Los Verdes alemanes cumplen 40 años en su mejor momento

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Berlín
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Con la ayuda de su andador y de un par de vecinos, Hans Christian Ströbele hacía personalmente las compras, en el mercado bio Hansaviertel, para la fiesta que daba este fin de semana en su casa. A sus 80 años, se ilusiona como un niño al recordar las anécdotas de la fundación del partido Los Verdes, el 13 de enero de 1980. «Hemos cambiado Alemania», resumía, satisfecho, celebrando además por anticipado que el partido formará parte inevitablemente del próximo gobierno alemán.

La última encuesta Emnid lo confirma como segundo más votado, después de la CDU de Merkel (27%) y por delante de los socialdemócratas (15%), con una estimación del 23%. En la fiesta doméstica de Ströbele, de hecho, había más miembros de la CDU y el SPD que de Los Verdes. «Bueno, siempre hay más amigos fuera que dentro», reconocía, aunque subrayando que Los Verdes tuvieron desde su inicio voluntad transversal. En la tarima del congreso de Karlsruhe, en el que nació el partido al que en 1993 se sumaría la plataforma anticomunista Alianza 90, colgaba la consigna: «No somos de izquierda ni de derecha, nosotros caminamos hacia adelante». «Nuestras ideas impregnan ya el ideario de todos los demás grandes partidos, pero tenemos por delante nuevos y extraordinarios retos, como la sostenibilidad de los derechos ciudadanos en la era digital», decía a sus invitados quien, como diputado del Bundestag, viajó a Moscú en 2013 para obtener allí información de primera mano de Edward Snowden.

«Los Verdes han cambiado Alemania y están cambiando el mundo», confirmaba horas más tarde el presidente de Alemania, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, en la celebración oficial del partido.

«Un país más abierto»

«Petra Kelly se habría escandalizado si hace 40 años le hubieran dicho que Los Verdes se convertiría en miembro del establishment», seguía Steinmeier en referencia a otra de las fundadoras y antes de recordar que el partido gobierna hoy en Baden-Württemberg y lleva años siendo la única fuerza política al alza en las urnas, aparte de la extrema derecha de AfD. «Gracias a eso han contribuido a que Alemania sea un país más abierto y diverso, más humano y más moderno… Los Verdes han cambiado el país, y el país ha cambiado a los Verdes», concluyó entre un gran aplauso.

Estas cuatro décadas de éxito han estado basadas en un gran esfuerzo de integración. En la fase de fundación, pusieron a los manifestantes contra la energía antinuclear con los movimientos pacifistas contra el rearme. Diez años después, la fusión con el movimiento de derechos civiles «fue una contribución inestimable a la unidad alemana», destaca el actual líder verde, Robert Habeck, «lejos de sufrir una crisis de los 40, estamos en la edad de recoger frutos de todo lo sembrado».

Ante el próximo éxito electoral, Habeck reconoce que el poder «requiere compromisos dolorosos», y recuerda la formación de gobierno con el socialdemócrata Schröder en 1998. «A mí me arrojaron pintura a la cabeza», recuerda el verde más popular de Alemania, Joschka Fischer, «pero es el precio a pagar, no basta con llegar hasta las puertas del poder, hay que abrirlas y pasar adentro».