EE.UU., un país dividido ante el tercer «impeachment» de su historia

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Nueva York
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Un celebrado «sketch» del programa de humor «Saturday Night Life» del pasado fin de semana mostraba con acidez la brecha que divide a EE.UU. En él aparecían tres familias estadounidenses en sus cenas navideñas tras la votación del «impeachment» al presidente del país que se materializará hoy en la Cámara de Representantes. «¿Cómo va a votar alguien a Donald Trump después de esto?», dice alguien de la familia progresista californiana. «¿Como no va a votar alguien a Donald Trump después de esto?», dice la familia del Medio Oeste. El contrapunto es la familia negra, que apunta con cinismo a lo que para algunos es inevitable: habrá «impeachment» y reelección de Trump.

El «sketch» acierta en un diagnóstico de un país que se asomará hoy con una división irreconciliable a un día histórico: la aprobación del tercer «impeachment» de un presidente, después de los de Andrew Johnson en 1868 y de Bill Clinton en 1968. La brecha la respaldan las encuestas y la guerra partidista en las horas previas a la votación de hoy, en la que, a falta de sorpresa mayúscula, los demócratas harán buena su mayoría en la cámara baja y mandarán a Trump a juicio en el Senado, en un proceso que se espera que arranque en los primeros compases de 2020.

En la víspera, una nueva encuesta mostraba la fuerte división en la percepción de los estadounidenses sobre el «impeachment». Un 49% de quienes respondieron al último sondeo de «The Washington Post» y la cadena ABC se mostraban a favor del juicio político y de la recusación de Trump. Un 47% se opone a que se celebre y creen que el presidente es inocente.

Son números similares a los de la mayoría de los sondeos desde que se conoció el escándalo de presiones de Trump a Ucrania que está en el centro del proceso. El presidente de EE.UU. buscó que su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, impulsara investigaciones contra un rival político –Joe Biden, ex vicepresidente y favorito en las primarias demócratas para enfrentarse a Trump en su reelección– a cambio de descongelar ayuda militar y permitir una visita a la Casa Blanca.

El conocimiento de los hechos, las sesiones interminables en la cámara baja durante la investigación del «impeachment», el desfile de testigos y el atracón mediático no han cambiado la postura tozuda de los estadounidenses: la mitad lo apoya, la otra lo rechaza. Es improbable que la votación de hoy o el juicio del Senado cambien eso.

Mientras, la clase política seguía ayer la batalla previa a la votación. En una sesión de la Cámara de Representantes, los legisladores discutieron largamente sobre las normas y procedimientos que regirán la votación de hoy, con los republicanos exigiendo el tiempo máximo para debatir –y vilipendiar– la decisión demócrata de llevar a Trump a juicio: se espera que la de hoy sea una jornada de muchas horas en la Cámara Baja y que la votación no se produzca hasta la noche.

El principal protagonista, Trump, quiso que su voz se escuchara en la víspera de la votación. Envío una carta de seis páginas a la presidenta de la Cámara Baja, la demócrata Nancy Pelosi, en la que le acusaba de participar de una «cruzada partidista». Es una misiva furiosa, amenazante, en la que advierte de que «la historia te juzgará con dureza» por llevar a cabo un «intento de golpe de Estado» que tendrá consecuencias en las urnas el año que viene en su reelección.

«Dentro de cien años, cuando la gente devuelva la mirada a este asunto, quiero que lo entiendan y aprendan de él, para que no le vuelva a ocurrir a ningún presidente», asegura en un final dramático.