Legislar para perennizarse

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En una demostración palpable de la relatividad ética y moral que domina el ejercicio de la política en estos días, la Asamblea Nacional propone blindarse contra la posibilidad de que cualquier asambleísta, incluyendo, se entiende, los casos evidentes de violación a la ley, sea cesado, excepto con los votos de las dos terceras partes de sus miembros. Es una actitud que configura un cuadro de desvergüenza ante la opinión pública. Se evidencia un afán de perennizarse contra viento y marea; de aprobar más canonjías en provecho propio; para algunos, de cobrar diezmos; y, para otros, de negociar con el poder Ejecutivo los proyectos de ley adoptando para ello un código de conducta, como si de actos de comercio se tratase.

La democracia se refuerza si el autodenominado “primer poder del Estado” cumple su función y sus miembros muestran, colectivamente, que respetan a sus electores y que no son ellos un fin en sí mismos. Hay las excepciones individuales de rigor, pero el fiel de la balanza se inclina contrario a una legislatura que no refleja la voluntad popular. Su reforma integral, empezando por la elegibilidad y representatividad de sus integrantes, es un tema a considerar en la reforma del Estado.