Irán y Estados Unidos rebajan la tensión y enfrían la opción de un choque directo

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Jerusalén
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Tras el intercambio de golpes, parece que Irán y Estados Unidos apuestan por reducir una tensión que se disparó tras el asesinato el viernes del general Qassem Suleimani y abrió las puertas a una guerra abierta tras la respuesta de Irán con el lanzamiento de misiles contra dos bases con presencia estadounidense en Irak. A las pocas horas de enterrar en Kerman al líder de la Fuerza Quds, brazo exterior de la Guardia Revolucionaria, los iraníes lanzaron por sorpresa la ‘Operación Mártir Suleimani’, una operación «medida» en la que «no buscaban causar bajas, solo enviar un mensaje de alerta para dejar claro que tienen la capacidad de golpear intereses estadounidenses en la región», lo que supone «todo un gesto de querer rebajar la tensión», para el analista ruso experto en Oriente Medio, Alexey Khlebnikov.

Aunque en un primer momento los medios iraníes elevaron a 80 los muertos causados en las bases de Ain Al Assad, en la provincia de Al Anbar, y de Erbil, en la región autónoma kurda, dos de las bases del Ejército de Irak que emplean los estadounidenses, tanto el Pentágono como el Gobierno de Bagdad informaron de que no sufrieron bajas alguna en sus filas. Donald Trump lo corroboró durante su posterior intervención. No hubo bajas y Washington captó el mensaje lanzado por la república islámica.

La primera respuesta de Irán fue una «bofetada en la cara» de Estados Unidos, en palabras del Líder Supremo, Alí Jamenei, quien afirmó que la venganza irá más lejos porque «la presencia corrompida de Estados Unidos en la región debe terminar». Esta es la idea central que repiten los dirigentes iraníes desde el asesinato de Suleimani el viernes en Bagdad. Nada más informar de los ataques contra Estados Unidos, el ministro de Exteriores, Javad Zarif, declaró que «no buscamos la escalada o la guerra, pero nos defenderemos de cualquier agresión» y explicó a través de las redes sociales que «Irán efectuó y concluyó medidas proporcionadas en defensa propia en virtud del artículo 51 de la Carta de la ONU».

En la operación ordenada por Trump para asesinar a Suleimani también murió el número dos de las milicias chiíes de Irak, las Unidades Movilización Popular, Abu Mahdi al Muhandis, y este grupo reaccionó de manera inmediata tras conocer los bombardeos iraníes y dijo que ahora llega su turno para vengar a su dirigente, que era el número dos de la organización. Los iraníes se mostraron comedidos en su respuesta, pero es una incógnita saber lo que son capaces de hacer estos milicianos que en el pasado, durante los primeros años de la ocupación, fueron la peor pesadilla de las tropas de Estados Unidos.

Irak, campo de batalla

El primer ministro de Irak, Adil Abdul Mehdi, aseguró que los iraníes le informaron antes de lanzar los misiles. Ni el jefe del gobierno, ni el presidente, Barham Saleh, condenaron esta acción, pero desde la presidencia sí se emitió un comunicado en el que pidió moderación y «autocontrol» para que los países que están protagonizando la escalada de tensión «no se dirijan a una guerra abierta que amenace a toda la región». Los iraquíes temen convertirse una vez más en el campo de batalla en el que potencias extranjeras dirimas sus diferencias. Quien sí condenó la respuesta de Irán al asesinato de Suleimani fue el presidente del Parlamento iraquí, Mohamed al Halbusi, quien mostró su rechazo “categórico” al ataque y pidió al Gobierno que tome «las medidas políticas, legales y de seguridad necesarias para detener tales acciones».

Trump supera, de momento, el asesinato de Suleimani con un ataque sin bajas a dos de las bases que usan sus tropas en Irak. El precio de esta operación, sin embargo, puede salirle más caro si finalmente los iraquíes llevan adelante la petición del parlamento al Gobierno para que ponga fin a la presencia de tropas extranjeras y se ve obligado a retirar a sus 5.200 hombres, una posibilidad ante la que el inquilino de la Casa Blanca ha reaccionado amenazando con sanciones.

Amenaza nuclear

Sin las dos potencias con ganas de un choque a gran escala inminente, Trump volvió a recuperar el discurso nuclear y alertó del riesgo de que Irán se haga con la bomba atómica. Un discurso del pasado y un riesgo que se había alejado gracias al pacto firmado en 2015 por su antecesor, Barack Obama, pero que del que salió de forma unilateral porque lo consideraba «el peor acuerdo de la historia». Según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Teherán cumplía lo firmado y accedía a unas inspecciones rigurosas, pero esto no era suficiente para un Trump que quería introducir cambios y extender las limitaciones al programa balístico. La retirada estadounidense y la vuelta de las sanciones mató un pacto que ha quedado enterrado tras el asesinato de Suleimani porque la república islámica anunció que dejaba de estar sometida a los límites pactados en el texto para el enriquecimiento de uranio. Un nuevo frente abierto por Trump que tiene complicada solución.