Bolsonaro se desinfla tras un año de constantes polémicas

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Corresponsal en Sao Paulo
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Un año cargado de polémicas y de conflictos ha dejado un gusto amargo en las evaluaciones que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha recibido al cumplir su primer año de mandato. La encuestadora Ibope, la más tradicional de Brasil, concluyó que el ultraderechista es el mandatario peor evaluado en su primer año desde Fernando Collor de Mello (1990-92), destituido a la mitad de su Gobierno.

Bolsonaro llega a los doce meses con un índice de satisfacción de apenas el 29%, empatado con Collor, que perdió popularidad al confiscar las cuentas de ahorros. Sin ninguna medida tan radical, Bolsonaro ha derretido su popularidad con polémicas dentro y fuera del país, en las que se ha enfrentado, e incluso ha insultado, a políticos, artistas, científicos y hasta presidentes extranjeros, desatando crisis diplomáticas como la que generó con el francés Emmanuel Macron, al decirle que la Amazonia era un problema brasileño en el que no tenía que meterse.

«Es un Gobierno muy difícil, el peor evaluado entre todos los presidentes en su primer año, y eso es muy raro», compara el politólogo Humberto Dantas, doctor de la Universidad de Sao Paulo (USP). «Se trata de un Gobierno que en pocos meses ya fue cuestionado con propuestas de destitución, que es sometido a apuestas sobre si termina o no el mandato, que ha perdido sustentación y popularidad en muy poco tiempo», analiza el investigador. Dantas se refiere a esas polémicas y otras, como pelear con los principales líderes del partido por el cual fue elegido, hasta el punto de salirse de él y tener que crear el suyo. En noviembre anunció la fundación de Alianza por Brasil, su décimo partido en tres décadas de carrera, que dirige al lado de sus hijos, por quienes también ha peleado a toda costa. «Es un Gobierno en conflicto, que es el propio conflicto», comenta el analista sobre un presidente de temperamento difícil.

Otro problema que contribuye a su descenso de popularidad es que Bolsonaro no se ha enfrentado a la corrupción, que fue uno de los temas que ayudó a su elección. «No hay un combate a la corrupción en su Gobierno. Al contrario, carga un pasivo gigantesco de sus hijos, llevándolos incluso al interior del poder», explica Dantas.

Por los hijos, Bolsonaro se ha peleado con políticos, con medios de comunicación y ha pedido incluso la intervención de jueces o presionado a legisladores para apartarlos del ojo de la tormenta. El mayor de ellos, el senador Flavio Bolsonaro, está envuelto en un escándalo de corrupción que ha salpicado al Gobierno. A su tercer hijo, el diputado Eduardo, llegó a presentarlo como candidato a embajador de Brasil en Estados Unidos, el puesto más importante de la carrera diplomática, por el hecho de «hablar inglés».

Ciencia y cultura

Otro punto de desgaste ha sido la carga ideológica con la que Bolsonaro y algunos de sus ministros vienen atacando temas como la ciencia, la cultura y la educación, sectores que generaron las primeras protestas contra su Gobierno en el primer trimestre. En esas áreas han sido constantes los ataques a intelectuales y se han realizado cortes financieros que han golpeado a las universidades y a la vida cultural.

«Es lamentable y peligroso el desgobierno que Bolsonaro viene realizando. Ha sido un año de un retroceso enorme en la cultura», reclama el actor y productor cultural Fernando Trauer, que compara las estrategias de censura y maniobras del Gobierno con los tiempos de la dictadura militar, cuando se reprimía la libertad de expresión bajo el camuflaje de la «moral y preceptos cristianos», uno de los argumentos del mandatario que se ampara en sus electores neopentecostales, uno de los grupos conservadores que crece con fuerza en Brasil.

Para Dantas, esa ha sido una de las fortalezas de Bolsonaro, la de ser capaz de dialogar con un grupo de un conservadurismo exacerbado, que no se sentía representado por el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula da Silva, que antes de ser investigado por corrupción, tenía una popularidad altísima, del 83%.