¿Se repite la historia de Père Duchesne?

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El domingo, en Veraz, dije que me resistía a hablar de candidatos cuando Carlos preguntó sobre el panorama electoral. Dije que debíamos interpretar los contextos más allá de lo evidente. Que debíamos hablar más de Yulissa, de Jorgito, de harta demencia, de Nancy Risol, de bigote infiel, del vecino que compra en la bahía las medicinas que el seguro debía darle gratis, del soldado caído en una noche amarilla…

“¿Ellos nos representan?”, preguntó –con incredulidad– Carlos.

Ellos representan la base de la sociedad ecuatoriana como Père Duchesne representó los impulsos populistas de la Revolución francesa (circa 1790).

Père Duchesne era un personaje ficticio. Reconocido por la audiencia de los teatros populares de París, representaba a la gente común. Luego algunos periodistas tomaron su nombre y publicaron panfletos presuntamente escritos por él, con un lenguaje crudo, reivindicando los valores de liberté y egalité.

El poder de Père Duchesne –en el imaginario colectivo– era tan grande que cualquier persona identificada (por él) como enemigo de la República terminaba en la guillotina.

A Père Duchesne “…hoy la llamaríamos un meme”, dice Jeremy Popkin en “A New World Begins: The History of the French Revolution” (2020).

Lo interesante de Yullissa, #soldadocaído o Père Duchesne es que su narrativa supera su yo. Son reales, pero también son ficticios. Sos memes.

Cada uno de ellos captura la atención, influye persuasivamente a la audiencia y la transforma.

Podemos estar de acuerdo –o no– con su historia; pero no podemos evitar mencionarlos en la cotidianidad. Y esto es buen storytelling. Para Kindra Hall, en “Stories that Stick”, el storytelling captura la atención, influye en el comportamiento de la audiencia y la transforma.

¿Los memes nos representan? Père Duchesne está vivo, entre nosotros. Existe en Twitter, en los monigotes de fin de año, en los memes que circulamos por redes sociales.

El problema es que en política –como en el mundo comercial– si un candidato o Gobierno no conecta con la audiencia, pierde. Enerva su credibilidad, reduce sus posibilidades de triunfo electoral y pierde.

El problema es que si una marca no conecta con su audiencia, entonces pierde ventas.

Porque en el mundo comercial, el político o el religioso, se trata de la gente.

Porque mientras los gobiernos y los candidatos están en campaña; mientras las marcas están vendiendo y haciendo campaña; la gente –ustedes y yo– estamos viviendo.

Sobreviviendo, como Père Duchesne. (O)