Londres y Bruselas encaran con reproches la negociación sobre sus relaciones futuras

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Corresponsal en Bruselas
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Ya lo habían dicho varios dirigentes europeos, al advertir que las negociaciones con el Reino Unido para fijar las condiciones de su relación futura serán aún más difíciles de lo que han sido las de la separación. En efecto, las cosas empiezan mal para encarar un proceso que aún no ha podido iniciarse y Londres y Bruselas se lanzan ya advertencias y reproches. Boris Johnson ha anunciado que prepara una legislación para evitar que el Reino Unido siga dependiendo de la legislación europea más allá del 31 de diciembre de 2020, pero la presidenta de la Comisión Usula von der Leyen ha advertido que si para entonces no se ha llegado a un acuerdo sobre las relaciones futuras, los británicos perderían más que los europeos.

Von der Leyen había advertido ayer que si las negociaciones no llegan a buen puerto al final del periodo previsto, europeos y británicos tendrán otra vez graves problemas. En un debate ayer en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, la presidenta de la Comisión dijo que «los plazos son muy ajustados. El acuerdo tiene que concluirse en diciembre de 2020 y eso deja muy poco tiempo. Y si no somos capaces de hacerlo estaremos de nuevo al borde del abismo».

Poco probable

Después del triunfo del partido conservador en las elecciones del día 12, la parte europea da por hecho que el nuevo Parlamento británico podrá completar la ratificación del acuerdo de divorcio a tiempo para que la desconexión se produzca en la fecha prevista, es decir, el 31 enero. En tal caso, los servicios comunitarios presentarán el 1 febrero el nuevo mandato con las directrices y las líneas rojas que tiene la UE para iniciar de inmediato las negociaciones con el que entonces ya será un país tercero.

Sin embargo, el tratado de salida prevé que a pesar de que el Reino Unido deje de ser miembro de la UE y haya desaparecido de sus instituciones, la legislación europea seguirá aplicándose en aquel país durante un periodo transitorio que concluye el 31 de diciembre de 2020 para evitar una situación de incertidumbre. El problema es que se considera poco probable que en apenas 11 meses pueda ser posible completar una negociación tan compleja y que entre en vigor sin brusquedades costosas para la economía. Por ello ya se había previsto en el mismo tratado de salida la posibilidad de que el Reino Unido pudiera pedir la extensión de ese periodo transitorio. El plazo para solicitar esa eventual prórroga finaliza el 30 de junio, pero Johnson ha descartado ya esta opción, lo que ha provocado una caída de la libra y ha enfriado la euforia que había levantado su victoria electoral.

Normalmente, a la UE le cuesta varios años completar un acuerdo comercial con un país tercero, en ocasiones se han tardado décadas. En este caso la velocidad de las negociaciones con el Reino Unido dependerá sobre todo del tipo de relación que Boris Johnson tenga en la cabeza, si está pensando en un modelo como el de Noruega, un país que aplica sistemáticamente toda la reglamentación europea, o como el de Canadá que tiene un acuerdo de libre comercio con miles de puntualizaciones específicas.

Ataques de Farage

El todavía eurodiputado nacionalista británico y gran promotor del Brexit, el populista Nigel Farage, quiso atacar a Von der Leyen y a Barnier en el pleno del Parlamento diciendo que hagan lo que hagan «el 31 de enero abandonaremos esta prisión de naciones y volveremos a ser una nación independiente y autogobernada». La presidenta de la Comisión le respondió que «no echaremos de menos a los que vociferan». Barnier le dijo por su parte que no permitía que le dieran lecciones de patriotismo.

Pero la presidenta de la Comisión no ha dejado de advertir que en caso de que se produzca una situación de ruptura sin haber definido las relaciones futuras, el Reino Unido sufriría más que la UE, que se quedará con su mercado único con sus casi quinientos millones de consumidores y los setecientos acuerdos comerciales con otros países del mundo. Johnson cree que para entonces ya dispondrá de una batería de acuerdos con Estados Unidos y sus antiguas colonia que puedan permitirle llevar una política comercial independiente, aunque parta de una dependencia de más del 60% de sus relaciones comerciales con el mercado único.

La UE ya ha advertido en numerosas ocasiones que no permitirá en ningún caso que el Reino Unido pueda tener acceso al mercado único europeo si no acepta el conjunto de sus principios, incluyendo el de la libre circulación de personas. Las negociaciones sobre el futuro del sector financiero y la posibilidad de que las entidades basadas en Londres puedan seguir operando en euros.