Poder & comunicación

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Si un Estado o gobierno o institución pública no es parte de los contenidos mediáticos, entonces no existe.

Regis Debray, en ‘El Estado seductor’ (1995), dice que nunca nadie ha visto al

Estado.  “Ni a simple vista ni en el microscopio, ni en foto, ni desde un avión.  No es una cosa como un territorio o una porción del océano.  Es una cierta relación entre los hombres por la cual el derecho de mandar es independiente de la persona del que manda”.

Para un gobierno (y para funcionarios y/o políticos), hoy, la imagen es la razón de su existir.  El Estado está en la obligación de informar e informarse. 

Un gobierno (cuya manifestación concreta es el funcionario) debe emitir información para hacer conocer sus decisiones, acciones e intenciones.   El riesgo del silencio es altísimo.  Gobierno que no comunica (o lo hace mal) logra la crítica ciudadana con los clisés de “no hace nada” o “es un mal gobierno”. Informar le da validez, vigencia y existencia. 

Desde siempre el gobierno -monarquía, democracia, dictadura, teocracia, empresa- es como un reality show. La monarquía absolutista cuidó minuciosamente las artes de lo imaginario.  El rey elegía sus historiadores, pensionaba académicos, subvencionaba artistas y vigilaba la librería, el teatro y el correo.  Luis XIII o Carlos IX o Enrique II no se hicieron representar por azar o capricho como Apolo o Hércules o Júpiter. 

En un presidente la imagen pasajera de un Estado permanente funciona igual. 

Excepto que los tiempos son más cortos, las imágenes son más reales, la vigencia del medio más efímera y las redes sociales más crueles. El castigo del silencio es inexistencia, obsolescencia e invalidez. 

El problema está en que los mensajes de gobiernos deben competir con las mismas herramientas que utilizan las marcas de leche, sus comentarios de fútbol del domingo y las conversaciones en su timeline de Facebook.

Y el mes pasado, en un auditorio de Georgetown University, Mark Zuckerberg dijo que Facebook -por su tamaño y escala- le ofrece “…a la gente un nuevo poder: la habilidad de compartir sus ideas con las masas”. Y lo llamó el quinto poder. 

¿Usted cree que las redes sociales son el quinto poder? ¿Cree que un gobierno debe invertir en comunicación?