Bloomberg llega con una riada de millones para echar a Trump de la Casa Blanca

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Corresponsal en Nueva York
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«La prioridad número uno es echar a Donald Trump. Me estoy gastando todo mi dinero en echar a Trump». Lo dijo el candidato demócrata Michael Bloomberg el fin de semana pasado a Reuters a bordo de su autobús de campaña, mientras atravesaba las llanuras de Texas. La segunda frase era una exageración obvia. «Fortune» estima el patrimonio del magnate de la información financiera en 53.000 millones de dólares. Bloomberg no se va a gastar ese dinero en su aspiración a sustituir a Trump como presidente de EE.UU., una carrera en la que se ha metido a última hora y donde el resto de candidatos le llevan mucha ventaja en las encuestas y en el trabajo de campo. Pero sí se va a gastar mucho dinero. Con seguridad, más que el que nunca nadie antes se ha gastado en una campaña electoral.

Los medios estadounidenses aseguran que podría dedicar mil millones de dólares. O dos mil millones. O incluso más. Cantidades impensables para cualquier otro candidato y que la normativa electoral laxa de EE.UU. permite. En una entrevista con «The New York Times», Bloomberg no fijó una cantidad dedicada a la campaña, pero no descartó que llegue a mil millones de dólares.

«Mike tiene un historial de gastarse lo que sea necesario para ganar», reconoció a «The Atlantic» Howard Wolfson, que participó en algunas de las campañas de Bloomberg para la alcaldía de Nueva York, que ocupó doce años. Al igual que ahora, sufragó sus aspiraciones políticas con su propio dinero.

Bloomberg tiene una justificación -más allá del ego de un multimillonario que lleva décadas soñando con ser presidente- para presentarse a las elecciones y una forma para conseguirlo. Considera que él es mejor opción para desalojar a Trump de la Casa Blanca que el resto de candidatos: el favorito moderado, el exvicepresidente Joe Biden, ofrece dudas sobre su desempeño en una pelea cuerpo a cuerpo con Trump; las opciones de izquierda, el veterano senador socialista Bernie Sanders y la también senadora Elizabeth Warren, asustarían a los centristas demócratas e impedirían la fuga de independientes y moderados republicanos que están a disgusto con el presidente.

«Te guste o no, no puedes ganar las elecciones si no consigues moderados republicanos que cambien de bando», aseguró Bloomberg a Reuters. «Los otros son demasiado progresistas para ellos y sin duda acabarían votando a Donald Trump».

La forma de lograrlo es, claro, a golpe de billetera. En dos meses de campaña se ha gastado unos 200 millones de dólares. Si sigue a este ritmo, a comienzos de marzo habrá quemado más dinero que todo el que dedicó Barack Obama a su campaña de reelección en 2012. Solo en Texas, un estado con mucho peso de delegados, ha invertido quince millones de dólares en anuncios televisivos, más que todos lo que se han gastado de forma conjunta en este tipo de propaganda los principales candidatos demócratas en 2019. Además, ha desplegado un ejército de 800 empleados en decenas de oficinas electorales en estados clave y en aquellos que reparten muchos delegados.

A por el «Supermartes»

El motor de la campaña de Bloomberg es la publicidad -«no puedes dar la mano a 330 millones de personas, la televisión todavía es el medio mágico», dijo-, quizá obligado por lo tarde que ha entrado en campaña. Pero, además, ha tenido que recurrir a una estrategia novedosa y arriesgada: no hacer campaña en los cuatro primeros estados que celebran primarias -Iowa, New Hampshire, Carolina del Sur y Nevada- en febrero y centrase en los del «Supermartes», el 3 de marzo, cuando se ponen en juego los delegados de quince estados, entre ellos algunos de mucho peso, como California y Texas.

El objetivo es sacar ahí suficientes delegados como para coger impulso en el resto de estados, impedir que los favoritos lleguen a la convención demócrata de julio con un número delegados suficiente para investirse como nominado y ofrecerse como candidato de consenso para derribar a Trump.

Es un camino improbable, pero eso no debería tranquilizar a Trump. Bloomberg se ha comprometido a mantener la lluvia de millones también si no gana la nominación. Su campaña confirmó el pasado fin de semana a la NBC que mantendría una maquinaria electoral con 500 empleados, distribuidos en los estados clave, con inversiones millonarias en anuncios contra Trump y con la potente infraestructura digital de su plataforma. Después insistió en que lo haría incluso aunque el nominado fuera Sanders, en el lado contrario del espectro ideológico de los demócratas.

El anuncio quizá era también una estrategia de marketing, una forma de presentarse en las primarias más como un candidato comprometido con el objetivo común -echar a Trump- y menos como un paracaidista con los bolsillos llenos dispuesto a comprar su acceso a la Casa Blanca.