Irán y sus aliados lloran la muerte de Suleimani y juran venganza contra EE.UU.

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Corresponsal en Jerusalén
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Irán llora la muerte del general Qassem Suleimani, abatido por un dron de Estados Unidos en la madrugada del viernes en el aeropuerto de Bagdad. La república islámica vive el primero de los tres días de luto decretados por el Líder Supremo, Alí Jamenei, quien anunció una «dura venganza» tras la muerte del jefe de la Fuerza Quds, entidad encargada de las operaciones exteriores de la Guardia Revolucionaria, tras un ataque en el que fallecieron además otras nueve personas, entre ellas el vicepresidente de las Unidades de Movilización Popular iraquíes, Abu Mahdi al Muhandis. Donald Trump, quien acusó a Suleimani de ser el responsable de la muerte de «miles de americanos» y, de forma indirecta, de «millones de personas» en la región, ordenó una acción con la que cruzó una línea roja que sus dos antecesores en el cargo no se habían atrevido por el temor a una escalada de tensión regional. El presidente estadounidense intensificó la presión sobre su gran enemigo, pasó de las sanciones por el programa nuclear a los ataques selectivos y señaló, vía Twitter, que Irán «nunca ha ganado una guerra, pero nunca ha perdido una negociación».

Los líderes iraníes y aliados de la república islámica en la región cerraron filas en torno a Jamenei, quien participó en la reunión de urgencia del Consejo de Seguridad Nacional y pidió «una respuesta decisiva y clara». Hasán Rohani señaló en un comunicado que «no hay ninguna duda de que la gran nación de Irán y otras naciones libres de la región se vengarán por este horrible crimen del criminal Estados Unidos». El ministro de Exteriores, Javad Zarif, calificó lo ocurrido de «acto de terrorismo internacional» y alertó sobre el riesgo de una «escalada extremadamente peligrosa e imprudente». Los Guardianes de la Revolución aseguraron que tras este asesinato se «inicia un nuevo capítulo a partir de hoy». En ciudades como Teherán, Shiraz o Yaz decenas de miles de personas se echaron a las calles tras la oración del viernes, pero fue Kerman, ciudad natal del general, el lugar donde primero se movilizó la población para despedir a este militar de 62 años, que durante dos décadas fue la persona clave de las operaciones de la Guardia Revolucionaria en el exterior. El cuerpo del militar sigue en Irak, pero está previsto que el funeral se celebre mañana (domingo) en Teherán.

Días muy tensos

La respuesta de Irán es una incógnita tan grande como la estrategia de Trump para el día después del asesinato. Los estadounidenses anunciaron el envío de 3.500 soldados más a la región y analistas como Ibrahim al Marashi, profesor de la Universidad de California, lamentaron «la más imprudente» de las decisiones adoptadas por Trump en política exterior. En un artículo publicado en Al Jazeera, Al Marashi extendió su análisis a la situación política que se vive en los últimos meses y lamentó que esta operación «da oxígeno al liderazgo iraní y sus aliados en Irak ya que refuerza el sentimiento nacionalista y desvía la atención de las protestas contra los gobiernos de Bagdad y Teherán».

El luto en Irán se extendió a Irak, donde los miembros y seguidores de las Unidades de Movilización Popular despidieron a Abu Mahdi al Muhandis, número dos del grupo y mano derecha de Suleimani en el país. Su lugar lo ocupará a partir de ahora Hadi Ameri, jefe de la organización Bader. Las autoridades temen que el país se convierta en el tablero en el que Irán y EE.UU. diriman sus diferencias y el presidente, Barham Salí, alertó de «las consecuencias de seguridad en Irak y en la región». El primer ministro, Adel Abdel Mahdi, fue más allá y aclaró que «llevar a cabo operaciones de ajuste de cuentas contra figuras de liderazgo iraquíes y de un país hermano en suelo iraquí constituye una violación flagrante de la soberanía iraquí y un ataque a la dignidad del país». Esto supone, según Abdel Mahdi, la violación del acuerdo sellado entre Washington y Bagdad por el que se permite la presencia de tropas estadounidenses en el país para luchar contra Daesh. El Parlamento iraquí, de mayoría chií, podría reunirse hoy mismo y votar la salida de las tropas norteamericananas de Irak. Si tal cosa ocurre, Irán quedaría como única potencia en el país y daría una última victoria, después de muerto, de Suleimani.

Muqtada Al Sader, otra figura clave en la vida política y militar del país desde 2003, llamó a sus combatientes a estar listos para «proteger Irak» y decidió reactivar al Ejército del Mahdi, la milicia que combatió contra los estadounidenses desde 2003 hasta 2008, año en la que el clérigo chií dio la orden de congelar las operaciones de un grupo que estuvo también implicado en la brutal guerra sectaria que sufrió el país tras la caída de Sadam Husein.