Domingo Cavallo: El tema no es cómo sostener la dolarización, sino la economía

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Quito –

Domingo Cavallo (San Francisco, Córdoba, 1946) estuvo en Quito y el pasado jueves fue el invitado especial de una celebración: los 20 años de la dolarización. Como político fue ministro de Carlos Menem y de Fernando de la Rúa, también candidato a la presidencia. Como economista fue el mentor de la convertibilidad en su país y un defensor de la dolarización. En 1996 fue contratado para hacer un diagnóstico de Ecuador y le propuso al presidente de entonces, Abdalá Bucaram, la convertibilidad. Ese gobierno fue derrocado, no se llevó a cabo su plan y luego vino la crisis financiera. En entrevista con EL UNIVERSO sostiene que si bien la dolarización fue un acierto, no resuelve todos los problemas.

¿Político o economista?

Yo he tenido una vida muy intensa, dedicada a pensar las políticas públicas. Como político me considero un fracasado, pero como economista he hecho aportes importantes. No creo tener toda la verdad, me gusta escuchar e intercambiar ideas. No soy tan apegado a los libros de texto. Es muy importante observar la realidad; eso me ha ayudado como economista.

¿También como político?

Lo que pasa es que la política, lamentablemente, es para personas con otra forma de actuar. En política es muy común que se mienta o se esconda la verdad. Además, se requiere financiamiento y muy a menudo los políticos recurren a la corrupción para financiarse. Yo nunca he sentido que podía echar mano a recursos públicos.

Pero en Argentina lo procesaron por peculado.

Sí, pero esa fue persecución. Nunca me han podido probar nada. A mí me persiguieron porque fui el político que más luchó contra las mafias. Utilizaron a la justicia para acusarme de cosas ridículas. Por eso dejé de ser un hombre político.

Es fuerte que usted mismo diga que ha fracasado como político.

Lo digo en términos de liderazgo político. La gente pensaba que yo iba a ser presidente de Argentina. Lamentablemente, hubo quienes se aprovecharon de la crisis y echaron toda la culpa a la convertibilidad y a Cavallo.

Usted ha sido un defensor de la paridad cambiaria. ¿Cómo evalúa estos 20 años de dolarización?

Son positivos, sin duda. La dolarización permitió que se eliminara la inflación y que el ahorro se reciclara dentro del propio sistema financiero ecuatoriano.

¿Cómo sostener la dolarización?

No hay desafíos para sostener la dolarización, es un mecanismo monetario que, obviamente, fue más elegido por la gente que decidido por los políticos. Si hoy les preguntan a los ecuatorianos si aceptarían que les paguen el sueldo en una moneda que no sea el dólar, se van a sublevar. Entonces, el tema no es cómo sostener la dolarización, sino cómo resolver los problemas reales de la economía. En Ecuador se deben crear mejores condiciones para la inversión eficiente del sector privado y público y aumentar la productividad de todos los segmentos de exportación.

Sin embargo, en estos 20 años, aun con menos inflación, el crecimiento económico es insuficiente, crece el desempleo…

Ningún sistema monetario asegura crecimiento ni resuelve todos los problemas. Por ejemplo, si el gobierno despilfarra o si a unos empresarios les dan beneficios y a otros se los quitan, la economía funcionará mal. No tiene que ver con el sistema monetario sino con las reglas de juego en general.

¿Cuando propuso la convertibilidad a Bucaram advirtió de la crisis que estaba por estallar?

Sí. Nosotros presentamos un informe que lamentablemente no se ha publicado en Ecuador. Ahí se decía que si no tomábamos medidas en materia de régimen monetario para eliminar la inflación, se agravaría la crisis del sistema financiero, que ya se estaba insinuando. No se podía predecir la magnitud, pero creo que fue mucho peor de lo que predecíamos, porque el gobierno que le sucedió (de Fabián Alarcón) no tomó ningún tipo de medidas para atenuar los riesgos. Después tuvieron el fenómeno de El Niño, una baja tremenda del precio del petróleo y muchos bancos en condiciones de insolvencia. El escenario era muy complicado para cualquier gobierno. Y es lo que tuvo que enfrentar Jamil Mahuad.

¿Cree que debimos dolarizar antes, en 1996?

Sí, pero resulta que al presidente que quería dolarizar o implementar la convertibilidad lo declararon loco y lo sacaron. El sistema político de Ecuador es muy extraño y se parece al de Argentina. Es muy inestable. Hay políticos valiosos, como Dahik, Bucaram o Mahuad, que se vieron obligados a irse del país. En Argentina pasa, pero no en ese extremo. Ahora, la convertibilidad y la dolarización son prácticamente lo mismo. La única diferencia es que la convertibilidad tiene una moneda respaldada en dólares, con la posibilidad de que algún día adquiera confianza y le permita al Banco Central hacer política monetaria.

En el 96 ya alertamos sobre el riesgo de una crisis financiera y de que, finalmente, el Banco Central tendría que emitir un montón de sucres. Pero fue mucho peor de lo que predecíamos”, Domingo Cavallo, economista y político argentino.

¿Asesoró a Mahuad?

No. Yo era amigo de Mahuad. Nos encontrábamos de vez en cuando en eventos de la Universidad de Harvard. Pero en el momento en que él gobernaba yo estaba muy involucrado en la política argentina. Solo hablé algunas veces por teléfono con él. Me parece que quienes no le ayudaron para encontrar más rápido la solución fueron el FMI y el Banco Central. Pero Mahuad trabajó con mucha responsabilidad y muy buenos colaboradores.

Los defensores de la dolarización dicen que no hay nada peor que desdolarizar

Siempre hay peores cosas que se pueden hacer, pero desdolarizar sería trágico para Ecuador. En el mejor de los casos, caerían en una situación como la de Argentina. Y en el peor, podrían llegar a tener hiperinflación, como Venezuela. Eso significaría reintroducir la inflación y agregar confusión y más desconfianza de la que ya existe sobre la economía ecuatoriana. No estoy en condiciones de hacer una predicción, pero dependerá de cómo se manejen los gobiernos. Lo alentador es que la dolarización es muy popular aquí y a cualquier gobierno le va a costar mucho usar la inflación o la devaluación como una aparente forma de resolver otros problemas. (I)