Turquía amplía su política expansionista militar en Oriente Próximo

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Corresponsal en Roma
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Están siendo unas Navidades de sangre en Trípoli, la capital de Libia, un país en guerra civil desde hace ocho años y en caos total tras la revolución que produjo la caída del dictador Muammar Gadafi en el 2011. Desde entonces, allí no conocen la paz. Ahora, el conflicto se alarga, porque se dispone a intervenir el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, con el envío de soldados en apoyo del gobierno de Trípoli, encabezado por Fayez al Sarraj y avalado por las Naciones Unidas y la comunidad internacional.

El débil Ejecutivo de Trípoli se ve asediado por las tropas del general rebelde Jalifa Hafter, que ha aumentado su presión militar desde el mes de abril. De este clima de inestabilidad, quiere sacar provecho el presidente Erdogan, relanzando la carta del expansionismo económico-militar turco del Mediterráneo.

Fracasado el golpe militar que sufrió en el 2016 y fortalecido por la victoria de referéndum constitucional al año sucesivo y sus campañas militares en el norte de Siria, Erdogan se lanza ahora al enésimo desafío para obtener una posición de privilegio en el Mediterráneo, con el objetivo añadido de buscar la legitimación de Turquía al acceso de las reservas de hidrocarburos. El gobierno de Trípoli pidió formalmente la intervención turca, para que le diera apoyo militar «por tierra, mar y aire» contra el Ejército del general Jalifa Hafter.

El envío de soldados tiene ya una fecha. La ha revelado el presidente Erdogan durante un encuentro con miembros de su partido: «Tenemos una invitación para el envío de tropas y la aceptaremos tan pronto como el parlamento reinicie sus trabajos. Si Dios lo quiere, la propuesta pasará en el parlamento el 8 o 9 de enero». La noticia fue acogida con alarma en Egipto, que apoya al general rebelde Hafter, y en Europa, porque se teme un inevitable aumento de la escalada militar. También tiene sus reservas el presidente Putin, aunque Erdogan le ha replicado: «Basta con las ayudas a Haftar, es un general rebelde responsable de la guerra».

La situación preocupa especialmente a Italia, país que tiene grandes intereses petrolíferos en Libia. Teme además que un incremento de la inestabilidad haga aumentar la salida de pateras de inmigrantes hacia las costas italianas. De ahí que el ministro de Asuntos Exteriores, Luigi Di Maio, viajara oficialmente a Trípoli el pasado 17 de diciembre, para entrevistarse con el premier Fayed al Sarraj. Di Maio manifestó que el único camino para encontrar una solución debe ser la diplomacia: «Hay que excluir la vía militar», dijo el ministro italiano, pero la realidad parece mucho más complicada.

La solución diplomática consiste en la organización de la conferencia de Berlín, en la que trabaja Alemania con el apoyo de Naciones Unidas. Alemania, Francia e Italia mantienen contactos para que esa conferencia se celebre a finales del próximo mes de enero, con el objetivo de lograr un cese el fuego y de que se reanuden las negociaciones de paz. Se trabaja contra reloj en esa conferencia, porque el general Haftar ha anunciado que desea lanzar un ataque final para conquistar Trípoli. Si eso se produjera, «se corre el riesgo de que haya un baño de sangre en la capital libia porque se lucharía en la calle cuerpo a cuerpo», ha manifestado Ghassan Salamé, enviado especial de la ONU en el conflicto.

El problema para Europa y Naciones Unidas es que han sido testigos lejanos de la guerra civil libia y han perdido su influencia en el país, viéndose suplantados por otros actores regionales e internacionales, como Turquía y Rusia. De ahí el reciente viaje del ministro de Exteriores italiano a Trípoli para buscar, en nombre de Europa, recuperar la influencia perdida.

Los analistas consideran que podría ser demasiado tarde, porque el juego se ha hecho muy complicado y difícil. Incluso la tradicional disputa de Francia e Italia por granjearse la simpatía del gobierno de Trípoli parece hoy superada por la realidad de los hechos sobre el terreno.

El general rebelde Haftar no tiene ninguna intención de sentarse en la mesa de negociaciones. El avance de sus tropas hacia Trípoli pone en riesgo y condiciona la conferencia de Berlín, porque hoy se está imponiendo a la diplomacia el lenguaje de las armas. En definitiva, el conflicto libio ha adquirido ya una dimensión internacional. La guerra civil se está transformando en conflicto regional. Desde finales de octubre, los rusos han entrado de forma masiva apoyando al general Haftar tanto con mercenarios como con el envío de armas, lo que está creando cada vez más dificultades al gobierno de Trípoli. Al Sarraj confía ahora, más que en Europa y en la diplomacia, en las tropas que le ha prometido Erdogan.