El socialista «honesto» amigo de Hamas y el Sinn Féin

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Enviado especial a Londres
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Los padres de Jeremy Bernard Corbyn, un ingeniero electrónico y una profesora de matemáticas, se conocieron en Londres, en un acto izquierdista de apoyo a la República española. Es un inicio premonitorio de la trayectoria de su hijo, que viviendo en la campiña inglesa más idílica y pro tory se afilió en la escuela a las juventudes laboristas y nunca ha cambiado sus ideas marxistas.

Las bases laboristas adoran a Corbyn, de 70 años, al que ven como una persona «honesta», siempre leal a su credo socialista. Muchos jóvenes concuerdan y en 2017 dio la sorpresa al ser coreado por el público cuando salió al escenario del mayor festival de rock del Reino Unido, Glastonbury. Pero muchas voces de su partido creen que carece de madera de estadista y de entraña patriótica. Lo ven como un radical, un candidato imposible, incapaz de ganar unas elecciones. En 2016, sus diputados se revolvieron contra él y lo desafiaron con una moción de confianza. Lo barrieron: 172-40. Pero se sometió a otras primarias y volvió a ganarlas ampliando su ventaja. Los afiliados, más radicales que los votantes, son su soporte.

Corbyn es muy educado, tranquilo y hace gala de cierto humor sutil y muy inglés. También es perezoso e intelectualmente desinteresado. Educado en un colegio privado, suspendió los exámenes que abren la puerta a la universidad y luego dejó también una politécnica. Se fue a Londres y se hizo hombre-pancarta, activista de todas las causas de la ultraizquierda. Luego concejal con 25 años y después diputado por Islington North, en Londres, de lo que vive desde hace 36 años. Situado en el ala más izquierdista de la formación, en la etapa de Blair votó 500 veces contra él.

Controvertido por sus coqueteos con extremistas, Corbyn invitó en 1984 a los Comunes a expresos del IRA solo tres semanas después del atentado de la banda terrorista contra Thatcher en Brighton. También simpatiza con Hamas y Hezbolá. Como Iglesias, cobró como tertuliano de la tele iraní y su partido ha tenido que pedir disculpas por no haber sabido atajar el antisemitismo que anida en su seno.

Mujeriego, abstemio, pacifista, ciclista y euroescéptico, va por su tercera mujer. La segunda era chilena y tuvieron tres hijos. Lo dejó porque no le permitía contratar una empleada de hogar ni enviar a los niños a un colegio privado. La actual, la mexicana Laura Álvarez, es una abogada mexicana 20 años más joven.