Chuletones, golf y puros: la vida de lujo de varios líderes sindicales de EE.UU.

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Corresponsal en Nueva York
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Este otoño, el sindicato Trabajadores Unidos de la Automoción (UAW, en sus siglas en inglés), mostró su músculo en una huelga que paró la producción de General Motors, una de las principales compañías de EE.UU., durante cuarenta días. El paró le costó a la empresa una pérdida de beneficio de cerca de 3.000 millones de dólares y consiguió algunas mejoras laborales para los trabajadores, aunque no cambiar el problema estructural para la plantilla estadounidense: evitar que buena parte de la producción se desplace a economías más baratas, como México.

Quien navegó al sindicato hacia esa movilización brutal fue Gary Jones, un veterano sindical que ascendió a presidente de la organización este mismo año. Ahora, cada vez hay más evidencias de que, mientras apretaban a sus socios para mantener su poder negociador, Jones, su antecesor -Dennis Williams- y otros miembros de la cúpula participaban de prácticas corruptas y despilfarraban el dinero del sindicato en lujos: desde estancias en mansiones durante meses en Palm Springs, a cenas opulentas o rondas de golf.

Los escándalos han asediado a UAW en lo últimos años: desvío de fondos de un centro de formación en colaboración con Fiat Chrysler, financiación de campañas electorales y, el último, una demanda interpuesta por General Motors en noviembre contra Fiat Chrysler. Según la compañía, la demandada sobornó a líderes del sindicato para obtener mejores condiciones que General Motors en sus convenios laborales y para forzar la fusión entre ambos gigantes de la automación.

La corrupción es un problema sistémico en los sindicatos de EE.UU. y los problemas contemporáneos son irrisorios comparados con los que sacudieron a estas organizaciones en las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo, cuando los líderes sindicales gozaban de gran poder político (una época refrescada en la memoria de los estadounidenses este otoño con la película «El irlandés», donde uno de los protagonistas es James Hoffa, un líder de transportistas interpretado por Al Pacino).

Las demandas a las que ahora se enfrenta UAW, sin embargo, son una ventana abierta a la vida de lujo que se han procurado los líderes sindicales en medio de escándalos y movilizaciones. En una de ellas, se asegura que Jones gastó 13.000 dólares en un solo día en puros en una tienda de Arizona en diciembre de 2015. El sindicalista no era todavía el presidente de la organización, pero aspiraba a serlo. Tampoco le gustaban mucho los puros. El jefe entonces, Dennis Williams, era un aficionado y buscaba cortejarle para ganarse el título de heredero.

La demanda acusa a Williams de estar detrás de una cultura de opulencia en la cúpula del sindicato, en la que se despilfarró un millón de dólares entre 2014 y 2018. Mientras los trabajadores se pelaban de frío en invierno en las fábricas de Michigan o Pensilvania, él se pasaba meses enteros en una villa alquilada por el sindicato en Palm Springs, California, a 5.000 dólares el mes. Allí negociaba convenios y manejaba las guerras internas del sindicato. Muchas veces mientras jugaba al golf bajo el sol californiano. Hasta 80.000 dólares se gastó el sindicato en rondas de golf, bolsos de palos, zapatos, gafas y ropa deportiva para la cúpula de la organización. El material después de mandaba a Michigan.

Jones, que fue contable del sindicato antes de llegar a la cúpula, fue el encargado de montar una «cuenta maestra» donde los líderes cargaban sus caprichos. Por ejemplo, una cena en un asador de 6,500 dólares, que incluyó 1.760 dólares en cuatro botellas de champán. La «cuenta maestra» también incluía estancias en el hotel Renaissance Palm Springs para sindicalistas que acudieron a negociar un convenio con Fiat Chrysler y 25.000 dólares en comidas solo en enero de 2015.

«Hubo una cultura de actividades corruptas que se extendió durante años», aseguró a The New York Times Mathew Schneider, el responsable de la fiscalía de Detroti, que lidera una de las investigaciones contra UAW. «El propósito del sindicato no es servir a sus líderes, sino servir a sus miembros».

Jones tuvo que dejar la presidencia de UAW en noviembre, sacudido por los escándalos. Una redada policial en su casa encontró 30.000 dólares en efectivo. Le ha sustituido Rory Gamble, otro veterano que ahora promete conseguir un «sindicato limpio».