El triunfo soberanista aleja a Taiwán aún más de China

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Enviado especial a Taipéi
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Resaca electoral en Taiwán tras la aplastante victoria de la presidenta Tsai Ing-wen, cuyo discurso soberanista la enfrenta a China. No por esperado, pues todas las encuestas le daban ventaja, su triunfo por veinte puntos sobre el candidato del Kuomintang (KMT), Han Kuo-yu, ha escocido menos en Pekín, que reclama esta isla separada de China desde el final de la guerra civil en 1949.

Frente a su objetivo histórico de una «reunificación pacífica», acariciado por su auge económico desde su apertura al capitalismo, Tsai atribuyó su reelección tras proclamarse ganadora al «rechazo de la mayoría de la sociedad taiwanesa al principio de ˝un país, dos sistemas˝ propuesto por China», vigente en las excolonias de Hong Kong y Macao. Con esta declaración de intenciones, todo indica que en los próximos cuatro años sufrirá las mismas presiones políticas, económicas y militares que Pekín ha ejercido durante su primer mandato. Además de arrebatarle siete de los 22 países que tenían lazos diplomáticos con Taiwán, el autoritario régimen chino ha prohibido a sus turistas que visiten individualmente la isla y su segundo portaaviones atravesó a finales de diciembre el Estrecho de Formosa.

Sin darle tiempo a celebrar la victoria, Pekín volvió a rechazar la independencia de Taiwán el sábado por la noche y ayer. «Esperamos que la comunidad internacional siga adhiriéndose al principio de una sola China, comprenda y apoye la causa justa del pueblo chino para oponerse a las actividades secesionistas por la ˝independencia de Taiwán˝ y culmine la reunificación nacional», advirtió el portavoz de Exteriores, Geng Shuang, recoge el «China Daily».

Pero, precisamente, esta presión es la que está movilizando a muchos taiwaneses en la construcción de su propia identidad nacional. Así se explica la participación del 75,2%, la más alta desde los comicios de 2008, y el récord histórico de más de ocho millones de votos que obtuvo el Partido Democrático Progresista (PDP) de Tsai. Entre ellos destacan más de 5.000 que viven en el extranjero y habían hecho el esfuerzo de volar a Taiwán para votar. «Como muchos de mis amigos preferían al candidato del Kuomintang, que aboga por el acercamiento a una dictadura como China, he venido desde Estados Unidos para dar mi apoyo a la presidenta Tsai, que es más democrática y se guía por la voluntad de la gente», explica a ABC Mickey Wang, que estudia en California. Además de razones personales como la aprobación del matrimonio homosexual, del que Taiwán es pionero en Asia, le han influido las protestas de Hong Kong reclamando democracia, que han despertado la conciencia política de muchos jóvenes.

«Hong Kong ha sido una ayuda para el PDP porque ha expuesto la falsa promesa del Partido Comunista del modelo ˝un país, dos sistemas˝, que es como una mentira», analiza Jerome F. Keating, catedrático emérito de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Taipéi. En su opinión, «el primer mandato de Tsai ha sido un éxito porque ha preservado la soberanía de Taiwán contra una China hostil». Junto a su política soberanista, que apuesta por mantener a la isla separada del régimen de Pekín, Keating resalta que «ha abordado la necesaria pensión de las reformas incluso aunque la ha vuelto impopular con algunos. Ma (el presidente anterior del KMT) la había evitado».

Para su segundo mandato, prevé que «los retos para toda la sociedad taiwanesa son encontrar cosas que puedan unirla y crear una nueva comunidad imaginada», ya que «la gente está todavía oscilando como un péndulo intentando encontrar un buen punto medio de necesidades y valores». Dicha división se debe a la dependencia económica de Taiwán con respecto a China, que recibe el 40 por ciento de sus exportaciones y el 70 por ciento de sus inversiones. Entre las presiones económicas, diplomáticas y militares de Pekín, que en 2005 promulgó una «ley antisecesión» que le permite atacar a la isla si declara formalmente su independencia, Taiwán busca su identidad.