Brecha de género en la región se acorta, pero en Ecuador avance es lento

0
71


El tiempo que se tardará en cerrar la brecha de género en política, economía, salud y educación es de 99,5 años, según un informe global del Foro Económico Mundial (FEM) publicado en diciembre pasado.

En la región los resultados son más alentadores, pues América Latina y el Caribe redujo el 72,1 % de su brecha y tardará 59 años en cerrarla. Sin embargo, pese a este avance, Ecuador bajó siete puestos entre 2018 y 2019 en el ranking del FEM y está en el lugar 48 de 153 naciones, aunque supera a Perú, Venezuela, Chile y Brasil.

Las distorsiones se evidencian en algunas cifras del país. Por ejemplo, en el ámbito político, de 24 organizaciones nacionales solo dos son presididas por mujeres: Izquierda Democrática y Fuerza Compromiso Social; y de 221 alcaldes, 18 son mujeres; y en lo deportivo, de los 16 clubes de fútbol de la primera categoría A, solo tres tienen presidentas: Olmedo, Orense y El Nacional.

Ana María Pesantes, directora ejecutiva del primer Observatorio y Promoción de la Economía Violeta (OPEV), que busca la equidad entre hombres y mujeres, indicó que una cifra alarmante en el ámbito laboral es que el 51 % de los desempleados en el país son mujeres, y de ese porcentaje el 33 % ha renunciado a sus trabajos, en su mayoría para atender a sus familias.

Aseguró que de una u otra forma las mujeres siempre han desarrollado “trabajo de hombres”; por ejemplo, el 51 % de los agricultores en el mundo son mujeres.

En Ecuador, los cambios en los temas laborales se han dado paso a paso, pero aseguró que se debe incentivar a los empresarios para impulsar la equidad.

Añadió que las empresas multinacionales cumplen con estándares internacionales, pero en Ecuador el 80 % de las empresas son familiares y tienen otro tipo de manejo. “No es difícil llegar a los empresarios, lo difícil es que no existen incentivos y ahí entra el Gobierno”, indicó.

María: Valorar a la persona por capacidades y no por su género

María Auxiliadora Rodríguez viene de una familia en la que no hubo espacios para las desigualdades. Desde pequeña vio a su madre y padre trabajar por igual. Para ella, eso es “un orgullo”.

“Para mí fue un orgullo saber que mi mamá y mi papá eran profesionales íntegros y que han trabajado toda la vida”, indica Rodríguez, rectora del colegio particular Crear, institución que siempre ha sido presidida por mujeres en 27 años.

María Auxiliadora tiene una licenciatura en educación infantil, maestrías y diplomados. Foto: Belén Zapata Mora.

En el cargo lleva dos años y durante sus 25 años de experiencia ha ocupado altos puestos en la docencia, como coordinadora y directora de varias unidades educativas.

Dice que jamás sintió diferencias entre la labor masculina y la femenina.

“No he tenido esa experiencia, pero sí he visto en otras personas y he dejado mi criterio en claro que se valore a la persona por sus capacidades y no por su género”, dice Rodríguez.

“He trabajado con personas que han valorado la entrega y me han apoyado”, asegura la logopeda de 50 años, que tiene a cargo 67 trabajadores: 48 mujeres y 19 hombres.

Andrea: Soy una persona segura de mí misma y que nunca se da por vencida

Andrea Boada trepa de manera experta por las escaleras ubicadas en los lados de los hornos que sirven para calentar el petróleo que se bombea desde la estación Sardinas del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP), ubicada en Borja, provincia de Napo.

Revisa sensores, está pendiente de los parámetros de temperatura, flujo en el cuarto de control. Cumple las mismas tareas que sus otros siete compañeros varones. A sus 28 años es ingeniera eléctrica en control y trabaja en el área operativa y mantenimiento de esa empresa. Ama el trabajo en campo y asegura que se ha adaptado muy bien al fuerte horario 14/14 (catorce días en campamento y catorce libres) y a las jornadas de doce horas, que a veces van de 06:00 a 18:00 y que en otras empiezan a las 18:00 y terminan a las 06:00.

Lleva casco, guantes de cuero y unas botas con punta de acero, cumpliendo con el protocolo de seguridad de la empresa. Foto: Carlos Granja Medranda.

Ella se describe como una persona segura de sí misma, que nunca se da por vencida y que toma cualquier reto.

Cuenta que tras estudiar Ingeniería en la Universidad Politécnica Salesiana realizó pasantías en OCP, después presentó su tesis basada en una herramienta para control de posibles fugas en oleoducto, que podría aplicarse próximamente.

Grace: Dios nos dio lo mismo a todos, a hombres y a mujeres

Tiene 26 años y hace tres meses tuvo a su segundo hijo, pero considera que es una mujer que puede y está capacitada para hacer cualquier tipo de trabajo, incluso en los que los hombres son mayoría.

Con un pasado laboral de oficina, en un call center, Grace Coello se aventura todos los días desde hace dos semanas al trabajo de repartidora motorizada de alimentos. Desde su casa en Bastión Popular y con una gran maleta amarilla en la espalda sale a recorrer el sector norte y centro de la ciudad repartiendo comida a los clientes de un negocio de dietas.

Durante una de sus entregas en el centro de la ciudad Grace comenta que tomó el trabajo por necesidad, para ayudar a su esposo, Édgar Gamarra, quien maneja la moto en la que se moviliza.

Grace Coello labora cada día llevando el peso de la maleta en su espalda mientras se transporta en motocicleta. Foto: Peter Tavra.

“Mi esposo tuvo un accidente y tiene lastimada la pierna y no puede trabajar con normalidad”, cuenta la repartidora mientras sube varios pisos de un edificio para dejar el pedido esperado por sus clientes. Cree que la mujer ha escalado mucho y en la actualidad ocupa cargos que antes eran reservados para hombres, como gerentes o militares; sin embargo, considera que se debe trabajar mucho más para que sean tratadas con las mismas oportunidades de un hombre.

En su caso señaló: “Creo que las personas se sienten más tranquilas al ver que una mujer reparte o llega a la puerta de sus casas, es más seguridad”.

Wilma: El reto es reconocer las capacidades de las mujeres

Militar en la Izquierda Democrática (ID) por casi 30 años no impidió que Wilma Andrade conozca el ‘machismo’ en la política.

Andrade, de 63 años, levantó a la ID cuando en el 2013 fue extinguida por el Consejo Nacional Electoral (CNE).

“Me puse al hombro el partido”, recuerda ella, para demostrar que era “capaz de viajar del Carchi al Macará a buscar a los compañeros, demostración de “liderazgo que me tiene en la dirigencia, si no habría sido muy difícil llegar hasta donde he llegado”.

Wilma Andrade es presidenta de la Izquierda Democrática y legisladora. Foto: Archivo.

Enfrentó al machismo cuando un grupo pedía que dejara la presidencia de la ID por haber sido electa legisladora nacional. “Fue una arremetida por la espalda”, porque creían que no podría hacer dos cosas a la vez.

Ha sido concejala, vicealcaldesa, diputada y ahora asambleísta, lo que la lleva a concluir que el reto está en ‘innovar’ la política, en reconocer las capacidades de las mujeres. En impedir que los hombres se resistan a ellas. Y además, en que la “toma de decisiones sea horizontal y no vertical”.

Mayra: Nos dan la importancia que debe tener una mujer

A diferencia de sus colegas varones de otros clubes de fútbol, Mayra Argüello Erazo tiene que pedir permiso para entrar al camerino de su equipo, el Centro Deportivo Olmedo.

A los 40 años, en 2016, Argüello fue pionera en el país en presidir un equipo de fútbol y actualmente va por su segundo periodo. Sin embargo, otros dos clubes deportivos, El Nacional y el Orense, siguieron el mismo ejemplo: son dirigidos por Lucía Vallecilla y Martha Romero, respectivamente.

Mayra Argüello es presidenta del club Centro Deportivo Olmedo. Foto: Centro Deportivo Olmedo.

Argüello reconoce que no estuvo en sus planes presidir el equipo que alentaba desde niña, pero que una invitación para invertir en la institución le permitió descubrir que podía hacerlo, pese a que significaba pasar de una vida privada a pública, por la exposición mediática.

Creo que pudimos romper esa hegemonía de que (la dirigencia en) el fútbol solo era para hombres; todas las mujeres somos capaces y estamos en el nivel igual a un varón”, dice la presidenta del Olmedo, quien señala que el apoyo de la familia ha sido fundamental. (I)