Laurencio Adot: “Yo soy un milagro”

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En la tierra del tango, la parrilla y el mate, el nombre Laurencio Adot es sinónimo de grandeza, talento y triunfo. Con 33 años de carrera, el diseñador de moda especialista en alta costura ha vestido absolutamente a todas las celebridades de su país y a decenas de artistas por toda Latinoamérica, y también en Rusia, Israel, Cannes y España.

 Su carrera inició a los 19 años e inmediatamente ascendió a la cúspide del éxito en la industria textil. Pero hoy, a los 52, reconoce que Dios también ha hecho que caiga de rodillas ante duras batallas de vida que marcaron rotundamente su futuro y el de quienes lo rodean.

Renacer a la vida

Antes de la mañana del 6 de agosto del 2018, Laurencio diseñaba 40 vestidos de novia al mes, viajaba día y noche por el país y nunca bajaba las revoluciones. Pero ese día, los titulares de los tabloides argentinos que estaban acostumbrados a escribir sobre los logros del creativo, cambiaron el enfoque de sus textos al informar sobre una trágica noticia que conmocionó al gremio artístico: Laurencio Adot había sufrido un accidente cerebrovascular isquémico (ACV).

En este momento de la entrevista, Laurencio, quien habla de forma pausada, debido a la secuela que le dejó la enfermedad, muestra su lado sensible.

Relata que durante el accidente se encontraba en el baño de su casa y fue ahí que súbitamente su cuerpo se desplomó sobre el piso sin poder moverse un milímetro más. Pasaron los 20 minutos más largos de su vida, hasta que su pareja, llegó a casa e inmediatamente le dio los primeros auxilios. Llamó a emergencias y con la guía médica le administró los fármacos respectivos para detener la hemorragia cerebral. “No voy a llorar, lo prometí. Me volví muy llorón”, dice mientras contiene las lágrimas.

Luego de eso, Laurencio pasó tres días en coma, tiempo en el cual soñó con su madre Elsa (+). “Vi la luz. Tuve una experiencia sensorial con mi mamá, quien me dijo: ‘Aún no es el momento’. Fue ahí cuando supe que yo tenía que volver. Soy un milagro de Dios”, cuenta.

Ya al despertar, la lucha por recuperarse recién comenzaba, pues el ACV dañó parte del hemisferio izquierdo de su cerebro, lo cual hizo que perdiera el habla y la movilidad de la mitad derecha de su cuerpo. Él entendía todo lo que sucedía a su alrededor, pero no podía comunicarse con nadie. Estaba atrapado en su propio cuerpo.

Amor, el remedio más grande

Durante los tres meses posteriores, Laurencio permaneció en el hospital. “Tuve que aprender, desde cero, a caminar, hablar y comer. Sí, me curó el amor. El apoyo de mi pareja, de mi hermano Mariano y de mi socio Thiago Pinheiro (quien lo acompaña durante la entrevista), fue 100 % fundamental para mi recuperación. El ACV es una enfermedad, pero no se está muerto. Si cuidas a alguien que la atraviesa, lo más importante es darle afecto: mimos, abrazos o un beso. Hay que aprovechar la mínima oportunidad de mejorar, sin dejar de soñar”, acentúa.


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Además, la moda también jugó un papel clave en esa etapa. Relata entre risas que, escondido bajo las sábanas de la cama del hospital, siempre revisaba las redes sociales para informarse de lo que pasaba y subía fotos para que las personas sepan que estaba bien.

Se viste de sensibilidad

En todo momento Laurencio sonríe. Está en paz y feliz. Hoy es un hombre de ‘dar’, pues su dicha se refleja en las acciones que hace con el objetivo de ayudar a los otros.

Reconoce que viene de una familia acomodada de clase alta (con más de cien años de historia en la industria textil argentina), y por eso asegura que tras el accidente, ahora más que nunca, es un ser recíproco con la vida y sirve al prójimo. “Hoy devuelvo, no pido. Con los desfiles benéficos, Thiago y yo pudimos hacer una clínica de rehabilitación de drogas y problemas mentales para 170 personas en Gálvez de Santa Fe (zona de narcotráfico), construimos 14 comedores escolares en varias provincias y constantemente fusionamos la moda con proyectos sociales”.

Sobre este último punto, con voz ávida Thiago manifiesta que en marzo presentará su nuevo desfile con la colaboración de los indígenas de Puerto Iguazú. Ellos serán los encargados de diseñar todos los accesorios con metales, semillas, madera y otros materiales autóctonos.


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Además, durante su paso por el país ambos recibieron un reconocimiento por parte de la Cruz Roja Ecuatoriana, debido a su trabajo benéfico en Argentina. “Ayudar debe ser parte de la moda para que no sea tan frívola”, dice Thiago. Laurencio agradece cada día estar vivo. Sabe que Dios le dio otra oportunidad y no la piensa desaprovechar.


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Durante los primeros 15 años de carrera su mamá fue su mano derecha, pero desde hace dos décadas Thiago es quien ocupa ese lugar. Ambos se conocieron en una fiesta que el argentino organizó en su casa. Thiago era parte de la organización del Sao Paulo Fashion Week, mas al escuchar la propuesta de Laurencio no dudó ni un segundo en aceptar. “Desde ahí no somos socios, sino hermanos. Nos peleamos y vivimos como tales, siendo muy diferentes pero buscando lo mismo: ser felices haciendo lo que amamos”.

Eclipsado por Guayaquil

Pese a su eterno amor por Latinoamérica, Laurencio reconoce que por primera vez visita Ecuador, con el objetivo de transmitir su pasión por la moda a través de un desfile en Manta. En el evento, presentó diversas creaciones de alta costura, pret-a-porter y un preview de la colección de invierno que saldrá oficialmente en marzo en Argentina. “En esta primera visita, Thiago y yo hemos quedado enamorados de la ciudad. Me voy con las ganas de volver y la esperanza de montar mi primera tienda en Guayaquil. Me han ganado como un hijo y cuando regrese, haré trabajo de beneficencia. Ese es el centro de mis acciones”, puntualiza Laurencio.


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Personal

– Habla cinco idiomas.

– Adora el ballet, la ópera y la música clásica.

– En 2002 fue condecorado en Estados Unidos con el Premio a la Excelencia.

– En 2019 ganó en Argentina el Premio Martín Fierro de la Moda

– Ha participado en 4 novelas y 2 películas.

– Desea escribir un libro autobiográfico.

– Ha vestido a Pampita, Laurita Fernández y Stefanía Roitman.