Los errores del Partido Demócrata

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La pompa y circunstancia con la que el Senado de los Estados Unidos puso en marcha el pasado jueves la última fase del proceso de «impeachment» contra el presidente Trump ha sido recibida por la izquierda del mundo entero con indisimulado placer. Y sin embargo, es difícil entender qué esperan conseguir los demócratas. Es evidente que no hay ninguna posibilidad de que logren una condena al presidente votada por dos tercios de los senadores. Pero además, es muy probable que la imagen de su acoso a Trump se vuelva contra ellos ante las elecciones del próximo noviembre que no pintan bien para los demócratas -por méritos propios.

El pasado martes se celebró un nuevo debate entre candidatos de ese partido en el que quedó claro que en sus filas no han aprendido nada de la campaña fracasada de Hillary Clinton en 2016. Mark Lilla, profesor de historia de las ideas de la Universidad de Columbia y declarado izquierdista, explicó en «The New York Times» que la culpa de la derrota de Hillary era de ella misma por basar su campaña en «la retórica de la diversidad y pidiendo el voto explícitamente a los afroamericanos, los latinos, los LGTB y las mujeres en cada acto de la campaña». Eso es la antítesis de lo que hay que hacer. Como bien dice Lilla la base del triunfo es la «visión de un destino compartido». Ni Hillary lo propuso entonces, ni los candidatos de este año lo promueven tampoco.

Asistimos a una campaña en la que los mensajes de mayor impacto de los demócratas tienen que ver con el racismo, el sexismo y el clasismo. Y cuando los candidatos se dirigen a partes minoritarias del electorado están, por definición, excluyendo al resto. Como ha dicho Kimberley Strassel («Stay Woke, Drop Out» WSJ. 17-01-2020) «Todos los votantes quieren saber lo que un candidato va a hacer específicamente por ellos y por el país en su conjunto. Y aunque muchos votantes analizan los asuntos en un contexto moral, muy pocos sienten el imperativo moral de votar por un candidato sólo por ser negro, o mujer u homosexual. Ése no es un argumento que persuada». Sumemos a esto el escenario apocalíptico que esbozaron los candidatos demócratas el pasado martes. Según Joe Biden en la hora presente: «Sólo le va bien a los ricos. Punto». En la misma liga está Elizabeth Warren según quien «los americanos están hartos de vivir en un país que va muy bien para los directivos de las grandes empresas, pero que no funciona para los demás». Warren habló de una América en la que decenas de millones de ciudadanos tienen que escoger entre pagar por su comida o por sus medicinas. Y claro, Bernie Sanders habló de «ochenta y siete millones de personas que no tienen seguridad social o seguro privado de salud. Hay 500.000 personas que hoy dormirán en la calle».

Ese escenario catastrófico que describen los rivales de Trump se compadece mal con una economía que lleva una década de crecimiento, con una tasa de desempleo del ¡3,5 por ciento! -lo que técnicamente quiere decir pleno empleo- y un incremento medio -durante la Presidencia Trump- de los salarios del 5,9 por ciento para los trabajadores que tienen menos ingresos. Porcentaje que duplica la mejora que obtuvo esa franja de los trabajadores durante el segundo mandato de Obama.

Una encuesta de la firma Quinnipac del pasado diciembre dice que al 57 por ciento de los norteamericanos les va económicamente mejor ahora que en 2016 -el 22 por ciento dice que les va peor. Y una encuesta de la firma Fidelity sostiene que el 78 por ciento de los norteamericanos cree que en 2020 les irá mejor que en 2019.

Con estos mimbres es fácil comprender el cesto que le están intentando hacer los demócratas a Trump en el Senado.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura