Los iraníes se levantan contra las mentiras del régimen sobre el derribo del avión ucraniano

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Jerusalén
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Las calles de Teherán estallaron de rabia y gritaron «¡muerte a los mentirosos!» Fue la reacción espontánea tras conocer que las autoridades de Irán habían estado tres días manipulando a la opinión pública y ocultando que un misil lanzado «por un error humano» desde una batería anti-aérea derribó el Boeing 737 de Ukranian International Airlines (UIA) y mató a sus 176 ocupantes. Se organizaron vigilias en lugares como la Universidad Amir Kabir y en algunas plazas, se encendieron velas en recuerdo de los fallecidos y las redes sociales estallaron contra quienes ocultaron de forma consciente la verdad con etiquetas como #compatriota_asesino. Las vigilias no tardaron en subir el tono de los gritos, algunos dirigidos al Líder Supremo, Alí Jamanei, y las fuerzas de seguridad intervinieron para disolverlas.

La presión internacional y las informaciones de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Canadá, que apuntaron desde el primer momento a que el avión fue derribado, obligaron a Irán a confesar la verdad. En menos de 24 horas, la república islámica pasó de defender que era «científicamente imposible» que un misil habría derribado el aparato, en palabras del director de Aviación Civil, Alí Abedzadé, a enviar el pésame a las familias y admitir el «terrible error humano». Los responsables iraníes aseguraban hasta entonces sentirse víctimas de la «guerra psicológica» lanzada por Trump, quien apuesta por la estrategia de presión máxima frente a la república islámica. La televisión nacional justificó la decisión de no revelar la verdad durante los primeros días debido a que esto «podría haber sido usado por los enemigos del país», forma habitual de referirse a Estados Unidos e Israel, una explicación que no sirvió para calmar los ánimos en las calles.

El comandante de la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, el general Amir Hajizadeh, compareció ante los medios para asumir la completa responsabilidad de lo ocurrido y comenzó diciendo «ojalá me hubiera muerto yo y que este incidente no hubiera ocurrido». Hajizadeh reveló que conocía lo sucedido desde el primer momento y se lo comunicó a las autoridades del país. La repentina transparencia del militar contrastó con las mentiras de políticos y diplomáticos y fue claro al explicar que el fallo se produjo cuando uno de los operadores de la defensa «confundió el avión con un misil de crucero de Estados Unidos (…) Intentó contactar con sus mandos, pero no pudo. Tuvo diez segundo para decidir, podía disparar o no y, debido a las circunstancias, disparó. Fue una mala decisión».

Contexto de guerra

El mando de la Guardia Revolucionaria recordó el «contexto de guerra» en el que se produjo esta situación, en la misma noche en la que Irán lanzó 21 misiles contra dos bases iraquíes en las que había presencia de fuerzas estadounidenses. Aunque el ataque fue medido, temían la represalia de Trump y por eso las defensas estaban en «máxima alerta». El alto mando aseguró que antes de esta operación de venganza por el asesinato del general Qassem Suleimani pidió a a las autoridades que declararan una zona de exclusión aérea, pero su petición fue desatendida tras «múltiples consideraciones». Antes de conocer las palabras de Hajizadeh, la cadena iraní en inglés Press TV recogió las palabras de otro alto mando que ya adelantó que en el momento del accidente el aparato ucraniano volaba cerca de una “posición militar sensible” y los responsables de la defensa anti-aérea lo confundieron con un «objetivo enemigo».

Hasán Rohani fue el primer dirigente en dar la cara e informar que «la investigación interna de las Fuerzas Armadas sobre el siniestro concluye que se debió a un error humano». El presidente enmarcó este error «en una atmósfera de intimidación de Estados Unidos contra Irán y en defensa por los posibles ataques militares estadounidenses». El ministro de Exteriores, Javad Zarif, dijo que se trataba de «día triste» y enmarcó el fallo militar en «un momento de crisis provocado por la temeridad de Estados Unidos».

Disculpas y compensaciones

La tesis defendida desde el primer momento por las autoridades fue la del «fallo técnico del aparato», una tesis insostenible tras las informaciones reveladas por los servicios de inteligencia estadounidenses y por vídeos como el que difundió el diario «The New York Times». Antes el peso de las evidencias, Irán decidió abrir las puertas a una investigación internacional, pero no hizo falta que esta se pusiera a trabajar sobre el terreno porque los propios iraníes admitieron lo ocurrido.

En el avión de Ukranian International Airlines viajaban 63 pasajeros canadienses y el primer ministro del país, Justin Trudeu, respondió al anuncio de Irán pidiendo «transparencia, justicia, sensación de cierre y responsabilidad jurídica» hacia las familias de los fallecidos. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, fue un paso más allá y exigió a la república islámica tanto una disculpa oficial como su total cooperación para resolver este incidente. Zelenski espera además que «Irán lleve a los responsables ante la justicia, devuelva los cuerpos y pague indemnizaciones». Ambos líderes mantuvieron conversaciones telefónicas con Rohani a lo largo de la jornada.

La tragedia de este avión ucraniano sirvió para recordar lo ocurrido en 1988 con el vuelo 655 de Iran Air, derribado por un misil lanzado por el crucero USS Vincennes estadounidense cuando sobrevolaba el Golfo Pérsico en dirección a Dubai. Washington defiende que fue un error, mientras que Teherán lo considera un ataque intencionado. Los 290 ocupantes del Airbus de la compañía nacional iraní perdieron la vida.