2019, el año en que la pobreza siguió su alza en Sudamérica

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En este año que ahora acaba los niveles de pobreza en Latinoamérica han vuelto a subir, después de que en 2018 se mantuvieran estables respecto al año anterior. La subida sigue la tendencia al alza registrada desde el fin del «boom» del precio de las materias primas en 2014, cuando terminó lo que se conoce como la «década de oro» de la economía regional. Dentro de la región, las cifras negativas afectan más a Sudamérica, sobre todo el peso de las situaciones en Venezuela, Brasil y Argentina.

Entre 2002 y 2014 la pobreza bajó del 45% al 27,8% de la población. En 2015 volvió a subir de nuevo, estabilizándose en 2018, pero experimentando un nuevo aumento este año que termina, en el que habrá alcanzado el 30,8%, según las previsiones de la Cepal, la comisión de la ONU para el desarrollo económico y social latinoamericano. En este contexto de empeoramiento de las condiciones de vida, especialmente en Sudamérica, han tenido lugar las protestas políticas y sociales que han marcado 2019.

En su informe Panorama Social 2019, publicado recientemente, la Cepal calcula que este año la pobreza extrema habrá subido al 11,5% de la población, en un ascenso constante desde que en 2014 marcó un mínimo del 7,8%. Así, este año se habrá alcanzado un total 191 millones de pobres, de los cuales 72 millones corresponden a

personas en extrema pobreza; es decir, que este año cerrará con 27 millones más de pobres que en 2014, casi todos ellos en condiciones de pobreza extrema.

Sectores vulnerables

En esta evolución afectan especialmente las pronunciadas cifras negativas de Brasil, Venezuela y Argentina. De hecho, si se dejan al margen estos tres países, cabe hablar de un desarrollo ligeramente positivo (especialmente en Centroamérica), por lo que las protestas políticas vividas en la región, que no se han producido precisamente en esos mencionados países, tienen más que ver con otro dato que la Cepal destaca especialmente: el aumento de lo que llama sectores «bajos no pobres», es decir, aquellos que han salido de la pobreza pero aún no pueden considerarse clase media y corren el riesgo de recaer económicamente, y que con 157 millones de personas (cifra de 2017, la última disponible) superan el número que existían hace quince años, antes del «boom» económico.

Aquella «década de oro» terminada hace un lustro supuso ciertamente un importante aumento de la clase media latinoamericana, pero la Cepal llama la atención sobre otra cifra: sumados los sectores pobres, los bajos no pobres y los medio-bajos, se alcanza el 76,8% de la población.

Demandas sociales

Si bien es cierto que el tiempo de vacas gordas permitió un importante progreso social, este no fue suficientemente duradero ni estuvo convenientemente aprovechado por muchos gobiernos en cuestión de reformas estructurales para impedir que con la llegada de las vacas flacas hubiera retrocesos.

«No solamente diversos avances en materia social se han desacelerado o estancado en un contexto económico poco dinámico, sino que también se vislumbran importantes señales de retroceso», constata el informe de la Cepal. «Después de un quinquenio de lento crecimiento, las carencias estructurales de la región se han vuelto más patentes y su solución es parte de las demandas de amplios grupos sociales, en particular de las nuevas generaciones»

«Además, se asiste a un período de cambios geopolíticos globales, gran descontento social y creciente polarización, acompañados en muchos casos de un proceso de deslegitimación de la política y un creciente rechazo da formas tradicionales de organización y expresión de intereses. Estos factores precipitan en algunos casos cambios políticos de envergadura y el cuestionamiento de consensos forjados en las últimas décadas».

Desigualdad

Por lo que se refiere a la desigualdad, entre 2002 y 2014 la desigualdad de ingresos disminuyó de forma significativa en Latinoamérica y a partir de 2015 esa tendencia se ralentizó. Entre 2002 y 2014 la variación promedio anual fue del 1%, mientras que la registrada entre 2014 y 2018 fue del 0,6% anual. Los países que en 2018 tenían menos desigualdad eran Argentina, El Salvador y Uruguay; los más desiguales eran Brasil y Colombia. Entre 2014 y 2018, las mayores disminuciones en desigualdad –reducciones acumuladas de un 7% o más– fueron Bolivia, El Salvador y Paraguay.

El hecho de que algunos de esos países con un comportamiento más negativo en materia de igualdad de ingresos no hayan registrado protestas sociales (las ha habido en Colombia, pero no en Brasil) y sí las hayan experimentado otros países con un mejor desempeño en este campo (Bolivia) o que están en la mitad de la tabla (Chile) demuestra que no hay una correlación directa entre desigualdad y el descontento que ha cobrado formas violentas en varios lugares de la región, como tampoco la hay propiamente con la situación de pobreza sin más.

Como la propia comisión de las Naciones Unidas sugiere, la cuestión crítica tiene más que ver con las expectativas de un sector de la población que, gracias a las mejoras de la «década de oro», pudo salir de la pobreza o afianzó su posición en los estratos medios-bajos, pero que con el empeoramiento de la situación vive con angustia su vulnerabilidad.