Un funcionario de Hong Kong denuncia torturas de China: «Perdí mi voluntad de luchar por sobrevivir»

0
88


Enviado especial a Hong Kong
Actualizado:

Guardar

Fue una de las víctimas de las protestas de Hong Kong, pero no resultó herido en un enfrentamiento con la Policía ni detenido por los antidisturbios. A Simon Cheng, funcionario del consulado británico en esta ciudad, lo arrestaron en agosto los policías chinos del paso fronterizo en la estación de Kowloon, dentro de Hong Kong, cuando volvía de un viaje de trabajo en la vecina ciudad de Shenzhen. Acusado de «solicitar prostitución», fue confinado bajo «detención administrativa» durante 15 días. Dos semanas en las que «desapareció» por completo porque no pudo llamar a su familia ni a un abogado. Aparte de la versión dada por la Prensa oficial china, no se sabía qué le había pasado porque prefirió guardar silencio tras ser liberado. Hasta ahora.

En un detallado y espeluznante relato en Facebook titulado «Para las actas: un enemigo del Estado», Cheng, de 27 años, cuenta todo lo que pasó en esos 15 días y denuncia las torturas y vejaciones que sufrió a manos de la Policía china. «Perdí mi voluntad de luchar por sobrevivir», reconoce los pensamientos suicidas que se le pasaron por la cabeza en los severos interrogatorios a los que fue sometido.

Cheng, que reconoce que se dio «un masaje para relajarse» (tapadera habitual de la prostitución en China), también admite que se reunió con «los padres de un manifestante del continente para traerle dinero». Pero enseguida descubrió que sus interrogadores querían saber «el papel del Reino Unido en los disturbios» y si era un espía a las órdenes del servicio secreto británico, como sospechaban.

Internado en dos centros de detención y en un lugar secreto donde fue interrogado, sufrió tantos malos tratos físicos y psicológicos que llegó a gritarle a sus guardianes: «Confesaré lo que queráis, la tortura no es necesaria». Amenazándolo con tenerlo retenido hasta dos años, accedieron a la información -alguna sensible- que guardaba en su móvil y le obligaron a grabar una confesión sobre su delito de prostitución.

«Fui colgado en aspas con esposas y grilletes en los brazos y las piernas. Me obligaron a mantener las manos arriba para que la sangre no me llegara a los brazos. Fue extremadamente doloroso», recuerda Cheng. Siempre según su versión, «me golpeaban cada vez que fallaba con porras afiladas, pinchándome en las partes vulnerables del cuerpo. Me vendaron los ojos y me pusieron una capucha durante todas las torturas y los interrogatorios. Sudé un montón y me sentí exhausto, mareado y asfixiado».

Junto a los abusos físicos, asegura haber sufrido otros psicológicos como la privación del sueño. «A veces me obligaban a quedarme quieto durante horas y horas, esposado, con los ojos vendados y encapuchado. No me dejaban moverme ni dormirme y, si lo hacía, me castigaban obligándome a cantar el himno nacional chino para despertarme», desgrana con todo detalle.

Además, asegura que sus captores le dijeron que habían detenido a numerosos chinos del continente que habían participado en las protestas de Hong Kong, que empezaron contra la polémica ley de extradición pero pronto pasaron a reclamar democracia. Un sistema político contra el que le aleccionaron los agentes porque, según le dijeron, no funacionaría en China.

Tras grabar en vídeo su confesión y dar cierta información, Cheng fue liberado el 24 de agosto bajo amenazas y con la promesa de guardar silencio, que ha roto ahora para desvelar «las fallas de los procesos judiciales en China». Sin recuperarse totalmente del trauma, ha tenido que dejar su trabajo en el consulado británico y ha pedido emigrar al Reino Unido. Pero jura que nunca renunciará «a la lucha por los derechos humanos, la paz, la libertad y la democracia».