La «guerra de los sexos» domina el último debate demócrata antes del arranque de las primarias

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Corresponsal en Nueva York
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La cuestión de la elegibilidad -la cualidad de ser el candidato con más posibilidades de evitar la reelección de Donald Trump- domina las primarias demócratas y en el debate de la noche del martes volvió a cobrar protagonismo. La excusa fue la polémica que ha sacudido a la campaña en los últimos días: ¿Puede una mujer ganar la elección?

El asunto surgió después de que la CNN desvelara que el senador izquierdista Bernie Sanders le dijo a la también senadora izquierdista Elizabeth Warren en diciembre de 2018 que una mujer no podría ganar. La revelación, que proviene del entorno de Warren, se enmarca en una creciente pelea entre ambos por hacerse con el electorado más progresista del partido demócrata, una carrera en la que Sanders lleva la delantera. La noticia se conoció después de que este fin de semana la web ‘Politico’ publicara que la campaña de Sanders hacia la guerra sucia a Warren, dibujando a su rival como una candidata de gente con estudios y adinerada que no engrosará la base de votantes demócrata.

Sanders negó las acusaciones, Warren no las retiró y el asunto apuntaba a convertirse en el punto más caliente del debate, el último antes de que las primarias arranquen el próximo 2 de febrero en Iowa; el debate se celebró en Des Moines, capital del estado.

Las expectativas se cumplieron y, mediada la velada, los moderadores introdujeron la polémica. «No lo dije», respondió tajante Sanders a la pregunta de si había dicho que una mujer no ganaría. «Y no quiero perder mucho tiempo en esto, porque eso es lo que Donald Trump y quizá parte de la prensa quieren», añadió antes de insistir en que es «incomprensible» que él pudiera pensar que una mujer no puede ser presidenta de EE.UU. Recordó cómo en las elecciones de 2016 se mantuvo al margen y no presentó su candidatura hasta que Warren rechazó hacerlo y su compromiso con las candidatas mujeres.

«Bernie es mi amigo y no quiero pelear con él», siguió Warren, pero insistió en que el veterano senador por Vermont dijo lo que reveló CNN. No hizo sangre excesiva de la polémica, pero trató de darle la vuelta en su favor. «La pregunta sobre si una mujer puede o no ser presidente ha salido, y es hora de enfrentarla de cara», dijo antes de pedir a la audiencia que mirara a los hombres en el escenario. «Entre todos, han perdido diez elecciones», dijo con el dato aprendido. «Quienes están en este escenario y han ganado todas las elecciones en las que han participado son mujeres», dijo en referencia a sí misma y a la otra candidata femenina en el debate, la senadora Amy Klobuchar. «Y la única persona de este escenario que ha ganado a un republicano en su cargo en los últimos treinta años soy yo», añadió.

La discusión motivó que el resto de contendientes -solo seis en este debate, el menos poblado hasta el momento en esta campaña- discutieran sus méritos para ser el candidato con más posibilidades de evitar un segundo mandato de Trump. Klobuchar recordó el reciente nombramiento de gobernadoras en Kansas y Michigan y defendió que para ganar no hay que ser la persona más alta, más delgada o más gritona. «Hay que ser competente».

Warren regresó para recordar que en los años sesenta se cuestionaba si podría haber un presidente católico -y llegó John Fitzgerald Kennedy- y en 2008 si un negro podría llegar a la Casa Blanca, y lo hizo Barack Obama. «En ambas ocasiones, el partido demócrata dio un paso adelante y dijo que sí. Se puso detrás de su candidato y cambió al país. Eso es quienes somos».

El favorito en las primarias, Joe Biden, aprovechó el intercambio para presentarse, como siempre hace, como el candidato con más posibilidades. «El verdadero asunto es quién puede unir al partido y representar a todos sus sectores», dijo sobre sí mismo, y aseguró que él lidera, en sus palabras, «la mayor coalición de todos los que estamos aquí».

En otro momento del debate, el candidato más joven, Pete Buttigieg, quiso mostrarse como el pegamento de un partido roto «por la división y la disfunción» e incluso llamó a votantes republicanos disgustados con Trump a que se sumaran a sus filas. Fue uno de sus pocos momentos brillantes, en el que fue quizá su debate más mediocre en lo que va de campaña.

Antes del debate de género, los candidatos debatieron con amplitud el asunto de mayor calado en la actualidad en EE.UU.: la tensión en Oriente Medio y los tambores de guerra con Irán. Todos se unieron para criticar la escalada protagonizada por Donald Trump y su decisión de eliminar a Qasim Soleimani y se dividieron sobre cómo enfrentar la situación en la región. Sanders aprovechó el asunto para volver a echar en cara a Biden su apoyo a la guerra de Irak, un asunto que se repetirá hasta la saciedad en estas primarias.