Silencio

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El silencio parece ser la mejor respuesta para los que no quiere confesar que la verdad duele o les inculpa. El silencio es lo que el Gobierno de Pedro Sánchez pone en práctica cuando le preguntan algo que le incomoda. No importa si es Pablo Casado, Inés Arrimadas o cualquiera de sus socios de hoy y adversarios de ayer. El silencio es, ahora, la seña de identidad de un hombre que lleva al PSOE cuesta abajo y sin frenos.

Desde La Paz se veía en directo la sesión de investidura y se escuchaban los silencios del presidente en funciones, las no respuestas a preguntas sencillas y directas dejaban a los bolivianos amigos, que últimamente siguen la política española como si fuera propia, con un gesto de asombro inusitado.

Cuando salió a relucir en el Congreso la crisis de la Embajada (con los GEO, los diplomáticos etc) y el silenció siguió su curso con Sánchez al volante, en ese tren se subió Pablo Iglesias, mudo para lo que le conviene. A los que hasta hace nada eran los chicos de Podemos les conocen bien en La Paz. Como a los cubanos, venezolanos y hasta iraníes que se movían, en los catorce años de Evo Morales, por Bolivia como si esa tierra fuera suya. Qué poco hace falta para todos hayan desaparecido de la vista.

En una entrevista de TV3, sí de TV3, intentaron aprovechar hace unas semanas, el costado «revolucionario» de Evo Morales y se les ocurrió preguntarle por el referéndum de independencia. «Nunca, eso jamás», respondió el prófugo. El silencio, una vez más, se impuso entre los que esperaban sacar partido de la jugada.

Pedro Sánchez sella sus labios, esos que se le encogen hacía dentro y se reducen en un línea, cuando le preguntan sobre lo que no quiere confesar. Sánchez, como hizo en su día Evo, cree que si no habla de algo (amnistía, judicialización de delitos etc) es que no existe. Ese silencio es el que no le quita el sueño pero las pesadillas, aunque las ignore con su silencio, continúan.

Carmen de CarlosCarmen de CarlosCorresponsalCarmen de Carlos