La historia de triángulo que abusó del círculo

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En 1944, dos psicólogos –Heider y Simmel– hicieron un experimento con 120 participantes. Les mostraron un video con unas figuras geométricas moviéndose de manera aleatoria y les pidieron que describieran lo que habían visto.

117 de 120 participantes dijeron haber visto una historia. Un cuento de amor o una historia de abuso. Solo el 3 % describió lo que realmente sucedía en la pantalla… formas geométricas –un círculo, dos triángulos y un rectángulo– en movimiento.

Por cierto pueden ver el video original “An experimental study of apparent behavior by Fritz Heider & Marianne Simmel” en YouTube.

¿Por qué vemos historias en la animación de cuatro figuras geométricas?

¿Por qué creamos narrativas a partir de un meme?

¿Por qué interpretamos el mundo en términos de intencionalidad?

Porque somos “storytelling animals”, como dice Michael Shermer –fundador de Skeptics Society–. Porque buscamos patrones, urdimos narrativas alrededor de esos patrones y así creamos significados.

Buscamos, devotamente, orden y significado. Tanto que creamos conexiones entre cosas que no están relacionadas, entre sucesos aleatorios o entre datos sin sentido.

Hemos evolucionado para establecer relaciones causa-efecto, para antropomorfizar ideas o figuras… incluso abstracciones.

¿La imagen de Cristo en una tostada? ¿El diablo en la nube de cenizas de una erupción volcánica? Apofenia. ¿Mensajes satánicos en un disco de acetato puesto en reversa? Teleología promiscua.

Como dice Robert McKee: “lo que sucede es un hecho. Lo que pensamos sobre lo que sucede… esa es la verdad”.

Cada día nuestra mente es bombardeada por información. ¿Cómo evitar que el sistema colapse por el exceso de info? Guardamos trozos de historias.

Por cierto, la información –hechos, cifras– solo se procesa cerebralmente en las áreas de Wernicke (comprensión de lenguaje) y Broca (procesamiento de lenguaje). Pero las historias activan muchas otras áreas cerebrales.

Por ejemplo: si usted lee una historia sobre “café”, se activarán las áreas de Wernicke, Broca y el córtex olfatorio primario. Usted va a oler el café mientras lee la historia.

Consumimos historias de manera activa. Las experimentamos. Por eso recordamos más las historias que los hechos. 22 veces más, según Jennifer Aaker, piscóloga social.

Finalmente, si vemos historias humanas en la animación de cuatro figuras geométricas, entonces ¿por qué evitamos narrativas humanas en las campañas de marcas, candidatos o gobiernos? (O)