El ejemplo de Austria para evitar un Gobierno en funciones «eterno» como el de Pedro Sánchez

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Corresponsal en Berlín – Madrid
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La anterior coalición de gobierno de Austria, que el conservador Sebastian Kurz había formado con el populista FPÖ, fracasó en mayo pasado a causa de un escándalo de corrupción en las filas ultranacionalistas. «Ibiza» ha sido declarada en el país centroeuropeo «palabra 2019», porque fue en un chalet de la isla española donde se grabó un vídeo con cámara oculta en el que Christian Strache, líder del FPÖ y que después sería vicecanciller, prometía favores estatales a la falsa sobrina de un oligarca ruso a cambio de financiación para su partido. Una moción de censura terminó con aquel gobierno el 27 de mayo y el día siguiente ya había sido nombrado un gobierno provisional, puesto que la Constitución austriaca establece que debe garantizarse la continuidad de las instituciones y que estas no deben quedar desiertas.

Al contrario de lo que sucedió en España en 2018, ese gobierno no lo formaron las fuerzas políticas que derrotaron al canciller, sino que fue designado por el presidente de Austria, Alexander van der Bellen, entre un grupo de expertos cuyos nombres presentó brevemente a todos los partidos políticos, que no tuvieron nada que objetar. A la cabeza de este «gobierno técnico» figura la expresidenta del Tribunal Constitucional de Austria Brigitte Bierlein, que a su vez nombró el 7 de junio como portavoz a Alexander Winterstein, ex director general y con oficina en el European Studies Council.

Este gobierno en funciones carece de competencias legislativas o presupuestarias, tampoco puede hacer nombramientos ni modificar normas. El expresidente del Tribunal Administrativo y profesor de universidad Clemens Jabloner ocupa la vicecancillería, además de las carteras de Defensa, Reformas y Justicia. El autor especializado en asuntos económicos Eduard Müller las de Finanzas, Servicios Públicos y Deporte. Al jurista Alexander Schallenberg le fue encargada la custodia de los Ministerios para Europa, Exteriores, Integración y Cultura. Una funcionaria de carrera, Brigitte Zarfl, es la minsitra de Trabajo, Asuntos Sociales, Salud y Consumo, y la científica Iris Eliisa Rauskala guarda las carteras de Educación, Ciencia e Investigación.

La misión de todos ellos es preservar el funcionamiento del país, sin cambiar absolutamente nada hasta que otro gobierno legítimo ocupe esos cargos. De hecho, han pasado ya casi dos meses y medio desde que Sebastian Kurz ganó las nuevas elecciones a finales de septiembre y ese equipo técnico sigue llevando las riendas de Austria, mientras el vencedor de los comicios sigue negociando los apoyos para lograr formar el nuevo Ejecutivo.

En el caso de España, Pedro Sánchez lleva ya 228 días como presidente del Gobierno provisional en funciones, aprobando decretos leyes y medidas de todo tipo. Durante las dos campañas electorales que ha vivido en La Moncloa, la oposición lo ha criticado duramente por el emplear las ruedas del Consejo de Ministros para tomar decisiones con resabios electoralistas.

En este sentido, la Junta Electoral Central (JEC) estimó parcialmente el pasado octubre la denuncia de Ciudadanos contra la portavoz del Gobierno en funciones, Isabel Celaá, por su uso partidista de las instituciones. El órgano que regula los procesos electorales en España se vio obligado a advertir a la ministra portavoz de que el hecho de estar en una rueda de prensa no le exime de su obligación de regirse por la máxima neutralidad.

No obstante, en Austria la jefa de Gobierno en funciones, Brigitte Bierlein, comienza a impacientarse. Este miércoles se quejaba, en una entrevista con «Der Standard», de que «no es posible demorar interminablemente las conversaciones de formación de gobierno» que Kurz está llevando a cabo con el partido Los Verdes.

Bierlein reconoce que «hubo una gran turbulencia en mayo, pero hemos de avanzar. Ahora la población está feliz por el hecho de que la paz y la serenidad hayan regresado, que la actividad oficial continúe, que Austria siga siendo bien administrada, es decir, que la vida continúe de una manera básicamente normal. Ese ha sido, creo, el objetivo de nuestro gobierno en funciones. Pero esa no es una condición ideal».

«La población se volverá inquieta después de algún tiempo si no hay gobierno y no se abordan las reformas necesarias», advierte Bierlein, «el sentido de mi comprensión del cargo y también de lo que hemos acordado con el presidente federal, no tomamos tales decisiones. No queremos dejar deuda a un gobierno posterior. Esto lo ha hecho en parte el parlamento, en el llamado juego libre de fuerzas, pero nosotros, como gobierno, no tenemos mandato sino solo un presupuesto temporal. Por eso es importante que próximo gobierno empiece a funcionar y que el país sepa cuánto antes que quiere hacer primero dentro del programa del gobierno».

Presión para Kurz

Bierlein ha asegurado que «ciertamente seguiremos disponibles hasta la última hora necesaria, pero esperamos movimientos en el futuro cercano. Creo que si llega Navidad o enero no es tan importante. Pero si el proceso continúa por más tiempo, ya no disfrutaríamos de la comprensión de la población para continuar en el cargo. Hasta ahora, no hemos ocupado altos cargos, trabajamos sin embajadores, sin líderes de sección, sin leyes iniciadas, con pocas excepciones. Si esto va a llevar más tiempo, nosotros, como gobierno en funciones, tendríamos que reflexionar y cambiar nuestro concepto del trabajo, en consulta con el presidente federal».

Estas palabras supondrán sin duda severa presión sobre Sebastian Kurz. Verdes y ÖVP suman una mayoría suficiente de 97 de los 183 diputados en el Parlamento de la república alpina. Debido a las grandes diferencias en sus programas y objetivos, existen enormes obstáculos que superar para formar una coalición de gobierno y desde el principio advirtieron que sería «un proceso sumamente esforzado», pero el tiempo apremia y Bierlein requiere plazos concretos, de los que hasta ahora nadie ha hablado. «No. No sé más que ustedes», ha reconocido, «creo que ni siquiera ellos saben si es posible un acuerdo antes de Navidad».