El lado humano de las juezas

0
77


Siempre he dicho que tener este espacio en SEMANA es un lujo, es como sentarse en el balcón interior de las personas. Miras, observas, lees su lenguaje corporal, escuchas sus historias, ropajes emocionales y el brillo de sus alegrías, casi todo.

Dialogar con las 4 únicas mujeres que conforman la Corte Constitucional (más 5 hombres) me ha permitido corroborar que sí es posible que brille, de manera real y concreta, la unión sólida y transparente de un trabajo en equipo, por la sencilla razón de que ellas ponen, en una canasta común, lo mejor de sí mismas.

Ellas son las mujeres que están escribiendo la historia de la justicia del país… ¡Qué la suerte las acompañe!

  • Daniela Salazar y su compromiso con los vulnerables

La percibí como una mujer ‘valiente’ y lo corroboré durante esta charla. A diferencia de sus colegas que han vivido experiencias humanas muy fuertes y dolorosas, su lección de vida es parte de su cotidianidad laboral.

Cada historia que conoció le recordó lo afortunada que ha sido su vida. Fue criada con cariño; sus padres, con esfuerzo, le dieron la mejor educación, entre muchas cosas más, oportunidades que no tuvieron todos. Como aquella joven mujer que conoció cuando, siendo muy joven, rompió su silencio y le confesó los 14 años de violencia que vivió en su hogar; el caso de la mujer refugiada a quien las FARC había convertido en su esclava sexual, violada hasta 14 veces diarias; o la historia de Jorge Chicaiza, su alumno no vidente, que se esforzaba increíblemente para asistir y participar en clases.

En un mundo de tantas desigualdades versus los privilegios que he tenido, mi lección de vida es el compromiso que, desde la esfera de poder en la cual me encuentre, alzaré mi voz y serviré por los derechos de los más desfavorecidos, de las víctimas, de los excluidos”.

  • Teresa Nuques, la conciliadora

Siempre se destacó por su fidelidad al estudio e investigación que no le mutilaron su agenda social, sentido del humor y don de conciliadora. Para ella, todo fluye natural, aprueba cualquier nivel de exigencia, posee una disciplina que se simboliza con un lazo y no en una rígida regla. Es una ejecutiva que resuelve. Goza de la habilidad de darle forma y el peso que un problema realmente tiene.

La lección que marcó su vida se dio en 2008 con el nacimiento de su sobrina con síndrome de Down. Y hoy, después de once años, dice con certeza que convivir con ella le ha dejado enseñanzas y logros que van más allá de maestrías y doctorados.

Se refiere a poder disfrutar de las cosas más sencillas y bellas de la vida, como su sonrisa, las travesuras, cuando dio sus primeros pasos y su valentía para superar problemas de salud.

Aprende tanto de ella cuando le dice “Soy muy feliz” y le enseña que para saber leer y escribir hay todo el tiempo del mundo y que, a lo mejor, bailar y cantar es más importante.

“Saber que aún hay mucho por hacer para vivir en un mundo inclusivo, comprender los alcances del aprendizaje que te deja el síndrome de Down puede hacerte descubrir cuáles son los verdaderos parámetros de una vida plena y feliz”.

  • Karla Andrade, fortaleza a prueba

Su lección de vida empezó en julio de 2019. Su hijo de año y medio, debido a una fuerte convulsión, fue hospitalizado por quince días y, de esos, cinco estuvo en estado de coma.

Mientras las lágrimas asoman y su voz se entrecorta, dice que pensar en las secuelas que ese episodio podría dejarle al pequeño era tortuoso, por eso junto a su esposo, prefirieron no especular. Y se preparó para ser fuerte y resistir. Entrenó cuerpo y mente para dormir y comer lo necesario y así enfrentar lo que estuviese por venir.

Hoy, su pequeño está bien, y con alegría dice que sigue siendo el mismo de siempre.

“Recibí la más fuerte lección de fortaleza. Aprendí. Y me di cuenta lo afortunados que somos de poder contar con los recursos necesarios para afrontar la enfermedad de un hijo, en comparación a muchos niños hospitalizados que pude comprobar no los tienen”.


Pamela Jalil

Pamela Jalil: Una caminante resiliente

Leer más

Rescata de esta experiencia la solidaridad de sus nueve compañeros jueces. Acudían al hospital, la llamaban o le dejaban estampitas, eso acrecentó su espíritu y le dio más firmeza. “Somos juezas y jueces, humanos, distintos, apasionados en nuestros debates en el pleno de la Corte, pero capaces también de ser un bloque y fuente de compañerismo”.

  • Carmen Corral, mujer de fe

Me advierte que no es la tímida del grupo, pero sí la reflexiva y una mujer de mucha fe. Lo comprobó cuando, después de conocer el diagnóstico de cáncer (nivel 4) de su padre, en lugar de sumirse en la desesperación, sentenció que él viviría y junto a su familia lo acompañó en esa ruta delicada. Ahora su padre vive muy bien y la muerte no fue la invitada de la casa.

Después de un tiempo, ella es diagnosticada con cáncer de mamas, pero fue detectado a tiempo y no hubo necesidad de quimioterapia.

Su lección de vida está envuelta en todas estas vivencias y por eso se considera muy reflexiva. Se pregunta, por ejemplo, qué y para qué está en la Corte y acepta con responsabilidad el lugar que le ha tocado vivir, así como las fantásticas enseñanzas que recibe de la increíble y complementaria composición entre los nueve jueces. “El doctor Salgado con su experiencia, Karla con su conocimiento, Daniela con su experiencia, Teresita con su tranquilidad, Ramiro Ávila con sus locuras, Agustín Grijalva, tal vez, el más reflexivo, y Ali Lozada con su estructura mental distinta, que a veces nos mueve el piso a todos”.