Las cuatro razones por las que Boris Johnson ha arrasado en las elecciones del Reino Unido

0
137


Corresponsal en Londres
Actualizado:

Guardar

La victoria de Boris era cantada y también se daba por sentado que lograría la mayoría absoluta. Lo que no se veía tan claro es la magnitud de su victoria, que al final ha sido de 364 escaños frente a los 203 de los laboristas. Los tories gozarán de una cómoda mayoría absoluta de 38 diputados. Hay que retrotraerse a los días de gloria de Margaret Thatcher en los ochenta para encontrar una proeza electoral similar.

La otra cara de la moneda es Corbyn, que ha logrado lo que parecía imposible: perder 59 escaños y empeorar los descalabros de Michael Foot y Kninock contra Thatcher en los ochenta.

Estas son las cuatro razones por las que Johnson ha arrasado:

Brexit, un país saturado del debate. En mayo de 2016 los británicos eligieron salir de la UE tras cuarenta años dentro del club. Los brexiteros, capitaneados por Boris Johnson en aquella campaña, se impusieron por 51,8% frente a 48,1%. Un resultado ajustado que partió al país en dos, pero que fue la libre voluntad del pueblo. Pero en lugar de honrar aquel mandato, la salida se atrancó en medio de juegos parlamentarios que han durado tres años y medio. En un país con problemas domésticos muy apremiantes -crisis de seguridad en las calles, una sanidad con largas listas de espera y que ha empeorado, unos servicios mucho peores que en España en cuestiones de la vida práctica como el ferrocarril o la banda ancha…-, todo quedó opacado por el agotador debate del Brexit. Esta vez al público se le ofrecía salir ya y zanjar el asunto (Johnson) o un nuevo referéndum sin explicar muy bien para qué (Corbyn). Los votantes han elegido pasar página. El laborismo tenía además una contradicción interna irresoluble: en teoría es un partido europeísta, pero su líder era manifiestamente eroescéptico.

Corbyn, un candidato de otro planeta frente a Mr. Carisma. El tema personal ha influido mucho. Uno de lo políticos más populares de la historia reciente del Reino Unido, el único con estatus de estrella de rock y al que el público llama por su nombre de pila, se medía con un veterano apparatchik laborista de 70 años, aspecto fatigado y antidiluviano ideario marxista. Esta misma madrugada algunos diputados laboristas que han perdido su escaño han tachado a Corbyn de «candidato tóxico». Representaba un izquierdismo muy de la camarilla progresista del Norte de Londres que no conecta en las ciudades deprimidas de la post-revolución industrial, de larga tradición obrera y singular. Lo veían poco patriota: «No le gustan las Fuerzas Armadas, no sabe ni cuándo es el discurso de Navidad de la Reina. Está en otro mundo». Boris era visto como un tipo cercano, el tipo de persona «a la que invitarías a tu pub». Eso no apetecía con Corbyn, de entrada, porque es abstemio, casi una excentricidad en este país.

El más loco programa económico. El Reino Unido lleva más de tres décadas siguiendo en realidad el patrón político liberal, de mercado abierto y pro empresas, que inició Margaret Thatcher con su revolución de los ochenta. Tony Blair, un laborista tan al centro que casi podía no serlo, mantuvo intacto el modelo de la “Dama de Hierro” y más tarde continuó con los gobiernos tories de Cameron y May. La propuesta de Corbyn dinamitaba por completo ese consenso. Proponía un experimento socialista extremoso, jamás planteado en el Reino Unido desde los lejanos días de la posguerra. Más impuestos, toma del 10% del accionariado de las empresas, nacionalización de la electricidad, el gas, la luz y la banda ancha, banco nacional, disparar el gasto publico en 80.000 millones de libras más cada año… Boris Johnson lo llamó a la alternativa de su rival «la coalición de la catástrofe económica». Algún politólogo con fino colmillo definió el program electoral de Corbyn como «la carta de suicidio más larga de la historia». Y así fue.

La desunión se paga. Al igual que ha sucedido en España con la derecha partida en tres, la desunión en política se paga. La única alternativa ideológica que cabía contraponer a la oferta de Johnson, una razonada alternativa europeísta, no existió y además estuvo partida entre los laboristas y los liberal-demócratas, que la plantearon de una manera demasiado extrema, que incluso le ha costado su escaño a su joven nueva líder Jo Swinson. De un lado había una oferta única con un líder popular y llamativo, Boris Johnson. Enfrente, un batiburrillo como alternativa: el socialismo de vieja escuela de Corbyn, los liberales, y los nacionalistas escoceses con la cantinela de un nuevo referéndum de independencia. Los británicos se fueron con los tories.