El amor de antes, sin el San Valentín de ahora

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Lo que más quería Rubén Manrique, un sábado de enero de 1966, era pedirle al papá de su amada Carlota Suárez, que le permitiera casarse con ella. Tenían dos años de un noviazgo secreto. El músico, que en ese entonces tenía 27 años, jamás había cruzado palabra con la fuente de celos que era su suegro.

Aceptó y un mes después, el 14 de febrero de 1966, Rubén y Carlota, que ahora tienen 81 y 75, celebraron su matrimonio civil. Hoy, justo en el Día de San Valentín, es su aniversario 54. Lejos de escoger esa fecha por ser ‘el Día del Amor’, ellos simplemente la tomaron porque era la fecha más próxima para realizar el trámite civil.

“Antes no se celebraba eso de San Valentín”, dice Carlota y recalca que a Rubén le urgía vivir con ella para siempre. Él la escucha y asiente. Solo la interrumpe para recrear con precisión, y una sonrisa tímida, las medidas 85-54-85 que su esposa tenía cuando la conoció.


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Medio siglo después, el Día de San Valentín pone a correr a Gabriela Sarmiento. La joven, de 22 años, le tiene una sorpresa a su novio Javier Cornejo. Hoy le llegará a su oficina.

Ellos tienen un año y tres meses de relación y, aunque prefieren no hacerlo el 14, celebran el ‘Día del Amor’ a lo grande. El año pasado fueron a Miami y este fin de semana se irán a la playa.

Ambas parejas, en distintas generaciones, tienen motivos para que este día le rindan tributo al amor que los unió. Un amor que, recuerda Carlota, ella y Rubén vivieron distinto a lo que experimentan Gabriela y Javier.

A los esposos, que tienen cuatro hijos y ocho nietos, ni se les habría siquiera ocurrido irse solos de viaje, como lo hacen Gabriela y Javier. Para andar de la mano o tomar un helado, disponían de apenas unas horas. Carlota tenía que mentir y decir que iba a hacer compras al centro para ver a su amado.

Hasta la forma de conocerse dista tanto como los años que los separan. Rubén, que menciona exacto el día en que vio a Carlota por primera vez, se quedó embelesado con la belleza y la voz de aquella joven que entró al conservatorio donde trabajaba. Era músico y le habían pedido que guiara a una cantante que llegaría allí el 17 de febrero del 64. Desde ese momento, jamás se separaron.

En cambio Javier y Gabriela se conocieron el 24 de agosto de 2018, en una fiesta en la que solo hubo indiferencia. Fue un meme, en una historia de Instagram, el que le abrió la puerta al amor, dos semanas después.


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Los chats entre ambos fueron eternos. Luego hubo una invitación al cine, a ver un partido de fútbol y, finalmente, se ‘amarraron’ el 17 de octubre en un restaurante de Puerto Santa Ana.

Ellos, a diferencia de la urgencia que Rubén tuvo para casarse con Carlota, no piensan en el matrimonio. Su prioridad es profesionalizarse, viajar. De hecho, prefieren no bocetear el futuro, ni un hogar, ni la llegada de hijos. Su amor significa la compañía y el apoyo que empezó a crecer desde el día en que un meme los enganchó.

Si a ambas parejas le dieran elegir en qué época haber vivido su amor, ni lo piensan. En la que les tocó. Carlota y Rubén creen que a las parejas jóvenes actuales les falta paciencia y aprender a conversar sobre los problemas.

Javier y Gabriela no podrían vivir sin la independencia y compromiso individual de la que disfrutan en su relación de hoy. Pero a pesar de las diferencias de tiempo, costumbres e intereses, ambas creen que el respeto es el regalo perfecto que todo enamorado no solo debe dar en San Valentín, sino todos los días.

Un romance sincero y lleno de cariño y respeto

“Yo cantaba una canción a la luz de una mañana, era la que le gustaba hace tiempo a mi amada”.

A sus 55 años, Loyda Meza sonríe al recordar esas frases. Es la letra de una canción del cantante Edishon. Su esposo Manuel Mero (58 años) se la cantaba en tiempos de conquista.

Esos detalles especiales eran parte del romance que inició para ellos hace más de dos décadas. Se casaron luego de tres años de conocerse. Él tenía 34 y ella 37.

El respeto era clave para una relación, recuerdan ambos. La experiencia de don Manuel conquistó a su actual esposa. “Ya no era un chiquillo y eso me dio seguridad”, cuenta.

Recuerdan mientras cruzan sus miradas que se veían por 10 minutos, cuando había la oportunidad, a través de una ventanita que quedaba en la casa de ella. Manuel iba hasta allí y pronunciaba frases románticas que la hacían suspirar.


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“Antes de ella hubo otras”, sonríe de forma picaresca Mero, recordando que recorría largas distancias por ver a alguna chica. Viajaba hasta más de 5 horas. Sin embargo, el amor de su vida estuvo siempre cerca, a Meza la conocía pero nunca se atrevió a contarle sobre sus sentimientos.

Cuentan que una de las hermanas de ella los presentó.

A Abbigail Zambrano y a Miguel Orejuela, por el contrario, los unió la vida académica. Ambos tienen 18 años, pero ella es de La Concordia y él de Flavio Alfaro.

Se conocieron en las aulas de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, en Manta. Ellos viven un amor más fresco y apegado a lo actual.

La distancia entre sus lugares de origen hace que en muchas ocasiones se tengan que alejar. Es allí cuando aparecen las redes sociales para unirlos.

“Nos hemos acostumbrado a convivir, por lo que en la distancia necesitamos estar comunicados y lo hacemos por WhatsApp, eso nos ha ayudado”, expresa Zambrano. Desde hace un año y medio decidieron caminar juntos en una relación.

Orejuela señala que el amor ha evolucionado en comparación del estilo antiguo y aunque han desaparecido las cartas, dice, con vídeos, audios y otros productos audiovisuales también se puede conquistar.

“No somos muy materialistas. Somos más de la idea de dedicar tiempo y cariño a la relación. Nos gusta darnos mucho afecto, eso nos ha consolidado”, menciona la joven. AG

Juntos a pesar de los obstáculos

“Cuando hay amor verdadero todo obstáculo se vence”, dice Merci Merejildo Salinas, de 62 años, quien lleva 46 años de casada con Vidal Salinas Borbor, de 66 años, la pareja tiene 4 hijos y a pesar de las dificultades de la vida aseguran ser felices.

Son oriundos de la comuna Sayá, al sur de Santa Elena, pero desde que se casaron se trasladaron a La Libertad.


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Salinas le declaró su amor a Merejildo mediante papelitos que dejaba escondidos en una esquina o sobre la piedra cerca de un río donde su amada acudía a lavar su ropa. Ella sabía a qué hora debía pasar por los lugares donde estaba el escrito para poder leer lo que su amado le decía, así creció la relación hasta que un día huyeron de casa.

Hace 6 años, la pareja pasó por una difícil prueba, la diabetes le jugó una mala pasada a Salinas y le amputaron una pierna. La situación los unió más.

Esa fortaleza como pareja es la que esperan cosechar Ximena Tomalá y Anthony Holguín, ambos de 19 años.

Ellos tienen 4 meses de relación y se conocieron en la universidad. La chica vive en una comuna al norte de la Península, mientras que él, en La Libertad. Aseguran que la distancia no les impide estar juntos. JL

Su primera y única relación

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    Tiempo. Ambas parejas se conocen desde que son adolescentes.Jaime Marín
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    Tiempo. Ambas parejas se conocen desde que son adolescentes.Jaime Marín / Expreso

José Rodríguez e Inés Vázquez tienen 63 años de vida y 43 de casados. Ambos son cuencanos y a pesar de llevar casi toda su vida juntos aseguran que su amor se mantiene tierno y joven.

Con un suspiro muy profundo fue José quien recordó cómo su corazón se aceleraba cuando miraba pasar a Inés junto a la puerta de su casa. “Éramos vecinos. Ahí me enamoré”, dice a viva voz repasando el proceso de noviazgo que, dice, siempre fue con respeto, aunque a veces a escondidas de sus familias. Todo ese amor habría nacido cuando apenas tenían 17 años.


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“Nuestros padres siempre nos decían que primero debíamos estudiar”, cuentan.

Para ambos esta fue la primera y única relación.

El amor de Inés y José está tan fresco y lleno de deseo como el que mantienen Ángel Vázquez y Johana Méndez, dos jóvenes de 19 y 18 años.

Se conocieron en el colegio cuando él tenía 13 y ella 12. Con las miradas, cuentan, nació el amor. “Tal vez solo éramos niños, pero ahora sabemos que nos amamos. Pronto nos casaremos”, señala Vázquez.

La relación se va fortaleciendo pese a que él reside en Estados Unidos desde hace dos años. “Es mi primer amor, mi amor de estudiante”, destaca Méndez. JM