Salud, a la cabeza de las peticiones al Divino Niño

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La sonrisa de Janette Pérez destacaba entre la multitud. Estaba feliz, sobre una silla de ruedas, de la mano de su novio. Ella fue una de las miles de personas que asistieron este miércoles 25 de diciembre en la tarde a la procesión del Divino Niño, en el cantón Durán.


procesión divino niño

La procesión del Divino Niño en Durán atrajo a miles de devotos

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Hace un año a esta maestra, de 36 años de edad, le detectaron una enfermedad genética que la postró en la cama por varios meses y que le ha impedido caminar. “Hubo momentos en los que no tenía esperanza de seguir viviendo”, recordó.

Aunque considera milagrosa su recuperación y reza por eso, lo que más quiso agradecerle al Niño Dios fue la dicha de contar, durante esa difícil etapa, con el apoyo de su compañero. Su historia era una más de las peticiones y agradedicimientos de quienes acudieron al evento que festeja el nacimiento de Jesús cada 25 de diciembre desde hace 24 años.

Fortalecer la fe, pedir salud y agradecer milagros fueron los motivos que movieron a casi 50.000 feligreses -según esperaban los organizadores- que caminaron por 20 cuadras, con cánticos y villancicos bajo un sol abrasador, cuyo efecto era refrescado en ciertos tramos por los bomberos con chorros de agua.

El recorrido, que inició en la antigua estación del ferrocarril, en el centro de Durán, concluyó con una misa en la iglesia Divino Niño. Lo presidió una carroza que portaba una figura del infante Jesús y proyectaba los 10 años de la diócesis.

La devoción atrajo a católicos, incluso, desde otros cantones y provincias. “Vine de Cuenca. Cada año asisto para darle gracias por un año más de vida”, narró Nancy Arias, de 55 años, quien cojeaba por una várice inflamada y cargaba un figura del Niño Dios de medio metro entre la multitud.


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Macará, en manos del Divino Niño

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Muchos de los feligreses llegaron desde Guayaquil. Fue el caso de Juliana Salazar, quien se hizo devota después del incendio de 1997 que consumió gran parte de la Bahía del puerto, pero que no dañó el santuario del Divino Niño.

“Trabajaba allí en esa época y no podía creer que a él no le pasara nada. Desde entonces junto con otros cientos de trabajadores nos hicimos devotos”, recordó entusiasmada.

Justamente ahí en la Bahía de Guayaquil la procesión se replicó. Soanny Flores fue una de las 500 personas que cada año se reúnen en ese sector céntrico de Guayaquil para peregrinar.

Flores, de 21 años, se sintió especial en esta Navidad, porque el Niño Dios le otorgó un milagro, dice con firmeza inamovible. “Fue mi oportunidad de vida”, agregó.

A inicios de 2019, los doctores le detectaron un osteosarcoma (cáncer óseo) en el húmero del brazo izquierdo. “Era muy riesgosa la intervención que me realizaron porque el tumor estaba abarcando totalmente el hueso y tomando las arterias de mi corazón y de la movilidad”, relataba mientras derramaba algunas lágrimas.

Ahora ella está en recuperación, la operación fue exitosa; pero cree que se debió a las oraciones de su familia y a la fe que ella tiene. En agradecimiento, Flores caminó este 25 de diciembre en la tradicional procesión del Divino Niño de la Bahía junto a su familia.


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Este recorrido inició a las 16:00, luego de una misa en la iglesia San José, situada cerca a la Bahía, en la calle Eloy Alfaro. Lo feligreses avanzaron por Ayacucho hasta llegar a la calle 19 y Portete, donde está situada la iglesia Nuestra Señora de Fátima, explicó Simón Naranjo, presidente de la confraternidad del Niño de la Bahía.

Cerca a Flores, la devota Luz Chica levantaba, la tarde de este miércoles, una pequeña imagen del Niño Jesús. Fue la primera vez en la que ella se unió a esta procesión, las otras veces había caminado en la de Durán.

“Mi hijo me animó a venir acá. Algo me dijo que sería mejor que venga a esta. Dios lo quiso de esta manera, me ha gustado”, explicó mientras se secaba la frente del sudor.