Taiwán acude a las urnas bajo la sombra de Hong Kong

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Corresponsal en Pekín
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Cartelones de candidatos sonrientes tapando las fachadas de los edificios, banderolas con los números y símbolos de los partidos colgando de los balcones, voluntarios repartiendo propaganda electoral por las calles y coloristas mítines a ritmo de pop. En todo su apogeo, la «fiesta de la democracia» con características chinas. O, mejor dicho, taiwanesas, ya que esta isla separada del autoritario régimen de Pekín es el único territorio del mundo chino donde impera la democracia.

En sus séptimas elecciones libres desde que en 1996 acabara la larga dictadura de derechas del partido nacionalista Kuomintang (KMT), 19 de los 23 millones de taiwaneses están llamados este sábado a votar en unas elecciones trascendentales para el futuro de las relaciones con China.

Como hace dos décadas con las excolonias de Hong Kong y Macao, Pekín aspira a reunificar la isla. Pero las protestas en Hong Kong reclamando democracia han avivado en Taiwán el miedo a China y movilizado a 1,8 millones de nuevos votantes por encima de 20 años, que se decantarán por el gobernante Partido Democrático Progresista (PDP).

«Tenía que haber votado hace cuatro años, pero pasaba de la política. Esta vez lo haré por el PDP porque veo lo que está ocurriendo en Hong Kong y me temo que eso es lo que China quiere hacer con Taiwán», explica Shauna, dependienta de 24 años de una tienda de telefonía móvil.

La revuelta de Hong Kong, que dura ya más de seis meses, ha polarizado a la sociedad taiwanesa y revertido la desventaja con que partía hace un año la presidenta Tsai Ing-wen. A tenor de las encuestas, obtendrá un 46% de los votos frente al 31 de su rival del Kuomintang (KMT), Han Kuo-yu, alcalde de Kaohsiung, segunda ciudad de la isla.

Frente al acercamiento a Pekín que propugna el KMT para traer paz y estabilidad, el discurso soberanista de Tsai ha hecho que el régimen presione sobre la economía taiwanesa para aislarla. Buena prueba de ello es que, desde que la presidenta subió al poder en 2016, China ha prohibido la visita individual de sus turistas y le ha arrebatado siete de los 22 países que tenían relaciones diplomáticas con Taiwán.

«Estos comicios determinarán si los taiwaneses pueden elegir con valor la democracia y la libertad pese a la presión de China», aventuró anoche Tsai en el multitudinario mitin con que cerró su campaña en el centro de Taipéi. Con imágenes de las protestas de Hong Kong proyectadas en pantallas gigantes, alertó una vez contra el autoritarismo del Partido Comunista chino al que tantos réditos le está sacando. Para hacer oír sus demandas democráticas, entre la multitud enfervorizada había grupos de jóvenes manifestantes venidos desde Hong Kong, que recibieron todo el apoyo del público.

Bajo la lupa

«Queremos decirles a los taiwaneses que la democracia que ellos tienen, y nosotros no, no es gratis y hay que luchar por ella, como estamos haciendo allí», contaba un estudiante de 21 años que ocultaba su rostro con una máscara negra. Pero los mayores, más conservadores, alertan del riesgo que entraña enfrentarse a un gigante como China, de quien depende la economía de Taiwán porque le envía el 41,2% de sus exportaciones y el 70% de su inversión en el extranjero.

«Si Tsai es reelegida, como vaticinan los sondeos, Pekín aumentará la presión con maniobras militares y medidas económicas», vaticina para ABC Russell Hsiao, director ejecutivo del Instituto Global de Taiwán. En su opinión, «la crisis de Hong Kong por la erosión del principio de “un país, dos sistemas”, que es también la fórmula de China para Taiwán, demuestra que no se puede confiar en Pekín».

El resultado electoral será escrutado tanto por China como por Estados Unidos, que le suministra armamento a Taiwán y está obligado por ley a defenderlo si es atacado. La «otra China», separada del régimen de Pekín desde el final de la guerra civil en 1949, se juega su futuro en las urnas bajo la sombra de las protestas de Hong Kong.