Trump sofoca el conato de revuelta de un electorado clave: los evangélicos

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Corresponsal en Nueva York
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«Donald Trump ha devuelto a Dios a la Casa Blanca». Justo un año después de la victoria electoral del actual presidente de EE.UU, lo decía a este periódico Andrea, una señora del condado de Luzerne, en Pensilvania, un estado decisivo. Afirmaciones similares son habituales entre uno de los electorados clave -y más leales a Trump-: los evangélicos, una denominación que acoge a los protestantes conservadores de EE.UU. El 81% de ellos le votó en 2016 y el 77% le sigue apoyando (la mitad de ellos, con fervor). Un polémico editorial publicado esta semana en una revista evangélica, en el que se defendía el «impeachment» a Trump, ha puesto una pequeña sombra de duda sobre ese apoyo y Trump ha buscado sofocar la revuelta de raíz.

La relación entre evangélicos y Trump siempre ha sido paradójica. La rama puritana de misa dominical y seguimiento literal de las Sagradas Escrituras acoge como referente político a un «playboy» neoyorquino, casado en terceras nupcias con una ex modelo, devoto de relaciones extramatrimoniales con actrices porno y cazado por las cámaras diciendo que agarra «por el c.» a la mujer que le place.

La distancia moral de Trump con los evangélicos es evidente. La naturaleza de su relación, sin embargo, es transaccional: los evangélicos necesitan a Trump y Trump necesita a los evangélicos. Las posturas del presidente -libertad religiosa, aborto, matrimonio gay y, sobre todo, la elección de jueces conservadores- beneficia a los evangélicos, que se sienten bajo ataque en una sociedad cada vez más relativista, y el presidente necesita sus votos (Trump ganó las elecciones por la mínima y no puede perder un solo votante).

“En términos teológicos, Trump ha sido capaz de transformar la ética política evangélica de una ética de principios a una ética de consecuencias, donde el fin justifica los medios”; ha asegurado a The Washington Post Robert Jones, autor de «El fin de la América blanca cristiana«.

La revista Christianity Today, fundada por un evangelista célebre, Billy Graham, ya fallecido, publicó este jueves un editorial en el que reclamaba la recusación de Trump dentro del «impeachment» y calificaba a las presiones de Trump a Ucrania como «no solo una violación de la Constitución; más importante, son profundamente inmorales».

La revista tiene un impacto limitado -cuenta con 80.000 suscriptores- y muchos líderes evangélicos cerraron filas con Trump y vilipendiaron el editorial. La reacción del presidente de EE.UU. para un medio de pequeña relevancia fue, sin embargo, furiosa. Aseguró que la revista «preferiría a un ateo de la izquierda radical que os quiere quitar vuestra religión y vuestras armas» y que ningún presidente «ha hecho más por la comunidad evangélica» y que no conseguirán «nada» de los demócratas.

La cólera de Trump tiene que ver con su convicción de que no puede permitirse defecciones en ese electorado. Ya ha tomado medidas para ellos. Su campaña ha anunciado que el 3 de enero anunciará en Miami el lanzamiento de la iniciativa «Evangélicos con Trump».

La pequeña revuelta no cambia el apoyo mayoritario que el presidente tiene de este grupo pero deja una advertencia para el próximo otoño: quizá no es tan monolítico como se pensaba.