Sicilia, la Italia vaciada

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Enviados especiales a Sicilia
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En Marsala cada uno está en su casa y Garibaldi en la de todos. La memoria al padre de la patria italiana reposa en cada esquina de esta ciudad portuaria al oeste de Sicilia: en placas de ‘Garibaldi durmió aquí’, en ‘trattorias’ de exquisito cuscús con pescado, y hasta en la puerta más famosa de la ciudad, que honra el desembarco en 1860 de la Expedición de los Mil, que con ajados fusiles y escasos cañones derrotaron a las guardias borbónicas del Reino de las Dos Sicilias para luego unificar Italia. En tiempos de Garibaldi, la isla más grande del Mediterráneo (25.700 kilómetros cuadrados, siete veces Mallorca) contaba con 2,4 millones de habitantes. Ciento sesenta años después, Sicilia ronda los cinco millones pero en clara regresión, como las provincias de la España vaciada: perderá un millón de habitantes para 2030.

A la cola en PIB per cápita de Italia junto a la vecina Calabria, la demografía siciliana emula la forma de la ‘ciambella’, uno de sus pasteles más típicos: un roscón de grueso contorno con un agujero central. Al igual que la ‘ciambella’, el agujero poblacional de Sicilia es más evidente en el centro, en los núcleos más pequeños del interior. «En muchos de ellos es imposible retirar dinero de un cajero automático. Las infraestructuras no llegan y las poblaciones se vacían aún más», describe a este periódico el investigador de la Universidad de Trento Fabrizio Costantino, originario de Sicilia.

La despoblación agudiza un problema ya endémico. A pesar de recibir en las últimas décadas miles de millones de euros procedentes de fondos comunitarios para revitalizar la región, ésta sigue enmarcada entre las más pobres de Europa con un PIB per cápita del 60% del promedio europeo (unos 17.000 euros, frente a, por ejemplo, los 28.000 de España). Como parte del plan de desarrollo de infraestructuras para las regiones ‘objetivo convergencia’, en el período 2014-2020, la Unión Europea cofinancia alrededor de 3.400 millones de euros en proyectos de desarrollo regional en la isla, particularmente en el transporte. Sin embargo, el Gobierno siciliano no supo aprovechar estas ayudas y prácticamente las desperdició. Un dato: en dos años (de enero de 2016 a enero de 2018) solo utilizó seis millones de euros. «La Oficina Europea de Lucha contra el Fraude ha detectado multitud de irregularidades en la gestión de los fondos en Sicilia, que ha tenido que devolver 380 millones de euros a Bruselas. En el periodo anterior al 31 de diciembre de 2006 la Comisión Europea estimó que solo se ejecutó alrededor del 50% del presupuesto; y esta tendencia parece no cambiar», agrega el investigador de la Universidad de Trento.

El mapa de inversiones en Sicilia muestra cómo el grueso de los fondos europeos va a parar a las poblaciones costeras del oeste de la isla. «Como el objetivo es mejorar la calidad de vida de los sicilianos es lógico que a mayor población, mayor sea la cantidad de inversión en esas zonas», explican en el departamento de coordinación de las políticas de transporte de la región. Mientras tanto, el centro de la isla aparece como un páramo. En los últimos 70 años, algunas aldeas sicilianas han perdido hasta el 86% de su población.

Una calle de Roccamena, amenazado por la despoblación
Una calle de Roccamena, amenazado por la despoblación – Virginia Carrasco

La marcha de los jóvenes

Cada vez menos poblado y siempre más anciano, el sur italiano se vacía sin aparente remedio. «La culpa es primero nuestra porque somos unos cretinos, y después de los que han gobernado, porque no se han molestado en cuidar el sur de Italia como sí se hizo al inicio de la República», dice bastante desesperanzado Enzo, que apura un vino en uno de los tres bares abiertos de Roccamena (1.600 habitantes), un pueblecito vecino de Corleone, mítica cuna de la Cosa Nostra. En víspera del 1 de noviembre, frente a los desiertos callejones donde los ancianos curiosos se ocultan tras las cortinillas de sus casas, casi todo el tránsito del pueblo se concentra en torno a la floristería de la plaza. En Roccamena, los tablones no anuncian pequeños trabajos ni habitaciones para alquilar sino las esquelas de los vecinos que se van muriendo.

«Aquí lo único que hay es agricultura y el pastoreo; con el tiempo el pueblo desaparecerá»

Enzo, que ronda los 50 años, toma el aperitivo junto a Tomasso, alcalde hasta las últimas elecciones del pasado 26 de mayo. «Estamos mucho peor que hace 20 años, entonces teníamos casi el doble de población. Desde los ayuntamientos, lo que podemos hacer es muy poco, se debe hacer más desde la región. Lo principal es la falta de trabajo y que no hay viabilidad para el transporte. Aquí vivimos de la agricultura y los jóvenes ya no trabajan la tierra, se van. Solo nos queda Antonino (le señala nada más entrar en el bar), pero por poco tiempo, porque se ha enamorado de una muchacha del norte. Este año ya se han ido quince como él», relata el exregidor.

Bordeando en coche el Bosque de la Ficuzza, en el centro de Sicilia, tras minutos en un continuo zigzag entre piedras, agujeros y depresiones, se llega por fin a Campofelice di Fitalia (514 vecinos), el municipio más aislado de Sicilia. Cabe armarse de toneladas de paciencia: para trayectos de 60 kilómetros se necesita más de hora y media y, por supuesto, no ha llegado ni llegará el tren. En Campofelice no hay escuelas secundarias ni servicio de autobús para el transporte de alumnos a Corleone y Palermo.

Dos ancianos sentados junto a una casa en Campofelice di Fitalia
Dos ancianos sentados junto a una casa en Campofelice di Fitalia – Virginia Carrasco

El repique de campanas anuncia la misa de la tarde. «Estuve trabajando muchos años en Alemania y he podido volver», comenta un anciano que pasa de los ochenta, sentado junto a otro de sus vecinos a la entrada de su casa. El alcalde, Pietro Aldegheri, se une a la conversación. «Aquí lo único que hay es agricultura y el pastoreo. Con el tiempo este pueblo seguramente desaparecerá. Ahora solo quedan ancianos, jóvenes hay muy pocos. En los últimos años se han ido veinte. La UE da ayudas pero los que se quedan aquí no promueven proyectos agrícolas», explica el alcalde.

La dependencia de la mafia

A menor actividad económica, mayor dependencia de las redes clientelares de políticos y mafiosos. El veterano reportero Antonio Pizzo, amenazado por la mafia (incluso fue ‘retenido’ durante media hora por cuatro matones) ha descrito durante décadas la evolución urbanística de Sicilia occidental. Pizzo sostiene que la lenta burocracia no perjudica a la mafia, puesto que ésta paga «y al momento obtiene lo que quiere. Son las personas normales las que tienen problemas. La mafia quiere ocupar todo aquello que genere dinero y donde hay posibilidad de meter la mano».

Pese a la gravedad de la crisis, no se esperan grandes protestas. Para Antonino Lo Presti, médico de Marsala, los sicilianos se quejan, pero no se manifiestan. «En España la gente es más combativa. Mi hija me contaba cuando vivía en Málaga que, ante los problemas, la gente iba a la plaza a manifestarse. Aquí, si necesitas algo vas al político amigo tuyo: si la calle está sucia, el siciliano va a su amigo metido en política a pedir que la limpien. Y si tienes un negocio, como un bar, probablemente la mafia irá a molestarte para exigir un impuesto para la protección», describe Lo Presti, frente a un inmueble de la Plaza de la Victoria confiscado por el Ayuntamiento a la mafia y que será rehabilitado con fondos europeos para actividades sociales.

Las carreteras son un infierno. Un recorrido de 12 kilómetros es media hora de coche

Lejos de la decadencia portuaria de Marsala, clave para el transporte del vino siciliano en el último siglo, Trapani -capital administrativa de la provincia- ha experimentado una revolución en torno a su puerto. «Hace 30 años no había nada, a comienzos de los 2000 se levantó todo lo que tenemos ahí y hasta albergamos la Copa América de Vela. Y todo se hizo con fondos europeos», explican desde Europe Direct Trapani.

Desde esta oficina, puente con Bruselas, Sicilia cuenta con «un sistema burocrático muy farragoso y unos responsables que no están formados para saber cómo optar a unos fondos que nos corresponden. Este círculo vicioso está abocando al despoblamiento».

Una de las viviendas que se venden por un euro en Sambuca di Sicilia, declarado uno de los pueblos más bonitos de Italia en 2016
Una de las viviendas que se venden por un euro en Sambuca di Sicilia, declarado uno de los pueblos más bonitos de Italia en 2016

Casas a un euro

A falta de grandes proyectos, en la idílica Sambuca di Sicilia (5.800 habitantes), el pueblo más bonito de Italia en 2016 y con un callejero por donde asomarse a la Edad Media, han decidido atraer el turismo y la inversión mediante su proyecto de casas comunales o abandonadas que se pueden adquirir por el módico precio de 1 euro. «Llegaron hasta 110.000 peticiones para 16 casas que pusimos a la venta y han sido vendidas a estadounidenses, franceses, israelíes…», describe el vicealcalde, Giuseppe Cacioppo, frente a uno de los inmuebles. Este concretamente está vacío desde el terremoto de 1968 y por un euro ha sido vendido a un iraní-estadounidense a condición de que lo restaure con obras de reforma por valor de 50.000 euros. El ayuntamiento espera abrir otra convocatoria en enero. «Van a servir de Airbnb o de casa de verano. Están viniendo parejas jóvenes. Es una fuerza para la comunidad, porque podrá ofrecer trabajo o trabajar por internet desde aquí. El mar y el aeropuerto de Palermo están cerca, se vive y se come bien y tenemos vino biológico que se exporta a todo el mundo».

Como apunta Cacioppo, el vino sustenta a decenas de familias del oeste siciliano. Una de esas empresas, la Bodega Di Giovanna, se encuentra en una zona empinada, a solo 12 kilómetros de Sambuca, pero a media hora en coche. Así están las carreteras, por llamar de alguna forma a estas pistas retorcidas. «Los fondos europeos son cruciales para nosotros, ya que el coste de la agricultura es muy alto», explica la portavoz de la bodega Melissa di Giovanna, quien cambió Nueva York por la pequeña Sambuca para levantar esta bodega junto a su nueva familia siciliana. Pese a que reconoce la gran calidad de vida de la zona, Melissa se queja de que en este pueblo tiene que luchar contra la burocracia a la hora de presentar proyectos como el de una sala de catas para atraer a más amantes del vino: «Los ciudadanos no respetan nada de lo que viene de lo público. Hay mucha corrupción y los fondos europeos no llegan a la gente, en España sí que son capaces de aprovecharlos. Nosotros mismos tenemos que arreglar el sendero para que puedan venir a probar nuestro vino», describe Melisa antes de dejar el viñedo para atender la última visita de turistas. Lo hace al tiempo que, desde lo alto, un operario de la bodega se pelea con la antena para tratar de recuperar la señal de internet perdida días atrás durante una tormenta. Son las cinco de la tarde, anochece en el interior de Sicilia. El vacío sobre el vacío.