Semana crucial para la crisis de la reforma de las pensiones en Francia

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Corresponsal en París
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En París, solo funcionan «normalmente» un par de líneas de metro, automatizadas. El resto de la RATP (Régie autonome des transports parisiens, Ente autónomo de los transportes públicos parisinos) funciona regular, mal o muy mal, según las horas del día.

El tráfico de la SNCF (Société nationale des chemins de fer français, equivalente a la RENFE francesa) parece mejorar, mal que bien, con retrasos, imprevistos, para más de la mitad de los trenes que circulan por toda Francia.

Esa «perturbación» de los transportes tiene un costo económico creciente para las empresas públicas y afecta al resto de la vida nacional.

Hay previstas dos grandes jornadas de manifestaciones, antes del fin de semana.

Édouard Philippe, primer ministro de Emmanuel Macron, dirige varias rondas de negociaciones con la patronal y todos los sindicatos, esperando una solución antes del fin de semana que viene.

Ante una opinión pública irritada, resignada y amargada, sindicatos y gobierno intentan ganar por puntos la «batalla final».

El gobierno ha hecho y puede seguir haciendo concesiones, esperando que se acentúe la división sindical. Los sindicatos, por su parte, se han dividido en dos grandes «familias»: para unos, las concesiones de Macron pudieran facilitar el fin de la crisis; para otros, la crisis continuará hasta la «rendición» y retirada completa del proyecto de reforma del sistema nacional de pensiones. Macron se dice «sereno, pero determinado». Veremos.