Nelva Ortega: «El cuerpo de José Daniel Ferrer era como un saco de boxeo»

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Nelva Ortega es la esposa de José Daniel Ferrer, expreso de conciencia y miembro del Grupo de los 75 y actual coordinador de la plataforma Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), que fue detenido el 1 de octubre por el régimen cubano para silenciar su activismo, y al que hasta el jueves pasado no había podido ver durante 35 días. Ortega, que confiesa sentirse «hecha pedacitos» después de tantos días esperando noticias de su marido, al que no se le ha permitido un abogado ni sabe de qué se le acusa -«no hemos recibido ningún documento oficial»-, relata a ABC su reencuentro con Ferrer, en la prisión de Aguadores, a la que acudió junto con tres de los hijos menores del disidente, entre ellos, Daniel José, que ese mismo día cumplía 5 meses.

Ya antes de esta visita, Ortega reconoce que estaban «muy preocupados y angustiados» por la situación de Ferrer, especialmente tras la breve carta que el disidente hizo llegar a su esposa – informándole de las torturas que estaba sufriendo y pidiendo auxilio. Sin embargo, las condiciones físicas en las que le encontró el pasado 7 de noviembre «nos hacen temer por su vida. De la dictadura se puede esperar cualquier cosa, pero no nos imaginábamos que estuviera en esa situación. Después de verle no se me va esa imagen de la cabeza», reconoce en conversación telefónica desde Santiago de Cuba.

Nelva se encontró ante ella a un hombre que apenas podía abrazar a su familia, por falta de fuerza muscular, que había perdido la mitad de su peso y con la vista muy mermada. Consecuencias, todas dellas, de una huelga de hambre y de las constantes palizas que ha sufrido durante su detención. «Su cuerpo era como un saco de boxeo, lleno de hematomas en las extremidades, tórax, abdomen… Parece un viejo muy enfermo». Pudo constar su lamentable estado al romperse el propio Ferrer el uniforme que le habían obligado a ponerse -«él dice que es inocente, y no tiene porqué ponérselo»-.

Otra de las barbaridades a las que se ve sometido Ferrer es tener que compartir celda con un recluso que ya ha matado, «según su historial», a varias personas en la cárcel y que ahora sigue las directrices del responsable de las celdas, «el mayor Montoya, que le ha prometido beneficios por cada paliza que le den él u otros presos». Además, asegura, que tiene «un arma blanca». El propio Montoya le habría dicho que «en cuanto se cansara de Ferrer podría matarlo cuando quisiera», señala Nelva, que a lo largo de la conversación no puede evitar romper a llorar en varias ocasiones.

La preocupación por el estado de salud del disidente ha sido denunciada por numerosas ONGs -Amnistía Internacinal, Prisoners Defenders, Freedom House- e instituciones internacionales -Organización de Estados Americanos- que desde hace semanas reclaman su liberación, incluido el Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada, que ha exigido que se le ponga ante un juez y se le informe de qué está imputado.

Nelva señala a los responsables

Según Ortega, que responsabiliza tanto a Raúl Castro como al presidente Díaz-Canel de lo que pueda pasarle a su marido, el régimen quiere condenarlo por un delito común -para el que según testigos estarían fabricando pruebas falsas- «para que la comunidad internacional le dé la espalda». La esposa de Ferrer también ha sufrido las amenazas del régimen, que está dispuesto a encarcelarla hasta tres años por desacato si vuelve a protestar públicamente pidiendo la libertad del disidente. Su hijo de 5 meses podriá ir en ese caso «a un casa de amparo filial, donde hay muchos accidentes», la han advertido.

Sobre cuál es el delito tan grave que ha cometido Ferrer, que ha convertido su encarcelamiento en un asunto «personal» para el régimen y que le puede llevar a la muerte por las represalias que está sufriendo y que «se duplicarán o triplicarán por denunciar estas torturas», afirma que estas son consecuencias de su defensa de los derechos humanos y de querer una Cuba libre para y por los cubanos. Y concluye recordando las últimas palabras que le dijo su marido mientras se lo llevaban el pasado jueves de vuelta a su celda: «Libertad, dignidad o muerte».