La campaña contra la pirotecnia une manos

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El 31 de diciembre, José García cambia el ruido de los torpedos y camaretas y el olor a pólvora, por el bramido de las olas y el olor salobre de Playas. Nunca le ha gustado la pirotecnia y por eso se alegró cuando la mañana del 26 de diciembre vio el Monumento a la Hospitalidad Guayaquileña.


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Su almacén está ubicado en la avenida de las Américas, justo frente al enorme par de manos que se entrelazan. Desde la noche del pasado 25 de diciembre, una de las extremidades está cubierta por vendaje y curitas, simulando una herida por pirotecnia.

Esta iniciativa del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil es una de las múltiples estrategias contra el uso de explosivos que diferentes instituciones llevan a cabo durante diciembre. Ana Soria, coordinadora del Área de Quemados del hospital Roberto Gilbert, indica que justamente son las manos y los niños los más afectados por los explosivos. El 25 de diciembre pasado tuvieron un niño quemado.

Según estadísticas de esa casa de salud, los más propensos son los menores de 4 a 13 años de edad. El 90 % de los afectados manipularon camaretas, volcanes, cohetes o tumbacasas.

Sin embargo, pese a que se difunden los diferentes peligros que representa manipular estos objetos, la cifra de infantes hospitalizados en el Roberto Gilbert aumenta cada año.

En 2015 hubo 9 afectados; en 2016, 13; en 2017, 9; en 2018, 12; y en lo que va del 2019 hay 4 niños ingresados por quemaduras y 3 atendidos de manera ambulatoria por fuegos artificiales.

Soria indica que lo simple es no dejar que los menores de edad jueguen con estos productos. No obstante, si en algún hogar ocurre un accidente, aconseja llamar a las instituciones especializadas en tratar quemaduras de niños, que son el hospital Roberto Gilbert y el Francisco Icaza Bustamante.


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Mientras llegan los organismos de socorro, añade, en casa se tiene que alejar al infante del agente que lo lastima y, para bajar la temperatura de la piel, aplicar agua al ambiente. “No helada o hielo, ni ningún otro tipo de sustancia”, aclara.

Hans Huerta, subcoordinador de prevención de incendios del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, menciona que la campaña que ha realizado la institución este año se llama ‘Mantengamos esta época en casa’, para evitar que integrantes de la familia pasen fin de año en el hospital y no en el hogar. “El año pasado fueron 47 los casos reportados por cuatro hospitales”, detalla.

Entre diciembre del 2018 y enero del 2019, no se registraron amputaciones de extremidades a causa de manipulación de explosivos.

La estrategia se reforzará en las zonas más vulnerables, ya que el 80 % de los afectados provienen de zonas urbano-marginales de Guayaquil.

El bombero coincide con Soria en que lo ideal sería no adquirir ningún tipo de explosivo y no jugar con fuego.

“Pero si ya está muy arraigada la tradición de quemar el año viejo, hay que tomar todas las precauciones”.

Capitán Hans Huerta
​Subcoordinador de prevención de incendios del Cuerpo de  Bomberos

Entre ellas, está la de rociar con agua los residuos del ‘añoviejo’ hasta constatar que esté apagado. “Recordemos que hay muchísimos casos de accidentes por explosivos que no están apagados y de brasas que quedan encendidas y son transportadas por el viento”, sostiene.