Un envite mal calculado

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Una de las cualidades básicas de los mejores líderes políticos en un entorno europeo y global muy incierto es la capacidad de adaptación y autocorrección. Boris Johnson ha demostrado olfato electoral y capacidad de entender los deseos de los votantes que finalmente han conformado una mayoría conservadora. El rasgo más importante de su exitosa campaña ha sido el optimismo y la energía con la que se ha enfrentado a unos rivales bastante agoreros. Sin embargo, las voces anti-Brexit tenían razón al advertir de los peligros del salto al precipicio con un acuerdo minimalista de retirada y solo once meses de red (es decir, lo que dura el período transitorio, el que el Reino Unido sigue aplicando el Derecho europeo).

Esta semana los Comunes han sellado el acuerdo de ruptura con la UE gracias a la amplia ventaja conservadora. La salida el 31 de enero parece garantizada, una pésima noticia para todos en Europa. Haciendo gala del mismo ímpetu y atrevimiento que le llevó a la victoria, el primer ministro ha añadido una cláusula a la legislación en trámite, la prohibición de negociar una extensión de la transición. No solo es un guiño a los ultra nacionalistas que se han hecho con el viejo partido tory. Es un envite a Bruselas mal calculado, con el objetivo de acelerar la negociación de un pacto económico y comercial que mantenga al Reino Unido conectado con su mercado natural. Aquí es donde se equivoca Boris, como le ha indicado la presidenta de la Comisión estos días en Londres.

Desde fuera de la UE se negocia con mucha menos fuerza que sentado en las instituciones comunitarias. Quedan años de trabajo por delante para configurar y aprobar una nueva relación entre británicos y continentales que beneficie a las dos partes. Al primer ministro le cuesta el cambio de registro.

El papel del populista que busca el choque le sale muy bien y le ha dado grandes réditos. Pero si repasara su película favorita, «El Padrino», recordaría que la supervivencia siempre depende de entender a tiempo los cambios en las reglas del juego.

José M. de AreilzaJosé M. de AreilzaArticulista de OpiniónJosé M. de Areilza