Putin y Erdogan abogan por evitar «un nuevo incendio» en Oriente Próximo

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Moscú
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Tras visitar por sorpresa el martes en Damasco a su homólogo sirio, Bashar al Assad, el presidente ruso, Vladímir Putin, se reunió este miércoles en Estambul con el líder turco, Recep Tayyip Erdogan. Putin viajó a Turquía para inaugurar el gasoducto Turkish Stream, que abastecerá de gas ruso a Turquía y a varios países de Europa, pero, pocas horas después de llegar el martes por la noche a Estambul, se encontró con que Irán atacó dos bases militares estadounidenses en Irak. «La escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán nos causa profunda preocupación», señalaba la declaración que el presidente ruso y su anfitrión turco hicieron ayer tras las conversaciones.

A juicio de los dos mandatarios, la muerte del general iraní Qassem Suleimani «socava la seguridad y la estabilidad en la región». El comunicado subraya que «el uso de la fuerza por cualquiera de las partes no contribuye a hallar soluciones (…) más bien llevará a un nuevo ciclo de inestabilidad». «Instamos a todas las partes, por lo tanto, a actuar con moderación, sentido común y dar prioridad a la diplomacia».

Poco antes, en la inauguración del gaseoducto, Erdogan dijo ante Putin que «nadie tiene derecho a incendiar la zona. No dejaremos que, como país que habla con todas las partes, nuestra región se ahogue en sangre y lágrimas». El presidente turco anunció que trabajará con Rusia para evitar una escalada de violencia y que utilizará la «diplomacia telefónica» y a su ministro de Exteriores, Mevlüt Çavusoglu, que viajará este jueves a Bagdad.

El jefe del Kremlin, por su parte, aseguró que «existe una tendencia a que aumenten las tensiones en la región, pero Turquía y Rusia apuestan por lo contrario». La semana pasada, tras la muerte de Suleimani con un dron, Moscú condenó enérgicamente la acción estadounidense calificándola de «aventurera» mientras el Ministerio de Defensa ruso la tachaba de «corta de miras».

Discrepancias por Siria

Los militares rusos, que llevan interviniendo en Siria desde 2015, siempre han valorado altamente la figura de Suleimani, cuyos Guardianes de la Revolución colaboran en el país árabe con Moscú y Hizbolá en la consolidación del régimen de Assad.

Precisamente Siria fue otro de los puntos tratados este miércoles por Putin y Erdogan, cuyas posturas al respecto son discrepantes, especialmente en cómo debe atajarse el problema de Idlib, provincia que se ha convertido en el último bastión rebelde irreductible. Turquía reprocha a Rusia que apoye al Ejército sirio con bombardeos aéreos que están provocando la huida de miles de civiles hacia la frontera turca, pero no logró ayer, como quería Erdogan, que Putin aceptase un nuevo alto el fuego en Idlib.

Sin embargo, en cuanto a Libia, teatro de operaciones que también causa desavenencias e incluso antagonismo entre Moscú y Ankara, sí acordaron propiciar una tregua. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, anunció que Putin y Erdogan «mantienen un punto de vista unitario sobre la necesidad de un alto el fuego en Libia a partir de la medianoche del domingo día 12 de enero e instan a los beligerantes de todos los bandos a respetarlo».

Tras su aprobación en el Parlamento, Turquía envío la semana pasada a Libia sus primeros 35 efectivos en apoyo del Gobierno de Acuerdo Nacional que respalda la ONU, mientras que Rusia ayuda con unos 2.500 combatientes del grupo de mercenarios Wagner a la facción opuesta, al mariscal Jalifa Haftar. Este despliegue ruso ha sido duramente criticado por Erdogan, lo que no parece estar impidiendo que siga manteniendo buenas relaciones con Putin, al menos de cara a la galería.

Los dos dirigentes coinciden en brindar su apoyo a la conferencia internacional sobre Libia que deberá celebrarse este mes en Berlín. Además, especialistas rusos continúan con la construcción de la primera central nuclear en Turquía. El año pasado, Moscú suministró a Ankara lanzaderas de misiles S-400, lo que provocó serias tensiones con Washington y la OTAN.