Boris no quiere ser Trump

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El primer ministro despliega con seguridad la mayoría absoluta conseguida y estos días traza una visión a largo plazo del país que quiere construir. Ha desbloqueado la Cámara de los Comunes, que ya tramita el acuerdo de salida de la Unión Europea. Piensa quedarse una larga temporada a vivir en Downing Street. Johnson ha entendido que debe navegar tomando como puntos de referencia el populismo y el nacionalismo.

Queda poco en el programa del nuevo gobierno del ideario conservador clásico. Su fortaleza electoral estriba en añadir al voto «tory» a los votantes de clase trabajadora hasta hace poco laboristas. Muchos le han respaldado en los recientes comicios. Ahora el primer ministro ofrece en las regiones olvidadas aumentar la inversión pública, más gasto en educación y sanidad y mejorar la seguridad. Sus lugares favoritos de visita son las granjas, las fábricas, los hospitales y las ciudades poco florecientes y alejadas del gran Londres. A diferencia de Donald Trump, otro emprendedor sin un gran anclaje ideológico, el británico quiere extender la prosperidad del país a todos mediante recetas keynesianas, siempre que los negros nubarrones económicos del Brexit lo permitan.

En la otra orilla del Atlántico, Donald Trump, se ha dedicado a contentar a los mandarines del partido republicano con impuestos más bajos y menos intervencionismo. A los votantes de industrias en declive de Ohio o Pensilvania los enardece con proclamas sobre los pantanos de la corrupción de Washington o la necesidad de frenar a China. Pero detrás del chorro de tuits presidenciales no hay una preocupación real ni mucho menos políticas concretas que beneficien claramente a la base republicana. Por eso, la candidatura de Joe Biden, si triunfa en las primarias demócratas, puede darle un verdadero disgusto. El antiguo vicepresidente de Obama es conocido por la facilidad con la que conecta con los trabajadores.

Boris no quiere ser Trump. Es igual de oportunista, pero su manera de encontrar aceptación es continuar la tradición de servicio público de Eton y Oxford. Sabe que puede hacerlo mejor que el imprevisible neoyorquino y durar en el poder muchos más años.

José M. de AreilzaJosé M. de AreilzaArticulista de OpiniónJosé M. de Areilza