Fábula de Año Nuevo: España y Francia en la escena internacional

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Eran dos países vecinos y amigos. Sus historias se habían entrelazado a lo largo de los siglos -en ocasiones demasiado- y quizá por ello tenían dos sistemas políticos similares y eran socios en la construcción de Europa. Esos países, llamados Francia y España, tenían un peso muy diferente en la escena internacional. Francia quería seguir jugando a ser una potencia militar global y España quería tener un Ejército dedicado a las intervenciones humanitarias y poco más. En cuanto había un problema se quitaba de en medio. El presidente de Francia aspiraba a seguir manejando los hilos de la escena internacional. El presidente del Gobierno de España aspiraba a que la realidad internacional no impidiese que su pacto con comunistas e independentistas le permitiera seguir siendo presidente del Gobierno.

Porque un día, el presidente que se las auguraba felices gracias a sus pactos, en especial con la izquierda filo comunista, se llevó el susto de que sus nuevos compañeros le hablaban del grave peligro que corrían si un exministro boliviano refugiado en la Embajada de México en La Paz no era sacado de allí de inmediato. Ese ministro amenazaba con contar todo sobre las finanzas ocultas y otras actividades de sus amigos podemitas. Y éstos no podían permitirse el lujo de que esos datos fueran públicos. Esas informaciones también podían afectar a otros movimientos de la extrema izquierda internacional.

Así que el secretario de Estado para Iberoamérica tuvo la brillante idea de montar una operación rescate ejecutada por los geos españoles -un cuerpo de gran efectividad en la lucha contra la delincuencia y que siempre cumple órdenes. La chapuza en un país que está lejos de ser una potencia en ningún parámetro que se aplique, no pudo ser de mayores proporciones. Se envió a hacer una «visita de cortesía» a la encargada de negocios ad interim. Eso sin tener en cuenta que esos encargados de negocios jamás hacen «visitas de cortesía». Y se hizo la visita a las 8 de la mañana, lo que hacía todo más inverosímil. Incluso para la propia encargada de negocios que no estaba muy segura de lo que ocurría. Y claro, la presencia de cuatro encapuchados armados desató todas las alarmas. Nunca un encargado de negocios español había hecho una visita con medidas de seguridad así si no fuera por estar en un país o una ciudad en guerra. Y ésta es La Paz y en paz está. Mortadelo y Filemón lo hubieran hecho mejor. Pero el que tuvo la idea de este montaje podrá aducir ante el refugiado en la Embajada que ellos lo han intentado y que hay que darles tiempo.

Y mientras el presidente del Gobierno español reflexionaba sobre la urgencia de alcanzar un acuerdo de investidura con comunistas e independentistas -tanta urgencia como para celebrar la votación en pleno puente de Reyes- el presidente de la República Francesa disfrutaba las mieles de su triunfo.

A la gran Francia le habían derrocado un año atrás a una de sus figuras empresariales globales. El hombre que salvó la Renault y desde ella salvó la Nissan e incorporó a esa alianza a Mitsubishi. El Imperio del Japón no podía soportar que un extranjero hubiera demostrado los errores de gestión de una empresa de referencia nipona, pero mucho menos aceptaba que su rescate pasara porque Nissan quedara sometida de cualquier manera a Renault. Así que le habían montado unas acusaciones al presidente de Renault al que detuvieron e interrogaron durante semanas sin asistencia letrada e incomunicado. La Justicia japonesa tiene a gala que este tipo de procesos contra directivos de empresas acaban en condena en el 99 por ciento de los casos. La duda de un proceso justo era evidente. El detenido estaba en libertad vigilada y bajo fianza y no se le permitía hablar ni con su mujer ni con su hijo. Pero era un ciudadano francés.

La extracción

Así que el presidente de la República Francesa encargó a sus servicios que organizaran la extracción de su compatriota y lo depositaran en su país de origen, Líbano, que no por casualidad es un virtual protectorado francés. Con el secreto correspondiente se hizo la operación de enorme dificultad en una de las primeras potencias del mundo y con el detenido sometido a hípervigilancia. Aunque no la suficiente como para impedir que el domingo lo sacaran de su domicilio de arresto y el lunes por la tarde anunciara desde Beirut que estaba en casa. El embajador del Japón en Beirut asistía a una recepción y se le atragantó el whisky al conocer la noticia. El presidente de la República Francesa se cuidó mucho de apuntarse ningún tanto. Basta con que lo sepa quien tiene que saberlo.

España y Francia siguen siendo dos países vecinos, tan próximos en tantas cosas, pero tan lejanos en otras. Hay veces que una fábula tan real como la vida misma nos lo pone de manifiesto.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura