El hijo de la periodista asesinada en Malta: «El primer ministro, Joseph Muscat, actúa como un emperador»

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Madrid
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Cuando Daphne Caruana Galizia anunció a su hijo Matthew que iba a salir de casa, llevaba en la cabeza coger el coche, acercarse al banco y arreglar un desaguisado en sus cuentas. Después de muchos años de trabajo intenso, la periodista más famosa de Malta no pensaba en retirarse. A sus 53 años, se dedicaba a su oficio con premura, con el mismo cuidado y afecto que ofrecemos a los seres queridos, y estaba decidida a seguir en esa tarea con el entusiasmo de siempre, a pesar de las presiones por haber destapado varios casos de corrupción. Sus artículos en « Running Commentary», el blog que había abierto en 2008 y donde escribía con frecuencia, en ocasiones con una ironía que desmostraba que no se arredraba a la primera de cambio, eran muy seguidos por los ciudadanos de la isla. Como si fueran arietes, sus investigaciones derribaban las puertas de las cloacas, permitiendo que los malteses se asomaran a ellas y se sorprendieran con el desfile de políticos y empresarios que cerraban sus tratos en un espacio tan lúgubre. Por ese desempeño, Daphne había recibido amenazas. El muro que rodeaba su hogar, y que tuvo que atravesar ese 16 de octubre de 2017, después de despedirse de Matthew y antes de alcanzar su vehículo, recordaba que el peligro estaba al acecho. Desde la distancia, un delincuente llamado Alfred Digiorgio vigilaba sus pasos.

Su madre decía que algunas de las críticas que recibía eran especialmente crudas por ser mujer—, pregunta ABC a Matthew Caruana (1986), el hijo mayor de Daphne Caruana, que también se dedica al periodismo, durante una conversación telefónica.

Sí, eso es cierto. Malta es un país muy misógino y había hombres que se sentían heridos por las investigaciones de mi madre, por el simple hecho de que era mujer. Que una mujer desvelara su corrupción, hacía que la herida fuera más grande—, contesta.

Intentaron quemar su casa y mataron a dos de sus perros con veneno. Parece que las amenazas no eran una novedad en sus vidas.

Creo que la primera vez que quemaron la puerta principal de nuestra casa fue en 1996. En esa época, mi madre estaba escribiendo sobre la relación entre el jefe del Ejército y un traficante de cocaína. Todavía creemos que fue la gente de ese narcotraficante la que quemó la puerta. Pero la Policía, me parece, nunca arrestó a nadie. En 2006, volvieron a quemar la puerta, pero en esa ocasión fueron neonazis.

Daphne Caruana Galizia, aquí en una fotografía tomada en 2011, era una de las periodistas más conocidas de Malta
Daphne Caruana Galizia, aquí en una fotografía tomada en 2011, era una de las periodistas más conocidas de Malta – Reuters
«Malta es un país muy misógino, y había hombres que se sentían heridos por las investigaciones de mi madre. Que una mujer desvelara su corrupción, hacía que la herida fuera más grande», explica Matthew, el hijo mayor de la periodista asesinada

A lo lejos, Alfred Digiorgio se percató de que la periodista se dirigía a su coche, así que descolgó el teléfono y llamó a su hermano, George, que esperaba una señal. Durante la madrugada, ambos habían depositado una bomba en el coche de Daphne con la ayuda de su amigo Vincent Muscat, un tipo sin parentesco con el primer ministro maltés, a pesar de compartir el mismo apellido. A ninguno de los tres secuaces les movía el odio. Solo eran sicarios que cumplían órdenes a cambio de un botín. En verano, un taxista llamado Melvin Theuma se había puesto en contacto con ellos, explicándoles que había gente importante que quería acabar con la vida de Daphne. Si lo conseguían, recibirían 150.000 euros. Aceptaron. Primero, los hermanos Digiorgio y Muscat pensaron que lo mejor sería dispararle con un rifle mientras trabajaba con su ordenador. Aunque llegaron a comprar el arma, terminaron echándose atrás, temiendo que ese método le pusiera las cosas demasiado fáciles a la Policía. Su siguiente idea fue emplear una bomba. Era una misión difícil, porque Daphne solía aparcar su coche dentro del muro que rodeaba su hogar. Hasta el 15 de octubre, cuando la mujer estacionó el vehículo fuera, dejándolo a su alcance, los asesinos no pudieron salirse con la suya. Esa noche, mientras George y Vincent se encargaban de vigilar los alrededores, Alfred colocó los explosivos.

A través de su blog, su madre había hecho públicas varias tramas de corrupción en Malta.

Sí. En 2013, hubo elecciones generales, y una parte clave de la campaña electoral de Joseph Muscat fue convertir la única planta eléctrica de Malta en una de gas. Muscat ganó la elección y empezó con el plan. El gas se iba a comprar a la compañía estatal de Azerbaiyán. Mi madre creía que había corrupción en ese acuerdo. Cuando yo estuve trabajando en el International Consortium of Investigative Journalists, recibimos la filtración de los Papeles de Panamá. Nos dimos cuenta de que el jefe del Gabinete del primer ministro, Keith Schembri, y su ministro de Energía, Konrad Mizzi, habían abierto compañías con ventajas fiscales en Panamá. Mi madre logró conectar ese blanqueo de dinero con la corrupción en el acuerdo para la nueva planta eléctrica. Fue la investigación más importante de toda su carrera.

Tres sicarios, los hermanos Alfred y George Digiorgio y Vincent Muscat, fueron los brazos ejecutores del asesinato. Por el crimen, recibieron 150.000 euros, tal y como les había prometido el intermediario, un taxista llamado Melvin Theuma

Después de recibir la señal de su hermano, George cogió un teléfono móvil y mandó un mensaje de texto, activando la bomba que convirtió el coche de la periodista en una cáscara de metal envuelta en llamas. Matthew, que escuchó la explosión desde su casa, se temió lo peor, y salió corriendo para intentar auxiliar a su madre, dando cada zancada con la angustia del que sabe que le espera un desenlace infeliz. Durante estos dos años, varios medios han publicado su testimonio sobre lo que ocurrió ese día. Después de escucharlo, resulta difícil no enmudecer. Recordar esa experiencia no parece un trago fácil, pero el hijo de la periodista lo pasa para dar a conocer la crueldad de los asesinos e impedir que los culpables queden impunes. «Había una bola enorme de fuego -explicaba al periódico británico The Guardian, hace meses, en un vídeo-. Parecía, no sé, como el fuego del infierno. Era horrible. Sonaba la bocina a todo volumen. Había partes del cuerpo por el suelo. El sentimiento de frustración era abrumador. Ser incapaz de hacer algo».

Al fondo, el coche de la periodista Daphne Caruana Galizia, reducido a un amasijo de hierros después de la explosión que acabó con su vida
Al fondo, el coche de la periodista Daphne Caruana Galizia, reducido a un amasijo de hierros después de la explosión que acabó con su vida – AFP

¿Considera que la Policía está trabajando activamente en la investigación, o por el contrario tiene miedo?

Hay una diferencia. Parte de la Policía sí quiere hacer su trabajo, como el investigador principal, que es el jefe de los investigadores de homicidios. Él quiere investigar, pero no tiene mucho poder. El problema son los jefes de la policía que trabajan al nivel del primer ministro y los ministros. Nosotros tenemos fe en los investigadores a nivel más bajo.

Da la impresión de que no hay una división real de poderes en Malta.

Todo está muy controlado por el primer ministro, Joseph Muscat. Es como un emperador.

¿Cómo ha logrado acaparar tanto poder?

Hay muchas debilidades en nuestras leyes, especialmente en la Constitución. Lo que pasa es que Muscat es el primer líder de mi generación que ha abusado de ellas.

Dificultades para investigar

A finales de 2019, se produjeron avances en la investigación del asesinato de Daphne. El 21 de noviembre, la Policía detuvo a Yorgen Fenech, un empresario que tenía negocios en el mundo de la energía y era propietario de varios casinos. El arresto se produjo en su yate, donde había embarcado con la intención de huir de Malta. Días más tarde, el 1 de diciembre, los investigadores concluyeron que Fenech había ordenado y financiado la muerte de la periodista, pagando a los sicarios que habían puesto la bomba en su coche. Acosado por las críticas, la presión en las calles y el asombro internacional, el primer ministro, el laborista Joseph Muscat, anunció que dimitiría a principios de enero. Mientras tanto, dos de sus ministros, Konrad Mizzi y Christian Cardona, habían abandonado sus carteras por su relación con el escándalo. El vínculo más vergonzante de la trama se descubriría poco después. Era el que unía a Keith Schembri, el jefe de Gabinete de Muscat, con Fenech. El empresario acusó a Schembri de haberle propocionado información sobre el estado de las pesquisas, utilizando su influencia para manterle al tanto de los pasos que daban los agentes.

De izquierda a derecha, el primer ministro de Malta, Joseph Muscat; su ex jefe de Gabinete, Keith Schembri, y el empresario Yorgen Fenech, acusado de instigar y financiar el asesinato de la periodista Daphne Caruana Galizia
De izquierda a derecha, el primer ministro de Malta, Joseph Muscat; su ex jefe de Gabinete, Keith Schembri, y el empresario Yorgen Fenech, acusado de instigar y financiar el asesinato de la periodista Daphne Caruana Galizia – Reuters / ABC

¿Cómo recibió su familia el anuncio de la futura dimisión de Muscat? ¿Les parece suficiente?

Para nosotros, fue un alivio, pero no va a ser un alivio completo hasta que se vaya de verdad, porque todavía no ha renunciado y sigue siendo el primer ministro. Todo el mundo sospecha que se queda en el cargo para controlar las cosas y proteger a sus amigos implicados en el asesinato.

¿Creen que Muscat está obstaculizando la investigación?

Hay falta de liderazgo por parte de la policía y de los políticos que no son corruptos y pueden hacer algo, pero que deciden no hacerlo para proteger a sus amigos, respetando la cultura de la «omertà», de ocultar las cosas por los intereses del partido. También hay gente y políticos corruptos que están bloqueando las investigaciones, ocultando cosas o haciendo todo lo posible para que no avance.

Se está demostrando que el periodismo de investigación tiene el poder de cambiar las cosas, al menos.

Sí, pero si los activistas y la sociedad civil no juegan su parte, no puede avanzar. Que los periodistas revelen cosas y verdades es, simplemente, algo normal en una democracia, donde la gente también tiene una responsabilidad.

El pasado 1 de diciembre, los malteses salieron a la calle en Malta, gritando «¡Daphne tenía razón!» o «¡Gracias, Daphne!». Su hijo destaca la importancia del movimiento cívico en el avance de las investigacioens

Hace un par de semanas, cuando Matthew acudió a la presentación del informe anual de Reporteros Sin Fronteras en Madrid, recordó que el movimiento cívico que ha surgido en la isla, dedicado a denunciar el asesinato de su madre y expresando un firme rechazo por la corrupción del Gobierno, ha resultado clave en el esclarecimiento del caso, con unas investigaciones que marchan, en apariencia y a pesar de todos los obtáculos, por buen camino. La labor incansable de la familia de Daphne ha tenido mucho que ver en esa evolución favorable de los acontecimientos. También el apoyo popular, con las manifestaciones de ciudadanos que han tomado las calles de La Valeta al grito de «¡Daphne tenía razón!» o «¡Gracias, Daphne!». Previsiblemente, la mordaza de corrupción que estrangula a la isla se deshará gracias a las pesquisas.

Para concluir, me gustaría que describiera a su madre, que me contara cómo era, cómo encaraba su profesión.

Creo que la mejor manera de describirla es recordando que era una persona muy lógica, pero al mismo tiempo con mucha pasión. Siempre lo dio todo por su trabajo. Por ejemplo, cuando decidió lanzar el blog, no se conformó con actualizarlo una vez por semana, sino que se esforzaba en en hacer sus investigaciones y mantenerlo bien. Todo lo que hizo, fue con mucho trabajo.

Memorial en recuerdo de la periodista Daphne Caruana en La Valeta
Memorial en recuerdo de la periodista Daphne Caruana en La Valeta – Reuters