonación de Obregones, si bien van avanzando lento y con un optimismo cauteloso, es una realidad que el modelo sigue funcionando y evolucionando en la zona.

Siendo honestos, no necesitaron las implementaciones tecnológicas que nosotros consideramos indispensables para funcionar efectivamente y llegaron al objetivo que muchos de nosotros hemos soñado a través de los criptoactivos. Con un sistema de impresión y sellos mantienen una optimista escalabilidad que si bien es frágil aún no ha caído y tiene presencia en la economía nacional ya que desplaza a la moneda nacional en mayor o menor o mayor medida.

Estás monedas o activos, no tienen la necesidad de usar sorteos, ni de regalar monedas para convencer a los usuarios de descargar una billetera digital o que den un like o simplemente que compartan algo en sus redes sociales. Hemos entrado en mecánicas extremas por atención en los medios digitales, las marcas pagan mucho por tener unos cuantos likes o por hacer un poco de presencia en el mercado, eventos masivos con stands de hasta 5,000 dólares con una falta de cuantificación en el impacto que pueden generar y que, al final, no nos dejan certeza de que realmente perduren con el tiempo. ¿Qué pasaría si una parte del costo de estas campañas las usáramos para crear billeteras frías y activáramos economías locales?

Seamos realistas los usuarios no están realmente interesados en cumplir con un KYC (esto en realidad es interés del sistema financiero); pero en una economía real y constante, lo que trasciende para la población en general, es contar con la facilidad de poder comprar o adquirir con su moneda, por lo menos, productos básicos, el mejor ejemplo: Venezuela.

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