Por qué a Trump se le resiste la misión de retirar las tropas norteamericanas de Oriente Próximo

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Corresponsal en Washington
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Cuando presentó su candidatura a la presidencia, Donald Trump resumió su principal propuesta en materia de política exterior en una frase sucinta que se convirtió en unos de los lemas de su campaña: «Devolveremos a las tropas a casa». Han pasado cuatro años desde entonces, y ese regreso sigue siendo una promesa, porque en lugar de retirarse de Oriente Próximo, principal teatro de operaciones militares de Estados Unidos, Trump ha enviado a miles de soldados más al golfo Pérsico.

Se le puede preguntar al Pentágono, como ha hecho este diario, cuál es el número exacto de soldados enviados por EE.UU. a Oriente Próximo. La respuesta siempre es equívoca. Los portavoces ofrecen algunas cifras, siempre divididas por países, y ocultan la mayoría por razones de seguridad. Sumando estimaciones del propio Pentágono, la Casa Blanca y el Capitolio, que aprueba el gasto militar, hay en el arco de comprende desde la costa este del Mediterráneo hasta Afganistán al menos 80.000 soldados de EE.UU. El presupuesto presentado por el ministerio de Defensa en marzo de 2019 contempla gasto para la manutención de 12.000 soldados en Afganistán; 5.800 en Irak y Siria, y 60.000 en otras bases en Qatar, Kuwait y otros.

La tensión con Irán, que viene aumentando desde que Trump retirara a EE.UU. unilateralmente del acuerdo de desnuclearización en 2018, sólo ha incrementado el número de soldados en la zona. El Presidente envió un destacamento de 3.500 al golfo Pérsico tras un ataque con drones contra campos petrolíferos saudíes en septiembre, que elevó en otros 3.500 la semana pasada tras ordenar un ataque con misiles contra un general iraní.

Según los analistas, el único motivo que Trump contempla en este momento para mantener tropas en Oriente Próximo es contener a Irán. Es la razón mediante la cual los generales le han convencido de que le conviene, al menos de momento, no precipitar el repliegue total. Cuando condenó los ataques de Irán contra las bases militares de EE.UU. en Irak, Trump quiso destacar que, desde su punto de vista, ni siquiera asegurar el suministro mundial de petróleo en el Golfo es ya prioridad de EE.UU. «Somos el primer productor de petróleo del mundo. Somos energéticamente independientes, y no necesitamos más petróleo de Oriente Próximo», dijo el presidente. Las referencias al petróleo son constantes en los discursos de Trump sobre asuntos militares.

En una entrevista concedida el viernes por la noche a la cadena Fox News, el Presidente dijo que la razón por la que ha aceptado dejar 500 soldados en Siria, tras ordenar un repliegue total que luego abortó, es controlar los campos petrolíferos. «Los únicos soldados que tengo se están llevando el petróleo», dijo el presidente. Preguntado por si de verdad estaba extrayendo petróleo de un país extranjero, algo ilegal, Trump respondió: «No lo sé. Puede que nos lo llevemos. De momento, lo tenemos nosotros»

Esas promesas de replegarse han hecho de Trump alguien popular entre los soldados (un 57% le apoya en un sondeo de julio del prestigioso centro Pew), pero menos entre los generales, confundidos al enfrentarse a un Presidente que se resiste a sus recomendaciones de incrementar la presencia militar en Oriente Próximo para contener no sólo a Irán sino el resurgimiento grupos yihadistas sucedáneos de Al Qaeda o el Daesh.

Formó Trump en 2017 un Gobierno repleto de generales, en activo o retirados: H.R. McMaster como Consejero de Seguridad Nacional; John Kelly como Secretario de Interior y después Jefe de Gabinete, y John Mattis como secretario de Defensa. Todos han sido despedidos, sustituidos por políticos o disciplinados funcionarios más dóciles y hábiles en ejecutar las órdenes del Presidente.

La prueba más evidente de la confusión que Trump ha creado en el Estado Mayor Conjunto es la petición de salida de las tropas de EE.UU. que aprobó el Parlamento de Irak el 6 de enero. El Presidente confirmó que él quiere salirse de Irak. Los generales le convencieron de que eso sería una victoria para Irán, una potencia con milicias desplegadas desde Líbano hasta Afganistán. Trump reculó, pero antes los generales habían mandado una carta a sus homólogos en Bagdad notificándoles movimientos inmediatos de cara a una posible salida a medio plazo. Abochornado, el jefe del Estado Mayor, general Mark Milley, tuvo que pedir disculpas por el error.

Según William F. Wechsler, que dirige el centro Rafik Hariri sobre Oriente Próximo en el ‹think tank› Atlantic Council, la presidencia de EE.UU. en la zona es importante por varias razones: estabiliza y previene conflictos entre las dos potencias en liza (saudíes e iraníes); refuerza a sus aliados más estrechos, como Israel y Jordania, y asegura el suministro mundial de crudo. Según Wechsler un Oriente Próximo «carente de un liderazgo americano claro y convincente, vería cómo los recursos energéticos son menos seguros; a un Irán más agresivo; una Turquía tentada por sus aspiraciones expansionistas, y mayor poder e influencia de China y Rusia. Otros actores regionales —socios, competidores y adversarios— se verían libres de cualquier limitación».