Reelegida la presidenta de Taiwán en un claro rechazo a la unificación con China

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Enviado especial a Taipéi
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Con un récord histórico de más de ocho millones de votos y veinte puntos sobre su principal rival, la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, ha sido reelegida este sábado al ganar unas elecciones trascendentales para el futuro de la isla, que permanece separada de China desde el final de la guerra civil en 1949. Impulsada por el miedo al autoritarismo de Pekín que han despertado las protestas de Hong Kong, Tsai le ha dado la vuelta a la ventaja que hace solo un año le sacaba el candidato del partido nacionalista Kuomintang, Han Kuo-yu.

Frente al acercamiento a China que este propugnaba, el discurso soberanista de Tsai y sus ambiciosas reformas económicas y sociales han conquistado al electorado, sobre todo a los jóvenes. Como en otros comicios anteriores, las presiones políticas y amenazas militares de Pekín han llevado a los taiwaneses a votar en masa al Partido Democrático Progresista (PDP) de la presidenta Tsai. «Los resultados de estas elecciones demuestran que la gente de Taiwán valora la democracia y la libertad y rechaza el modelo de ˝un país, dos sistemas˝ propuesto por el presidente de China, Xi Jinping, para cambiar unilateralmente el statu quo en el Estrecho (de Formosa)», explicó Tsai tras anunciarse los resultados.

Cuatro pilares

Lanzando un mensaje al régimen de Pekín, que ha intentado aislarla durante sus cuatro años anteriores de mandato, advirtió de que sus relaciones a partir de ahora han de basarse en sus cuatro pilares: paz, paridad, democracia y diálogo. «China debe abandonar sus amenazas y no puede ignorar a Taiwán, cuyo futuro debe ser decidido por sus 23 millones de habitantes», declaró Tsai a la abundante Prensa congregada en la carpa montada por su partido en el centro de Taipéi.

Fuera, miles de seguidores celebraban la victoria ondeando las banderas verdes del PDP y gritando eufóricos en medio del delirio general. Aunque todas las encuestas daban una clara mayoría a Tsai Ing-wen, su triunfo final ha sido mayor del esperado. Con 8,1 millones de votos, la presidenta ha obtenido un respaldo del 57,1% mientras el KMT se ha quedado en el 38,6% con 5,5 millones de papeletas. Desde Kaohsiung, la segunda ciudad de la isla, su candidato reconocía su derrota sin paliativos. Además de los comicios presidenciales, el partido de Tsai ha ganado los legislativos, revalidando su mayoría en el Parlamento.

«He votado por ella porque trae esperanza a la gente joven», contaba a las puertas de la escuela elemental de Ximen Andy Huang, un empleado de banca de 30 años que rechazaba el acercamiento a Pekín que abandera el KMT. «Tras las protestas de Hong Kong, me he dado cuenta de que China no será nunca una democracia, ya que el régimen adoctrina a la sociedad para que apoye al Partido Comunista y deje en sus manos las decisiones. No quiero eso para Taiwán porque aquí tenemos libertad y democracia», justificaba sonriente. Además de razones políticas, le movían motivos personales, ya que pudo casarse el año pasado con su pareja, el médico Mike Chang, al convertirse Taiwán en el primer país de Asia en legalizar el matrimonio homosexual.

Junto a esta importante medida por la igualdad, la presidenta Tsai ha puesto en marcha otras ambiciosas reformas, como la fiscal y de las pensiones, que han encontrado el rechazo de las capas más conservadoras. «Creo que la economía iría mejor con el KMT porque habría mejores relaciones con China y más estabilidad», razonaba Sammy Tu, de 39 años, su voto por Han Kuo-yu. Sin miedo a Pekín, apostaba por la reunificación con el continente bajo el principio de «un país, dos sistemas» vigente en Hong Kong y Macao. Pero otra partidaria tradicional del KMT, como Michelle Wang, de 43 años, prefería depositar un voto nulo porque no le gustaba la postura de su candidato «demasiado próxima» a una dictadura como China. «Quiero que mi hijo pueda votar dentro de veinte años», argumentaba junto a su marido. A pesar de su alegría, Taiwán se prepara para cuatro años más de tensiones con China.