El jarrón iraní se rompe

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La confianza es como un jarrón chino de porcelana. Una vez que se rompe es muy difícil de recomponer. Ese y no otro es el problema que hoy afronta el régimen iraní con las potencias europeas, que hasta ahora querían creer que era posible fiarse de Teherán y de su cumplimiento del tratado de 2015, que ofrecía comercio y ayuda económica a cambio de que no desarrollara el arma nuclear. Obama se tragó el cuento hasta que Trump decidió la salida unilateral del pacto en mayo de 2018.

Lo escandaloso de la crisis de confianza generada por Irán no fue el error humano que condujo al derribo del vuelo de Ukranian Airlines el pasado 8 de enero. Lo intolerable es la cadena de mentiras que propaló a continuación el régimen de los ayatolás, y que solo se frenó –con una autoacusación que conllevaba autoindulto– cuando se difundió el vídeo del lanzamiento de los misiles contra el avión, confundido con un blanco enemigo.

Irán mintió. Mintió el Líder Supremo, el ayatolá Jamenei. Mintió el presidente Rohani. Y no tiene sentido buscar cabezas de turco en niveles inferiores. A ellos, quienesquiera que sean porque Irán tampoco da sus nombres, solo se puede achacar un error de juicio seguido de catastróficas consecuencias, con la eximente del clima de tensión bélica que se vivía esos días.

El Irán creado por Jomeini, desde su llegada al poder en 1979, es lo más parecido, en el ámbito político, a la norma islámica de la «taquiyya», la ley que permite disimular las creencias religiosas en caso de que esté en peligro la propia vida. En Teherán -salta a la vista a cualquier viajero- el disimulo es condición de supervivencia, en particular en las clases educadas de la sociedad persa. El régimen se mantiene en pie gracias a una férrea política policial y represiva, que cuenta con el apoyo de «voluntarios» civiles de extracción humilde. La mentira, el doble lenguaje y el eufemismo se han convertido en moneda de uso corriente en el país de los ayatolás, que planean su expansión por los países vecinos con población chií como una huida hacia adelante.

Francisco de AndrésFrancisco de AndrésRedactorFrancisco de Andrés