El nuevo camino que lleva a Belén

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Corresponsal en Jerusalén
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No hay un minuto que perder. El reloj avanza, se acercan los días más importantes del año en Belén y las obras no se han terminado ni en la calle de la Estrella, la ruta que según la tradición siguieron José y María hasta llegar al portal donde nació Jesús, ni en la Basílica de la Natividad, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco. El trabajo de los últimos años ha hecho que el organismo internacional los saque de la lista de «patrimonio en peligro» en el que ingresaron en 2012 tras la solicitud de «protección especial» por parte de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Las obras avanzan con rapidez y la afluencia de turistas ha obligado a los responsables a ampliar el horario de apertura de la Natividad hasta las ocho de la tarde para dosificar las visitas y regular las colas. El ministerio de Turismo palestino es optimista y piensa que puede cerrar el año superando los 1,5 millones de visitas de 2018.

La mayoría de grupos de turistas llegan en autobuses. Aparcan junto a la plaza del Pesebre, presidida ahora por un enorme árbol de Navidad, los peregrinos bajan, entran directos a la iglesia, hacen la cola pertinente para ver la gruta del nacimiento y se van.

«En la inmensa mayoría de casos se trata de una visita de apenas 4 horas en total en la que el turista solo nos deja basura, porque el turoperador israelí no les permite ni parar en las tiendas para comprar recuerdos, de forma que hacen todo el gasto al otro lado del muro», lamenta Fadi Kattan, responsable de Hosh Al Syrian, una antigua casa restaurada en plena ciudad vieja convertida en restaurante y minihotel de 12 habitaciones. Kattan califica Belén de «prisión», debido al impacto del muro de separación y la expansión sin freno de los asentamientos israelíes, ilegales desde el punto de vista de la legislación internacional.

Guerra al turismo exprés

Las autoridades de Belén, elegida como capital de la Cultura Árabe el próximo año, trabajan para que este tipo de turismo exprés cambie. En la calle de la Estrella los operarios colocan nuevos adoquines, pintan las persianas metálicas de las tiendas y se esmeran por mejorar las fachadas de piedra blanca de estas casas levantadas en el siglo XIX.

Es la tercera vez en las últimas dos décadas que se restaura un lugar que antes de antes de 2001 contaba con un centenar de tiendas. El estallido de la Segunda Intifada y el descenso del turismo hicieron que la mayoría cerrara sus puertas. Los primeros que apoyaron las obras fueron los españoles a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (Aecid), después llegó el turno para la cooperación estadounidense y ahora es Rusia quien sufraga el coste de la que se espera sea la definitiva restauración de este lugar emblemático para la ciudad y el cristianismo.

Algunos grupos se aventuran por esta ruta en obras y en algunos tramos deben ponerse en fila de a uno para poder avanzar. Se trata de un recorrido de unos minutos que desciende de forma suave hasta la plaza del Pesebre. La primera parte transcurre en absoluta calma y silencio, pero el tramo final atraviesa una zona comercial en la que el peregrino está rodeado a derecha e izquierda por comercios de todo tipo, desde los que recibe las llamadas de los vendedores. En la plaza espera el punto fuerte de la visita: la Natividad.

Los andamios ya han desaparecido del exterior del templo. Después de seis años de intensos trabajos, el final previsto para las obras era este mes de diciembre, «pero no ha podido ser, calculo que apenas nos queda un 15%, pero necesitamos 2,5 millones de euros más para concluir y hasta que tengamos el dinero no podemos establecer una nueva fecha. Esperemos que no tarde mucho y que las gestiones de nuestras autoridades den frutos rápido», informa Imad Nassar, miembro del equipo encargado de la restauración de este templo del siglo IV después de Cristo, levantado por orden del emperador romano Constantino I.

La Natividad ha sobrevivido a quince terremotos, invasiones, incendios, disputas entre sus tres inquilinos (Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa Griega y la Iglesia Apostólica Armenia), y al encierro durante 39 días de 200 palestinos en 2002.

Ahora sale a luz una procesión de ángeles bizantinos que durante siglos fueron los encargados de señalar a los recién llegados el pesebre, donde tradicionalmente se cree que nació Jesús, y que recuperan su esplendor en pleno siglo XXI con sus tonos dorados, verdes, rosas… Gracias al trabajo minucioso de seis años los mosaicos relucen como nuevos y vuelven a marcar la dirección a la gruta.

«Cuando logremos el dinero y cerremos las obras, lo único que quedará pendiente de restaurar será esta gruta. Se trata del lugar más sagrado y en este caso serán las tres iglesias las que se encarguen de llevar adelante los trabajos, aunque siempre nos tendrán a su lado en caso de que necesiten ayuda o asesoramiento», apunta Nassar, para quien, como cristiano, es un honor inmenso poder formar parte del proyecto.