Robert Goodwin: «Los ingleses se sienten en casa con Boris, o al menos, en el pub de al lado»

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Enviado especial a Londres
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El doctor Robert Goodwin es uno de los nuevos hispanistas más reputados, autor de obras como «España, centro del mundo», o «América, la épica historia de España en Norte América (1493-1898)». Pero el historiador londinense es también un perspicaz e irónico observador de la política de su país. En un pub de Baker Street, no lejos de la casa de ficción de Sherlock Holmes, disecciona los comicios con humor, espoleado por una pinta.

Se da por hecho que Johnson logrará una mayoría absoluta, tal vez de unos 40 escaños. Usted lo duda, ¿por qué?

Tengo muchas dudas, sí. Lo pongo todavía fifty-fifty, fundamentalmente por los escaños marginales donde se ganarán o perderán las elecciones. En parte en lo que se llama el Muro Rojo del Norte, escaños tradicionalmente laboristas que los conservadores pretenden arrebatarles en esta vez, cosa que me cuesta trabajo creer, porque son circunscripciones donde vive la gente más roja de la Gran Bretaña. Que voten ahora al partido de Margaret Thatcher me parece poco factible. En la atmósfera política que esos laboristas de toda la vida van a votar tory. Yo no lo veo.

¿Qué importancia ha tenido el Brexit en la campaña? ¿Sigue siendo el quid?

El Brexit sigue siendo lo dominante. Pero influirán otros muchos temas, como la sanidad pública y las promesas desorbitadas de los dos partidos, esperadas en el Partido Laborista, pero totalmente impensables en el Partido Conservador hasta hace casi nada.

De Boris se dice que es un mentiroso serial y un político incapaz de ocuparse de los detalles. Sin embargo a los británicos les gusta. ¿Qué ven en él?

Tiene ese perfil del medio payaso que interpreta un papel de caricatura del alto burgués con pretensiones de aristócrata. Es un estereotipo muy inglés. Un conocido del público. Una forma de ser bastante familiar, afable, incluso de moda. La gente se siente en casa con Boris. O al menos, en el pub de al lado de casa.

Corbyn parece el caso opuesto. De entrada es abstemio, casi una excentricidad en este país…

Como sabemos, Corbyn tiene un gato vegetariano y mexicano, o algo así [se ríe]. Es decir, es un personaje. La gran ventaja que tiene frente a Johnson es que Corbyn es una persona evidentemente honesta con sus principios. Ahora bien, sus principios son bastante complicados para el electorado británico, o para cualquier electorado. Pero al menos es fiel a lo suyo. Nos podemos cachondear de él por muchos motivos, pero también hay cierto cariño.

Se dice que ha sido «la campaña de las mentiras». ¿Se ha mentido más que otras veces?

Tenía mucha expectación por esta campaña. Esperaba que fuese una de las más interesantes. Boris, Corbyn y Farage son tres de los políticos más hábiles. Me esperaba un culebrón muy gordo y atractivo. Pero no ha sido así. Farage se ha rajado, al menos hasta cierto punto. El Partido Conservador ha mantenido a Boris casi fuera de cámara y Corbyn nunca ha llegado a tener su Momentum [hace un juego de palabras con la plataforma radical que apoya al líder laborista]. Muy decepcionante.

¿Cómo está el país económicamente? ¿Se nota el Brexit o la vida sigue?

Bueno, el mercado inmobiliario en Londres está paralizado. Y teniendo los tipos de interés más bajos de la historia eso es extraordinario. Pero la verdad es que aún no ha habido Brexit, así que no se ha notado tanto. Eso sí, antes ibas paseando por el centro de Londres y si pasabas por una obra gorda no te enterabas de las palabrotas, porque eran todos trabajadores de los países del Este. Ahora ya te enteras de las barbaridades que sueltan, porque hay más británicos.

¿Qué pasará con el Brexit si Boris Johnson finalmente logra alcanzar la mayoría absoluta?

Saldremos el 31 de enero, o habrá una pequeña extensión mientras llegan a otro acuerdo y luego, a fin de año, habrá otro momento de debate de Brexit duro y blando. La UE presionará en las negociaciones, los conservadores volverán con sus líos internos atosigando sus radicales a Johnson… Habrá otra gran movida en el Parlamento, pero desgraciadamente con nuestro amigo el speaker John Bercow ya dimitido. El árbitro ya no será el protagonista del follón, pero el lío será igual de caótico.