Prisioneros de su propio egoísmo

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La humanidad ha evolucionado gracias a la colaboración.

Lo plantean Robert Axelrod en The Evolution of Cooperation o Yuval Harari en Sapiens.

Pero hay momentos en que los beneficios percibidos de ser egoísta son mayores a los beneficios percibidos de cooperar… ¿Cómo promover la colaboración allí?

Dicho de otra manera, en un momento de hambruna en su comunidad, qué preferiría hacer: ¿pescar?, ¿o enseñar a pescar?

Circa 1950, Merril M. Flood y Melvin Dresher crearon un problema para la Teoría de Juegos, que luego Albert W. Tucker formalizó con el nombre de “Dilema del prisionero”.

Imagine que la policía arresta a dos sospechosos, José y Juan. No hay pruebas para condenarlos, a menos que uno confiese que el otro es culpable. Separan a José y Juan. Visitan a cada uno en su respectiva celda y les ofrecen un trato. Si él calla y su cómplice confiesa, entonces él irá preso tres años y su cómplice saldrá libre. Si ambos confiesan, ambos irán dos años a la cárcel. Si ninguno confiesa, ambos estarán presos por poco tiempo.

Podemos usar el “Dilema del prisionero” para entender la cooperación. Si José y Juan callan –colaboran entre sí–, ambos obtienen el mayor beneficio. Si ambos actúan motivados por el egoísmo, ambos pierden. Y si solo uno decide confesar, el otro obtiene el mayor perjuicio.

Ahora imaginen que José y Juan son capturados varias veces. Y se enfrentan a la misma situación. Es probable que sus nuevas acciones dependan de las experiencias anteriores. Pero, ¿empezarán a cooperar entre sí?

La respuesta de la Teoría de Juegos es que no van a cooperar. A menos que los participantes sepan que seguirán iterando en el futuro.

¿Por qué un taxista cobra más por una carrera cuando un nuevo pasajero se sube al amarillo? Porque está convencido de que no volverá a ver al mismo pasajero en el corto plazo.

¿Por qué un alcalde dispone abrir una zanja para contaminar con agua lluvia el océano? Porque está convencido de que no volverá a ver a los mismos turistas en su ciudad.

Si imaginamos los negocios, la política o la vida como una infinidad de transacciones únicas, somos egoístas. Buscamos maximizar los beneficios inmediatos.

Si imaginamos la vida como una acción iterativa, entonces cuidaremos el océano, o Cerro Blanco, o la gente. (O)