La muerte del general Suleimani divide a EE.UU.

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Corresponsal en Washington
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La muerte en una operación de las fuerzas armadas norteamericanas de un general iraní al que Estados Unidos responsabiliza directamente de matar a cientos de soldados estadounidenses y de planear y ejecutar ataques por medio de milicias afines en todo Oriente Próximo, desde Líbano hasta Afganistán, no ha unido al país tras el presidente Donald Trump. Al contrario, las divisiones entre republicanos y demócratas se han exacerbado justo cuando el juicio político (‹impeachment›) contra Trump avanza en el Senado.

El momento es comparable a las operaciones en las que murieron Osama bin Laden, líder de Al Qaida, o Abu Bakr al Bagdadi, jefe del califato, pero con implicaciones mucho más graves para EE.UU. porque Irán ha tomado el ataque como una declaración de guerra. Los demócratas han acusado a Trump de actuar de forma temeraria, sin respetar los cauces habituales y negándose a informar previamente a los líderes del Capitolio.

La presidenta de la Cámara Baja del Capitolio, la demócrata Nancy Pelosi, ha tildado la operación de «provocadora y desproporcionada». «Con estos ataques aéreos corremos el riesgo de provocar un aumento de la violencia muy preocupante, y América y el resto del mundo no pueden permitirse un aumento de las tensiones hasta un punto de no retorno», dijo la veterana diputada demócrata, que ha pedido a la Casa Blanca que informe debidamente al congreso.

Permiso al Capitolio

Lo cierto es que el presidente debe pasar por el Capitolio para pedir autorización previa para una declaración de guerra, como sucedió con la invasión de Irak en 2003. Hay sin embargo excepciones relacionadas con la defensa nacional frente al terrorismo. Tanto el general Qasem Soleimani como las Brigadas Quds que este comandaba están en la lista oficial de grupos terroristas del gobierno de EE.UU. Trump no informó al Capitolio de la operación contra Al Bagdadi, por ejemplo.

Mientras los republicanos han celebrado la decisión de Trump, los demócratas se han alineado con su líder en el Capitolio y han condenado la operación por apresurada. Según el ex vicepresidente Joe Biden, «las explicaciones de la Administración son que con esta operación se prevendrán futuros ataques de Irán, pero el resultado será, con toda seguridad, el contrario». Según Biden, Trump «le debe una explicación a la nación». «El presidente ha lanzado dinamita en un polvorín», lamentó el actual candidato a la presidencia.

El líder de los republicanos en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, respondió a los demócratas que «Qassem Suleimani era un terrorista, responsable de la muerte de cientos de soldados y miles de civiles inocentes en Siria. Introdujo armas en Irak, que se emplearon para atacar a soldados estadounidenses. Hizo lo mismo en Yemen para prolongar una guerra civil. Y ha trabajado sin descanso para mantener al régimen de Al Assad en el poder mientras este masacra a su propio pueblo».

El presidente justificó su decisión ya en la mañana del viernes insinuando que Suleimani no era tan admirado dentro de Irán como parecía, y que de hecho hay facciones en el régimen que celebrarán sus muerte. «Debíamos haberlo quitado de en medio hace mucho tiempo», dijo el presidente en la red social Twitter.