El poder del storytelling del ‘Vecindario’

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El martes apareció en redes un video llamado Vecindario, ¿lo vieron?

Era la historia de un vecindario playero –conjunto de vecinos de una población– que vivía en armonía; pero cuyo equilibrio estaba en peligro por una presunta construcción que podría –o no– afectar al ambiente, la gente y el turismo.

Diez horas después, la historia llevaba miles de views y había llegado a las dos autoridades citadas al final del video. El ministro del Ambiente se pronunció –enseguida– en favor del ambiente y del cumplimiento de la ley. El alcalde de Playas, también.

¿Cómo logró –esa pieza de comunicación– movilizar a la comunidad para viralizar el mensaje? ¿Cómo logró una respuesta tan rápida de las autoridades?

Es el poder del storytelling.

Vecindario tiene personajes fácil de identificar. Ciudadanos –como usted o yo– y presuntos villanos. Presenta a expertos que dan salidas al impasse. Y de manera tácita deja el papel de héroe para las autoridades.

El video encapsula en la narrativa una preocupación comunitaria. Da detalles con los que la audiencia se puede identificar. Y el momento más significativo queda expresado en la frase de Andrés Fernández –embajador del Mar, Ríos y Esteros–: “progreso en armonía”.

El poder del storytelling radica en tres acciones dice Kindra Hall, en Stories that Stick. 1. Capturar la atención. Logró más de 100 000 views. 2. Influir en el comportamiento de la audiencia.

Cientos de personas –de manera espontánea– distribuyeron, wasapearon, compartieron, comentaron, el video; y están las declaraciones del ministro y del alcalde. Y 3. transformar la audiencia.

Sobre esto último –transformar– luego de rever la pieza audiovisual de 3 minutos 22 segundos, me quedó claro que su intención era acabar con la invisibilidad de algunas asimetrías sociales y ambientales en Playas.

Si el video solo denunciaba de manera racional una posible afectación, entonces no habría generado empatía. Y sin esa emoción no habría generado la reacción que generó.

Si Vecindario solo denunciaba desde la emoción –sin el componente del logos aristotélico–, entonces habría polarizado la participación comunitaria y la habría politizado.

Ha pasado una semana y la historia recién empieza.

El video levanta una alerta y abre un camino esperanzador: “progreso en armonía” (con la gente, la ley y el planeta).

Por ello tengo una pregunta final: ¿cómo reconciliar propiedad privada con armonía? (O)